Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 5 de junio de 2008
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La dignidad perdida
Juan Luis Aróstegui
Hace ya cuatro años que el Pleno de la Asamblea (del que formaban parte el PSOE y el PP) aprobó por unanimidad la conversión de Ceuta en Comunidad Autónoma, de conformidad con la Transitoria Quinta de la Constitución. Era la expresión política de un ferviente anhelo profundamente arraigado en la conciencia colectiva de nuestro pueblo. Así quedó de manifiesto con la activa y entusiasta participación de entidades y asociaciones representativas de toda índole en la elaboración del nuevo Estatuto. Cundió un consecuente optimismo entre la ciudadanía. La unidad de PSOE y PP (que representaban más del noventa por ciento del Congreso de los Diputados) era una garantía de éxito inapelable. El desenlace del contencioso histórico que nos había relegado a una marginación humillante durante más de veinte años se intuía próximo. El propio Presidente, cuando aún era una persona creíble, asumió el compromiso firme ante todos los miembros de la Plataforma por la Autonomía de presentar el proyecto de Estatuto al Pleno de la Asamblea antes de concluir su anterior mandato. De nuevo, ilusiones rotas. Sempiterna condena a transitar por la frustración. Todo era una trampa urdida por traidores políticos desaprensivos, cómplices de la estrategia anexionista de Marruecos, para desactivar la capacidad de reacción de los ceutíes. Los militantes autóctonos de estos dos partidos, ingenua o culpablemente según los casos, han actuado como irresponsables "caballos de Troya" contribuyendo a aniquilar el espíritu de lucha exhibido en otras épocas. Comenzaron a sucederse las excusas, las coartadas y las mentiras. Cualquier nimiedad era suficiente argumento para convencer a los ignorantes ceutíes de que la lucha autonómica no se había abandonado sino pospuesto. Cuatro años de burla y sarcasmo. Porque son traidores; pero además, cobardes. No son capaces de decir al pueblo la verdad. No se sienten con fuerzas para mirar de frente y reconocer que se han rendido. La prueba más concluyente fue el abrumador silencio del Presidente del Gobierno cuando visitó Ceuta. Una sentencia definitiva. Ceuta sigue (y seguirá) instalada en una extraña "tierra de nadie", padeciendo un régimen político diferenciado del resto del Estado español que no encuentra soporte constitucional, y que nos sume en un ininteligible galimatías legal, político y administrativo. Una excrecencia indescifrable que funciona por la tolerancia que infunde la indiferencia. Este es el escenario impuesto por Marruecos. Y aceptado ignominiosamente por España... y por los ceutíes. La ingerencia de Marruecos es una verdad incuestionable conocida por todos; aunque oficialmente negada en un alarde inigualable de cinismo y contumacia. Hasta ahora. El Presidente de Melilla ha manifestado públicamente que, según un Ministro del Gobierno de España, "Ceuta y Melilla no son Comunidades Autónomas porque Marruecos no quiere". Esta afirmación supone que la soberanía sobre Ceuta ha sido transferida, parcialmente, a Marruecos que tiene derecho de veto sobre el régimen político que debe tener esta Ciudad española. Estremecedor. Una revelación así habría desgarrado el corazón de los ceutíes e incitado a la sublevación, si aún conserváramos algún vestigio de amor por nuestra tierra. Sin embargo, ha sido digerida con desdeñosa naturalidad. Ceuta ha perdido la dignidad. Nos han (nos hemos) convertido en un pueblo sin alma que deambula por la historia esperando el fatídico final, con el convencimiento a modo de infame alivio de que ninguno de nosotros lo veremos. Mientras tanto, lo mejor es llenar el hueco que deja la dignidad con una fatua amalgama de dinero, fútbol, estatuas y macetas.
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