Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 24 de abril de 2008
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Soterramiento
Juan Luis Aróstegui
 

Desde una perspectiva histórica, el principal legado de la presidencia de Juan Vivas será el soterramiento de todos los valores colectivos, hasta conseguir que la entidad del pueblo de Ceuta haya quedado definitivamente extinguida.

El liderazgo político no se puede restringir a una gélida exposición de las cifras que describen los avances materiales de la sociedad, como hacían los ideólogos del franquismo para justificar la dictadura. La dimensión pedagógica del poder, expresada en la transmisión de los principios y valores que moldean el carácter del cuerpo social, es infinitamente más importante y trascendente.

La gestión de Juan Vivas en este ámbito ha sido desastrosa. No ha vacilado en sacrificar todos y cada uno de los valores esenciales de la democracia, en aras al blindaje de su propia imagen. El asfixiante control de la sociedad, ejercido mediante una eficaz acción conjunta entre la institución más potente de la Ciudad y unos medios de comunicación secuestrados, ha ido mermando paulatinamente la conciencia moral de nuestro pueblo, de la que ya a penas quedan leves vestigios de vitalidad.

Juan Vivas ha enseñado a los ciudadanos que la dignidad es un adorno superfluo. Todo es susceptible de compra o soborno. Quien inclina la cerviz ante el dinero del poder, prospera; quien tiene y defiende convicciones propias es condenado irremisiblemente a la marginalidad. La indignidad es rentable. El comportamiento de la inmensa mayoría de las entidades y asociaciones locales, reducidas a mercenarios satélites del gobierno sin la menor capacidad reivindicativa, es un ejemplo concluyente.

El Gobierno ha inculcado a la ciudadanía la idea de que el mérito y el esfuerzo son cualidades baladíes. Los puestos de trabajo de la administración (privilegiados en una ciudad sin horizonte económico) están reservados para el entorno de influencia del PP. Los jóvenes ceutíes tienen la certeza absoluta de que, al margen de su valía personal, el único modo de acceder al ayuntamiento (paraíso laboral) es afiliándose al PP. La opinión pública ha terminado por asumir esta perversión con estremecedora naturalidad.

Las acciones presidenciales han demostrado que la coherencia intelectual y la fidelidad a las ideas son perfectamente prescindibles; y que la política no es más que un negocio en el que se desenvuelven a sus anchas quienes carecen de escrúpulos. Así, los que formaban parte de la execrable lacra social que era el GIL (en palabras del PP), hoy se sientan en el Consejo de Gobierno u ocupan cargos de especial relevancia, presentados como prohombres. Las ideologías son intercambiables a condición de que se mejore, o mantenga, el sueldo.

El Presidente de la Ciudad, personalmente, se ha encargado de legitimar la corrupción. Los ciudadanos de Ceuta ya saben que enriquecerse ilegal e injustamente a costa del patrimonio común, no es una conducta punible. La defensa a ultranza de la operación Manzana del Revellín (incluyendo el bochornoso traslado del mercado contra la voluntad popular), perpetrada bajo la activa protección de Vivas, es un claro paradigma de exculpación de la corrupción. Demoledor.

Desde el inicio de su mandato han sembrado y cultivado un individualismo exacerbado, desprestigiando toda expresión de voluntad colectiva. La movilización social está cortocircuitada. Con sumo esmero han ido sustituyendo el innato sentimiento de rebeldía que brota del corazón de los pueblos ante la injusticia, por una patética técnica de adulación que nos ha conducido a la más estéril humillación. Los ceutíes han interiorizado que reivindicar es innecesario, peligroso y contraproducente.

Ya comienzan a notarse (con cierta desazón) los efectos de esta irresponsable y devastadora destrucción de valores. Han conseguido que Ceuta sea una Ciudad anímicamente muerta. Muy bonita; pero egoísta, insolidaria, insensible, indiferente, pasiva, resignada y  conformista. Fiel votante de Vivas.

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