Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 20 de marzo de 2008
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Espejismos
Juan Luis Aróstegui
Hace poco más de cuatro años (en febrero de dos mil cuatro), la agrupación local del PSOE era un partido sumido en una profunda depresión. Su presencia en la vida política era irrelevante, prácticamente nula. La militancia había desertado. A penas sobrevivían algunos nostálgicos que "abrían la puerta de la sede"; y un grupo municipal de carácter testimonial que recordaba la existencia de unas siglas históricas. Este estado de catalepsia fue la consecuencia lógica de un interminable cúmulo de errores encadenados, que pulverizaron los fundamentos del proyecto político y propiciaron, entre otras cosas, la hegemonía del PP en Ceuta, arrastrando en su decadencia a la izquierda en su conjunto. Sin embargo, y a pesar de los innegables deméritos del PSOE ceutí, el destino les brindó una inmejorable oportunidad de regeneración. El inesperado triunfo en las elecciones generales celebradas en marzo de dos mil cuatro, alumbró una etapa de esperanza. Se produjeron las condiciones adecuadas para reconstruir el partido. Pero el núcleo dirigente no supo interpretar correctamente el resultado de unas elecciones generales Habían obtenido más de doce mil votos (el treinta y cinco por ciento), una cuota muy por encima de su nivel de influencia social. Este fue argumento suficiente para enquistarse en un endogámico discurso inane, adjudicándose unos votos que nunca merecieron. Se aprestaron raudos al abordaje de todos los cargos públicos disponibles, secuestraron la Delegación del Gobierno para utilizarla como palanca de clientelismo y altavoz mediático; y desde una infundada prepotencia practicaron un sectarismo atroz, despreciando la incorporación de nuevos afiliados y denostando cualquier modalidad de entendimiento con otras organizaciones, partidos y colectivos. Pretendían reactivar artificialmente un partido desde las instituciones, abandonando la calle. Se aplicaron en esta estrategia con enorme afán y todos los recursos imaginables. Incluso el Presidente del Gobierno visitó Ceuta apoyando a su candidata. Todo fue un espejismo. El PSOE, lejos de resucitar, terminó de la peor forma posible: disuelto. Evocando la famosa sentencia: "partiendo de la nada, alcanzaron las más altas cotas de la miseria". Cuatro años después se reproduce idéntico escenario. El PSOE ha vuelto a ganar las elecciones generales. Y en Ceuta ha obtenido catorce mil votos (el cuarenta por ciento). Es un buen punto de partida. Si en esta ocasión son capaces de acertar con el diagnóstico y no quedan hipnotizados por un nuevo espejismo, que los induzca a pensar que el buen resultado electoral es fruto de su trabajo (inexistente) y de sus cualidades (inéditas), como ya se ha comenzado a deslizar desde algunas instancias contumazmente erráticas. El PSOE debe entender que la única opción que tiene para superar la marginalidad y disputar la primacía política a la derecha, es liderar un nuevo proyecto político unitario, que aglutine a todas las fuerzas progresistas, cimentado sobre una base programática atractiva, ilusionante y creíble, capaz de afrontar los complejos desafíos que tiene planteados la Ceuta del futuro. No es suficiente con un cambio de personas, un liviano barniz ideológico o una más aseada política de comunicación. Un proyecto político sólido requiere siglas (instalación en el imaginario colectivo), personas e ideas. El PSOE sólo tiene siglas. Necesita imperiosamente personas e ideas. La fragmentación de la izquierda es una de las claves que explican su declive. El mapa de quienes se reclaman de este espectro ideológico está configurado en la actualidad por tres partidos políticos (además de un nada desdeñable número de independientes desencantados): UDCE, PSOE y PSPC; que representan a seis mil, tres mil y mil quinientos ciudadanos respectivamente, según se desprende de las últimas elecciones municipales. La premisa clave es que desde la división es imposible plantearse un salto cualitativo. El PSOE podrá crecer más o menos; pero mientras siga compitiendo con los otros dos partidos, y sea incapaz de enrolar a los independientes, no dejará de ser un partido secundario. La unificación es complicada; pero insoslayable. La UDCE es la referencia electoral de un sector muy amplio de la población de origen musulmán. Este es, por definición, un electorado natural del PSOE concebido como partido de izquierdas, cuya política solidaria tiende a proteger a quienes "no tienen de todo" (en palabras recientes del Presidente del Gobierno). La integración de este partido en el PSOE, una vez explicitada su predisposición, no debería plantear problema alguno. Pero las cosas, en Ceuta, siempre tienen una lectura particular. El racismo latente en la sociedad ceutí (larvado o manifiesto) como expresión del miedo a perder las señas de identidad tradicionales, puede influir negativamente distanciando a potenciales votantes que estigmaticen al PSOE como "partido musulmán" y se refugien en el PP, identificándolo como partido genuinamente "españolista". No son pocos los ciudadanos afines ideológicamente al PSOE y que sin embargo y paradójicamente piensan de este modo. El PSOE debe asumir riesgos y resolver definitivamente esta endiablada controversia. Por otro lado, la relación del PSOE con el PSPC ha estado siempre marcada por el odio, el desprecio o la indiferencia. Se han limitado a desear con vehemencia su desaparición. Sin embargo, el PSPC es una formación política con más de veinte años de intensa actividad. Es un partido integrado por militantes aguerridos, combativos y correosos, muy convencidos de sus planteamientos y con una contrastada capacidad se sacrificio. Desde hace más de dos décadas, el perenne augurio de disolución del PSPC ha fracasado. Esta es una cuestión que debería figurar como un nudo fijo en el análisis del PSOE. El PSPC no va a desaparecer mientras la defensa de sus postulados básicos no quede plenamente garantizada. Es un partido de una portentosa fecundidad de ideas, una dilatada experiencia y una indomable vocación de lucha por sus ideales y principios, situados indubitadamente en el ámbito de la izquierda y de la defensa a ultranza de los intereses de Ceuta. Sin el PSPC no cabe hablar de la unidad de la izquierda. En todo caso, de otro concepto. Pero el esfuerzo de integración será absolutamente baldío si no viene acompañado de una refundación del proyecto político que lo haga nítidamente distinguible e identificable con la mayoría social. Su articulación programática debe sustentarse sobe cuatro pilares. Uno. El PSOE debe asumir como un objetivo prioritario la conversión de Ceuta en Comunidad Autónoma de conformidad con la disposición Transitoria Quinta de la Constitución. Es la mejor manera de disipar cualquier sospecha sobre el compromiso del PSOE con la defensa de la españolidad de Ceuta. Y también de restañar la brecha histórica que divorció en su día a este partido del pueblo de Ceuta. Para ello no tiene que hacer más que comportarse como lo hace en el resto de territorios. Dos. Diseño de un modelo económico alternativo con proyección de futuro, cuyo eje central sea la creación de empleo, revisando en profundidad las especificidades de Ceuta y estableciendo las líneas básicas de actuación en el marco de de un Plan Estratégico consensuado con los agentes sociales. Tres. Definición de una auténtica política de integración que favorezca la cohesión social. Cuatro. Determinación de una política de inversiones que permita recuperar el desfase histórico y homologar el nivel de servicios públicos con la media de las Comunidades Autónomas. La izquierda ceutí tiene ante sí un reto apasionante. De la amplitud de miras, la inteligencia y la generosidad con la que actúe, dependerá de que se constituya en una alternativa de poder, o que continúe como impotente espectador de las andanzas de la derecha corrupta que campa a sus anchas impunemente.
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