Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 28 de febrero de 2008
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La deuda histórica
Juan Luis Aróstegui
"Deuda histórica" es un término acuñado para definir el déficit inversor acumulado en una determinada comunidad, y que provoca una brecha ostensible entre los parámetros que miden el nivel medio de servicios públicos del país y los de la región en cuestión. Es la expresión cifrada de una injusticia. Se interpreta que el conjunto del país se encuentra en deuda con la comunidad afectada y que, una vez constada fehacientemente, debe articular los medios precisos para saldarla. Este conflicto se ha producido en España en diversas ocasiones. El más paradigmático y próximo es el de Andalucía. Las instituciones representativas del pueblo andaluz cuantificaron el valor de la deuda y convirtieron esta reivindicación en una prioridad política, en orden a cuya consecución planificaron y desplegaron toda suerte de actuaciones. Los resultados cosechados han sido excelentes. Sorprende, una vez más en negativo, el hecho de que Ceuta no haya sido capaz de protagonizar una acción similar. No en vano, es el caso más flagrante y sangrante de cuantos existen. Ceuta es la deuda histórica por antonomasia. Así lo ponen de manifiesto los propios partidos políticos responsables cuando se acusan mutuamente de desidia y cicatería, como está sucediendo con motivo de la campaña electoral. Ambos imputan al rival su falta de compromiso con Ceuta. Ambos llevan razón. La suma de los dos discursos es la distancia sideral que separa a Ceuta del resto de comunidades. PSOE y PP han gobernado España durante los últimos veintiséis años. Son los autores materiales de todos los Presupuestos Generales del Estado y los redactores de cada uno de los planes de inversión ejecutados durante las tres últimas décadas. El balance global para Ceuta es un brutal déficit de equipamiento en todos los órdenes del ámbito público. Ya sea educativo, cultural, asistencial, deportivo, administrativo o de la vivienda. No es necesario reiterar el extenso y conocido inventario de carencias: los juicios se celebran entre goteras, obtener una plaza de educación infantil es una utopía, la infraestructura universitaria data del franquismo, el conservatorio y el instituto de idiomas malviven en edificios realquilados, los discapacitados están condenados al hacinamiento la vivienda pública es un concepto ignoto por estos pagos... Ante esta indubitada discriminación, lo razonable es que los ceutíes, imbuidos de justa indignación, hubiéramos reaccionado con virulencia reivindicativa dispuestos a defender nuestros derechos colectivos. Todos los partidos políticos, apoyados por las organizaciones ciudadanas, una vez evaluada la magnitud del agravio, tendrían que haber consensuado una estrategia orientada a lograr un compromiso cierto de las instituciones del Estado, que garantizara un programa de inversiones dotado con recursos económicos suficientes y encuadrado en una dimensión temporal adecuada. Algo parecido a lo que han hecho los catalanes con su Estatuto de Autonomía, asegurándose un volumen óptimo de inversiones para el próximo septenio, con bastante menos motivo. Y sin embargo, como es norma en una Ciudad narcotizada por la indolencia, este asunto no pasa de ser una anécdota irrelevante que los partidos sólo utilizan como estéril recurso dialéctico para lustrar cínicamente sus siglas en detrimento de su competidor. Dos factores diabólicamente complementarios explican esta funesta contradicción. Por una parte la demostración palpable de que los dos partidos grandes, PSOE y PP, relegan a Ceuta a un lugar muy remoto en el orden de prioridades de sus proyectos políticos. Para ellos, Ceuta es un apéndice molesto e incomodo que no justifica ningún sacrificio, y en consecuencia sólo nos dedican los residuos de sus decisiones políticas. Nos tratan como dóciles e inofensivos provincianos, conscientes de que somos absolutamente incapaces de mostrar el menor signo de rebeldía. Pero no todo es imputable a estas formaciones políticas. Los ceutíes hemos convertido la resignación y la indiferencia en la seña de identidad básica de nuestro comportamiento social. Nada de los que nos afecta nos conmueve. Con el paso del tiempo, y vencidos por la frustración, hemos moldeado un alma pétrea, insensible y pusilánime. Por ello practicamos una suerte de masoquismo político que nos lleva a apoyar con entusiasmo aquello que nos perjudica tozudamente. En las próximas elecciones generales tenemos una nueva oportunidad para expresar nuestra disconformidad con el pertinaz abandono que sufrimos. No lo haremos. Terminaremos votando al PP o al PSOE como los últimos veintiséis años.
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