Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 6 de marzo de 2008
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Un voto diferente
Juan Luis Aróstegui
 

El denominado bipartidismo es un fenómeno relativamente moderno, original del mundo sajón y con tendencia al contagio generalizado, que subvierte la propia esencia de la democracia desnaturalizando el sistema de representación directa. La polarización del voto en torno a dos únicas opciones antagónicas, que no obstante guardan una enorme similitud en aspectos fundamentales del modelo político que propugnan, implica una simplificación del pensamiento colectivo que mutila la riqueza intelectual de la sociedad, devalúa la política como instrumento primigenio de cambio social y distancia a los ciudadanos de la participación en la vida pública. Este proceso es una consecuencia directa de la hegemónica influencia que ejercen sobre la sociedad moderna los medios de comunicación, habilidosamente manipulados por los grupos fácticos que controlan el poder económico. La política ha quedado reducida a una especie de competición deportiva en la que el único interés es la victoria de uno u otro candidato, independientemente de la concomitancia ideológica y de la identificación con las políticas que éstos desarrollan. Se ha desligado por completo el voto de la conciencia de sus emisores, siendo sustituida ésta por una enfermiza obsesión por el "voto útil". ¿Es creíble que toda la amplitud de matices de pensamiento que existe en España pueda quedar condensada en sólo dos formaciones políticas? Evidentemente, no. Las instituciones democráticas por excelencia, el Congreso y el Senado, no reflejan la pluralidad política de nuestro país, aunque se conforman atendiendo a la voluntad del cuerpo electoral. Perversa incongruencia.

Esta uniformidad en la inanición ideológica que se ha dado en llamar "centrismo", impropia de una sociedad que debiera ser inquieta, dinámica y efervescente; se ordena desde la premisa de dos ficticios competidores, que demandan cada vez más disciplina, más simplicidad y mas abstracción, lo que provoca, como  inevitable efecto colateral, la irrelevancia de los representantes electos. A pesar de que son elegidos por circunscripciones territoriales independientes, quedan férreamente adscritos a la masa amorfa correspondiente, de valor exclusivamente aritmético, siendo despojados automáticamente de toda capacidad individual de gestión en los problemas de los ciudadanos que los votaron. La única salvedad la constituyen los partidos nacionalistas que cuentan con fuerza suficiente para desafiar al bipartidismo, otorgando a sus reivindicaciones locales la categoría política de más alto nivel.

Esta decadente situación es muy perniciosa en términos generales para todo el país; pero en algunos lugares como Ceuta, asfixiada por gravísimos problemas estructurales, y que exige un tratamiento específico y muy bien diferenciado, se convierte en un suicidio político.

En nuestra Ciudad, desgraciadamente, se está consolidando el bipartidismo más ramplón como escenario político básico. Los ceutíes, hastiados por la frustración y lastrados por la impotencia, han llegado a la conclusión de que es imposible caminar al margen del PSOE y del PP. Consideran que Ceuta no tiene masa crítica suficiente para plantear una alternativa localista. Han entregado toda su esperanza a partidos políticos que sólo nos devuelven desprecio, incomprensión y, en el mejor de los casos, piedad o misericordia.  Nos estamos negando el futuro. PSOE y PP nos han demostrado, hasta la saciedad, que no son capaces de defender los intereses de Ceuta, a pesar de que se prodiguen en burdas mentiras e indecentes engaños durante la campaña electoral. De hecho, nos siguen considerando, despectivamente, como una "cuestión de estado". No existe una prueba más evidente que el pacto de traición para evitar que Ceuta sea Comunidad Autónoma. Ello no es óbice para que los ceutíes nos sintamos incapaces de transgredir esa fatídica regla de la democracia bipartidista, por la  que la política se limita a elegir entre PSOE y PP. El voto fácil. El voto tonto.

Ceuta no debe permanecer más tiempo en el anonimato. El próximo día nueve de marzo, más de veintiún millones de españoles votaran al PSOE y al PP, entre ellos, casi todos los ceutíes; pero las reivindicaciones de Ceuta seguirán políticamente huérfanas. Cuatro años más de silente y estéril sufrimiento. No podemos revertir esta situación a corto plazo; pero si podemos mantener viva la esperanza de hacerlo en el futuro. Para ello es necesario tener un gesto de valentía, romper el corsé del pensamiento único, y votar diferente. Un voto por la dignidad de Ceuta. Cuantos más estemos dispuestos a luchar por el futuro de esta tierra, sorteando trampas y eludiendo espejismos, mejor.

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