Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 17 de julio de 2008
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Ataques personales
Juan Luis Aróstegui
El debate sobre el balance del primer año de mandato del Gobierno local se ha saldado, a modo de sentencia definitiva, con un quejido lastimero de su Presidente, alegando que sufre ataques personales por falta de argumentos. Según la peculiar perspectiva del Alcalde, su ejecutoria es tan perfecta que no permite el menor resquicio para la crítica. En consecuencia, la única opción que les queda a los infortunados grupos de la oposición para poder significarse, ante tan majestuosa y arrolladora actividad política, es arremeter injustamente contra su humilde y nunca bien ponderada persona. No deja de tener su gracia. Aunque comienzan a proliferar en exceso las reacciones dignas de un estudio científico en el ámbito de la psicología. Desde hace ya algún tiempo, el Gobierno de la Ciudad se está prodigando en la técnica del insulto omnímodo. Cada vez que se suscita alguna polémica en relación con la atribulada gestión municipal, los responsables aludidos "se piden" dos páginas del periódico y una rueda de prensa televisada y redifundida para descalificar con la mayor dureza de la que son capaces a los adversarios políticos, profiriendo todo tipo de insultos y mentiras. Están en su perfecto derecho. Nada que objetar. Pero que sean ellos los que por añadidura se lamenten de ataques personales, raya en la paranoia. O en la desvergüenza. No se sabe bien qué es peor. El Presidente debería aceptar que se ha equivocado. Eligiendo las personas. Eligiendo los objetivos. Eligiendo los métodos. El primer año de esta nueva legislatura ha resultado una absoluta calamidad. Las críticas que ha sufrido su Gobierno, justas y justificadas, se han ceñido exclusivamente a los hechos que han ido jalonando una purulenta trayectoria. Podemos hacer un breve resumen. Uno. Autonomía. Incumplimiento del compromiso de reformar el Estatuto de Autonomía actual para adecuarlo a las previsiones de la Transitoria Quinta y acceder al rango de Comunidad Autónoma. Dos. Economía y empleo. A pesar del incesante incremento del desempleo y de la imparable destrucción del tejido productivo, el Gobierno de la Ciudad no ha puesto en marcha ni una sola iniciativa en esta materia. Incumplió todas los compromisos (y eran muchos) que había contraído en la campaña electoral con los comerciantes. Asuntos claves como el desarrollo industrial o los problemas de la construcción ni siquiera han llegado a formar parte de su agenda. Por no hablar de la culposa inhibición ante los constantes abusos cometidos impunemente por las compañías que prestan el servicio de transporte marítimo en el estrecho. Tres. Hacienda Pública. Incumplió, otra vez (y van...), la promesa de revisar el IPSI. La única reforma introducida en el sistema fiscal, la sibilina modificación de la tasa de alcantarillado, ha supuesto un ruborizante incremento de la presión fiscal a las familias más modestas. Al vincular la tasa al consumo de agua, la han multiplicado, de hecho, por tres o cuatro (según los casos) perjudicando ostensiblemente a lo segmentos menos favorecidos de la población. Cuatro. Vivienda. Todas las construcciones de EMVICESA se encuentran paralizadas. Unas por falta de presupuesto. Otras por situaciones conflictivas sin resolver en las que aparecen pagos indebidos u otro tipo de irregularidades. Como colofón quedan las "viviendas sociales" promovidas a través de una empresa privada al módico precio de treinta millones de pesetas por ochenta metros cuadrados en Huerta Téllez. Cinco. Altos cargos. Han batido el record histórico de contrataciones políticas (incluso el que había establecido el GIL). El pago de sueldos políticos, la mayoría injustificados, supera los quinientos millones de pesetas anuales. Seis. Política de personal. Han inundado la administración local de pintorescos puestos de trabajo que siempre han sido cubiertos por personas muy afines al PP. Evidentemente por casualidad. Han hecho famoso al Ayuntamiento de Ceuta, protagonista en los medios de comunicación de ámbito nacional por un sistema de selección de personal en el que los aspirantes disponían de veinticuatro horas (en su casa) para desarrollar un tema. Eso sí, presentando una declaración jurada de que lo habían hecho sin copiar. Tras el espantoso ridículo se retiro el innovador sistema. La tortuosa historia de la famosa RTP, aprobada, notificada, anulada, reeditada y vilipendiada, todo ello a la vez, supone un clarísimo exponente de cómo funciona el Ayuntamiento en materia de recursos humanos: un absurdo galimatías al límite del estallido. Siete. Política social. Ceuta sigue siendo el único territorio que no dispone de una renta mínima de inserción (o instrumento similar). El anuncio de implantación del salario social, resultó ser sólo una trampa para que UDCE votara a favor de los presupuestos. Ocho. Educación. La lucha contra el fracaso escolar durante este curso ha cosechado un rotundo fracaso. El único compromiso público, que fue la creación de una comisión de estudio, sufrió el fatal incumplimiento de rigor. Nueve. Privatizaciones. Urdieron, casi en la clandestinidad, una oscura operación de venta de ACEMSA (la única empresa municipal rentable) con una intención nunca confesada. Cuando se destapó el escándalo, y ante la insoportable presión social que se generó, tuvieron que claudicar. Pero el gasto y la pérdida de credibilidad ya son irrecuperables. Diez. Política de inversiones. Toda la actividad del ejercicio se ha reducido a pergeñar el delirante desiderátum del binomio Soterramiento-Mercado en la Manzana del Revellín. Un infame episodio ya suficientemente conocido y valorado, que ha arrasado con el prestigio de los funcionarios públicos (obligados a elaborar y firmar informes manipulados), y ha puesto de manifiesto las insanas relaciones entre el Gobierno local y determinados grupos empresariales muy ligados al PP. Un fiasco de enormes proporciones. El Presidente de la Ciudad, permanentemente embargado por una sobrenatural ufanía, está perdiendo paulatinamente el apego a la realidad. Aunque a él le cueste creerlo, los argumentos para la crítica crecen y se multiplican por momentos. Nada personal.
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