Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 19 de junio de 2008
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Manzana interrumpida
Juan Luis Aróstegui
La Manzana logró zafarse del dislate y la grosería. El espacio concebido para dignificar la cultura, maltratada por una sociedad ancestralmente esquiva, no será violado por el tumultuoso trasiego de la entrañable y pintoresca actividad de abastecimiento. El Consejo de Gobierno, pertrechado tras innumerables informes pretendidamente irrefutables e imbuido de presuntuosa infalibilidad en la administración del interés general, se afanó en convencer a la ciudadanía de que el esplendor urbanístico, económico y social de Ceuta estaba supeditado a la ubicación del Mercado Central en la Manzana del Rebellín. Adjudicaron formalmente un contrato de alquiler con opción de compra de los semisótanos del singular edificio por un valor próximo a los diecisiete millones de euros para tal finalidad. Súbitamente, y ante la perplejidad general, el proyecto se ha esfumado. Un informe celosamente custodiado durante más de un mes, que reduce a la mitad la valoración del inmueble, fue suficiente argumento para que el Gobierno se enmendara a sí mismo. Borrón y cuenta nueva. Atrás quedaron los insultos y descalificaciones proferidos con inquina contra quienes nos oponíamos a la barbarie. Ya son pasto del olvido las amenazas veladas y las coacciones sutiles para forzar adhesiones. Para el anecdotario local se reserva el proverbial despliegue mediático, incluido el memorable programa de televisión en el que el Presidente, incapaz de mantener un debate cara a cara, impartía lecciones magistrales de superchería entrevistado por un cortejo de adiestrados figurantes (con su honrosa excepción). Al final, todo quedó en nada. Pero el misterioso informe que ha obrado el milagro no ha surgido por generación espontánea. Fue encargado expresamente por el Presidente para justificar la rectificación cuando llegó a la conclusión de que le convenía más abortar la operación. No fue difícil para quien conocía perfectamente la trama y sabía que la clave del negocio estaba en la valoración intencionadamente desorbitada del precio del alquiler (o compra). ¿Qué poderosas razones han impulsado al Presidente a volver sobre sus pasos después de haber llegado tan lejos? Son diversos factores los que han actuado simultáneamente. Uno. El Presidente nunca ha estado, personalmente, interesado en el traslado del mercado a la Manzana. Su auténtico interés, casi obsesión, se centraba en el soterramiento. Aceptó el estrafalario emplazamiento porque era la opción de traslado más rápida, lo que le permitía iniciar casi de inmediato las obras del soterramiento y llegar a tiempo de inaugurarles antes de concluir la legislatura. Pero una vez que el proyecto de soterramiento se desvaneció, el traslado del mercado a la Manzana carecía de sentido por competo (para él). Dos. El deterioro de la imagen pública del Presidente por este asunto ha sido muy superior al que habían calculado sus nuevos hombres de confianza, rehenes de la nómina y aduladores de profesión. El diagnóstico fue muy simple: los que se oponen son "los de siempre", muy pocos y sin medios; presa fácil para el aplastamiento. Pero no fue así. Estupefactos e irritados comprobaban cómo la reacción popular crecía irrefrenablemente. Sencillamente, no llevaban razón. Es el momento de hacer, a modo de paréntesis, un justo reconocimiento a La Pavana, simbolizando en ella a todos los que se unieron a la Plataforma Ciudadana. Una de las muy pocas personas (e instituciones) que defiende este pueblo con firmeza, independencia y valentía. ¡Cuantas cosas podría haber hecho esta Ciudad si en vez de una sola Pavana hubiéramos tenido una bandada! En una legislatura tan caótica y escandalosa, no parecía sensato aumentar el descrédito por una operación en la que él no tiene un interés directo. Ha pensado que un golpe de timón a favor de la opinión pública puede ayudarle a recuperar su imagen de hombre bueno que "sabe rectificar". Tres. Los técnicos municipales, de los que se ha abusado en exceso, se han plantado. El acuerdo del contrato de alquiler está denunciado ante los tribunales por ser lesivo a los intereses municipales. Los funcionarios que habían de estampar su firma, siendo conscientes de cómo se había pergeñado la trampa, y ante el temor de verse envueltos en problemas judiciales serios, exigieron un nuevo informe (sin manipular), que refrendase el contenido del informe primigenio. Cuatro. El enfrentamiento entre el Presidente de la Ciudad y el Presidente del PP ha llegado a un punto irreversible. Se practican un odio mutuo que los hace irreconciliables. Aunque guarden las formas públicamente por elemental lógica política, ninguno pierde ocasión de asestar un golpe al adversario. En este terreno Juan Vivas se mueve de manera sibilina y taimada, pero no por ello menos agresiva o eficaz. Así que el iracundo Vicepresidente del Gobierno, irá recibiendo continuos salvavidas de plomo enviados por su "amigo" el Presidente hasta que termine completamente hundido. El traslado a la Manzana se gestaba en el ámbito de influencia del Vicepresidente. Conexión murciana. En un gesto de autoridad, a su estilo, Vivas lo ha reventado, luciendo, como siempre, su fingida candidez. Todas las voladuras provocan daños colaterales. Este caso no es una excepción. Por un lado, la profesionalidad de los técnicos municipales ha quedado peligrosamente en entredicho. ¿Es posible equivocarse en una valoración en mil cuatrocientos millones de pesetas? ¿O es que firmaban una ilegalidad conscientemente? Aquellos informes, otrora exuberantes, han devenido en papel garabateado por escolares para vergüenza de unos empleados públicos dúctiles hasta limitar con el soborno. Habrá que depurar responsabilidades. Porque de lo contrario ya ningún informe técnico emanado del Ayuntamiento será creíble. Por su parte, las asociaciones utilizadas por el Presidente como marionetas (CECE, Cámara de Comercio y Asociaciones de Vecinos), han sido arrojadas inmisericordemente al baúl de los juguetes rotos. Apoyaron al Gobierno sin razón ni convicción, exclusivamente para evitar cualquier tipo de enfrentamiento que les perjudicara económicamente en el futuro, conociendo el espíritu revanchista que inspira las actuaciones del PP. Ahora han quedado agarrados de la brocha sin saber como explicar que estaban ayudando a blanquear un enjuague mil millonario del que los inductores principales se han desmarcado. Especialmente significativa, por patética, ha sido la postura del Presidente interino del CES (esperemos que por poco tiempo), única persona calificada así misma como progresista que apoyó al Gobierno para mantener el cargo. Pero la historia está incompleta. Sólo ha sido una interrupción. ¿Alguien se puede creer que una empresa privada que ha dado muestras sobradas de defender sus intereses con uñas y dientes, por encima de cualquier otra circunstancia o consideración, va a renunciar generosamente a un contrato adjudicado en firme de más de dos mil seiscientos millones de pesetas? El corazón de los codiciosos no se ablanda jamás. La renuncia pacífica y voluntaria expresada públicamente no es más que el revestimiento formal de un pacto secreto. Los lazos invisibles que vinculan la actuación de la empresa privada con el poder político, permanecen estrechamente anudados. Han permutado un negocio por otro. El dinero se traslada de ubicación. Próxima estación: Patio Hachuel.
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