Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 12 de junio de 2008
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Plumas ajenas
Juan Luis Aróstegui
El Presidente de la Ciudad, gentilmente acompañado por representantes del disuelto PSOE, presentó ante el Congreso de los Diputados una iniciativa legislativa para ampliar al cincuenta por ciento las bonificaciones a las cuotas empresariales de la seguridad social, y hacerlas extensivas a todos los sectores productivos; como viene demandando la sociedad ceutí desde hace más de cuatro años, al figurar en el programa electoral con el que el PSOE ganó las elecciones en dos mil cuatro. Una nueva exhibición de esta prodigiosa ceremonia de la vacuidad en la que vive instalado un Gobierno sin escrúpulos, afanado en sostener su imagen mediante el feroz control que ejerce sobre la opinión pública. Indecencia por antonomasia. Los hechos más intrascendentes, en muchos casos irrisorios, son presentados de manera rutilante como inenarrables proezas de intrépidos y aguerridos gobernantes. Hemos soportado una mayúscula y empalagosa parafernalia mediática, rezumante de tópicos, gestos prefabricados y cínicas sonrisas, programada para llevar al ánimo de la ciudadanía la sensación de que estábamos ante un momento "histórico", cuando en realidad es un hecho que carece por completo de valor; porque un texto idéntico, presentado hace muchos meses por Melilla, ya ha comenzado el trámite parlamentario. La decisión política final será de aplicación a Ceuta y Melilla en los mismos términos, por lo que el documento avalado por Ceuta no es más que una redundancia tan extemporánea como innecesaria, sin más finalidad que la mera propaganda. Lo que sí es interesante analizar, y el Presidente de la Ciudad no ha querido explicar, son las razones por las que ha demorado la presentación de la iniciativa legislativa cuando el acuerdo plenario (unánime) se adoptó hace más de un año (el cambio de portavoz del PSOE después de las elecciones municipales, que adujo en unas declaraciones públicas, sólo se puede considerar como una inocente broma). Resulta ocioso argumentar que el destino de la propuesta depende, exclusivamente, de la voluntad del PSOE. Si este partido tuviera la intención de aprobarla, ¿por qué motivo iba a renunciar a capitalizar el éxito del cumplimiento de su propia promesa electoral, cediendo el protagonismo al PP? Esta premisa, unida a las evidentes reticencias mostradas por el Gobierno de la Nación cada vez que se trataba el asunto, indujeron al Presidente Vivas a dar por perdida la batalla. La moción elevada a pleno, en plena campaña electoral, no era más que un ardid para combatir las críticas que lo acusaban, justamente, de su pasividad ante la crisis económica. Nació conscientemente muerta, porque el Presidente, fiel al espíritu sumiso y pusilánime que lo caracteriza, nunca quiere molestar, importunar o molestar al poder. Según su peculiar código, exigir al Gobierno puede provocar su enfado y la correspondiente reacción. Siempre elige las migajas que desprende la adulación antes que el fruto digno de la lucha reivindicativa. El acuerdo plenario cumplió su cometido electoral y quedó amortizado Pero Melilla estropeó el guión. El Gobierno de aquella ciudad presentó la iniciativa legislativa, e incluso desde la agrupación local del PSOE (no disuelta) comenzaron a surgir voces favorables. Llegó la noticia de que había sido admitida a trámite y cundió el pánico. Si por mano del diablo aquello prosperaba, ¿en que situación quedaba el cobarde gobierno ceutí? Atemorizados ante la posibilidad de hacer un sonoro ridículo quedando como vulgares sanguijuelas, y con la tranquilidad de que el gasto por una hipotética represalia lo había asumido Melilla, organizaron el tingladillo de rigor y se marcharon felices a Madrid a presumir de plumas ajenas. Las bonificaciones a las cuotas de la seguridad social constituyen un elemento importante del régimen económico y fiscal de la Ceuta del futuro. Deben vincularse a las características de la insularidad y no al concepto de crisis (coyuntural por naturaleza) para garantizar su consolidación definitiva. Por ello lo ideal es que se contemplen en el nuevo Estatuto de Comunidad Autónoma (que nunca existirá) o en la Ley del Régimen Económico y Fiscal Especial de Ceuta (que tampoco existirá). Mientras tanto, tendremos que seguir moviéndonos en la indigencia política, mendigando favores cada dos años. Por otro lado, el escenario en que se va a dilucidar el resultado final de la iniciativa legislativa no es el más favorable. Una media de este tipo no se acomoda fácilmente a la política diseñada por el Gobierno para contrarrestar los efectos de una crisis cada vez más ostensible. Pero lo que debe quedar meridianamente claro es que si se llegara a materializar el incremento y la extensión de las bonificaciones, el mérito y la aportación del Gobierno de la Ciudad con su Presidente a la cabeza, habrá sido exactamente cero.
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