Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 15 de mayo de 2008
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Prioridades y sensibilidad
Juan Luis Aróstegui
El Gobierno del PSOE ha relevado a su Delegado en Ceuta. Quizá lo ha hecho animado por los resultados de las últimas elecciones generales (sobre todo en Melilla), que invitan a pensar que tienen alguna posibilidad de revertir la correlación de fuerzas en dos mil doce. Un hipotético triunfo del PSOE en Ceuta y Melilla, supone una diferencia de cuatro diputados, que en un previsible escenario de equilibrio tienen un valor incalculable. Se puede interpretar que el PSOE ha decidido levantar el castigo que había impuesto a los ceutíes por la escasa afección mostrada a su causa. El nombramiento de un nuevo Delegado del Gobierno es un sencillo acto administrativo, que en la mayoría de comunidades carece de notoriedad política, y sin embargo en Ceuta se le dispensa el tratamiento de gran acontecimiento. Por dos razones fundamentalmente. En primer lugar por el enorme poder que concentra y la intensa influencia que ejerce sobre la sociedad, como consecuencia de la amorfa distribución de competencias que impone nuestro in(a)constitucional Estatuto de Autonomía. Pero también porque el pueblo de Ceuta conserva en el subconsciente la mentalidad de súbdito (en lugar de la de ciudadanos libre) y venera la imagen del plenipotenciario "gobernador". Así que el acto de toma de posesión se convierte en una romería de preocupados e inquietos ocupantes de cargos (y carguitos) de toda condición y pelaje buscando el calor del nuevo sol. Este caso no ha sido una excepción. Una muchedumbre de ciudadanos relevantes, pugnando por aproximarse y hacer visible su rostro ante la figura homenajeada, asistían al pronunciamiento de un discurso tan plagado de obviedad y lugares comunes, como vacío de contenido. Unl normalizado ejercicio de hipocresía oficial rematado con la majadería de moda: "la lealtad institucional". Este principio de nuevo cuño, que despierta una absurda admiración, no es más que un eufemismo para desacreditar la legítima discrepancia política, llevando a la sociedad la convicción de que las ideologías han muerto (idea muy extendida y alabada por la derecha). Las instituciones no deben ser leales, sino eficaces en el desarrollo de sus competencias, y actuar conforme a la ideología política que profesa el partido que las dirige al haber obtenido el aval democrático de los ciudadanos para tal fin. Es razonable, y saludable en un sistema de partidos, que los postulados de cada formación política sean diferentes y opuestos, y que se afanen con entusiasmo y vehemencia en aplicarlos, sin regatear para ello ni medios ni esfuerzos. La uniformidad no es síntoma de estabilidad sino de inanición. Los cargos públicos huyen despavoridos de la sinceridad como si les provocara una alergia irresistible. Por ello, las auténticas intenciones del nuevo Delegado del Gobierno todavía están ocultas. Sin embargo, sí se produjo un hecho digno de mención, que acaso delate el perfil político del Delegado del Gobierno. Una vez recitada la serie de tópicos al uso, tales como "vengo a trabajar", "voy a dialogar con todos", "soy un ceutí más", "voy a colaborar con el Gobierno de la Ciudad"; y como única concesión a la especificidad, reservó un espacio para lo que él debe considerar el motivo de mayor preocupación de los ceutíes en estos momentos. Llamó a la calma sobre el efecto de la reducción de tropas. Extraño y sorprendente. Aterriza un Delegado del Gobierno socialista en una ciudad aún conmocionada por dos accidentes de trabajo mortales (uno de ellos con el agravante de que el fallecido no tenía permiso de trabajo, ni contrato, ni seguro), y no hace la menor alusión a esta tragedia, a pesar de tratarse de un asunto de palpitante actualidad y de su estricta competencia. El traslado a la península de algunos mandos militares mereció más atención para un socialista que la muerte de dos trabajadores en accidente laboral. Paradójica sensibilidad y subvertido orden de prioridades. Este socialista debe pertenecer a esa corriente que se autocalifica como moderna, y que se confunde tanto con la derecha que a veces es casi imposible distinguirlas.
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