Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 21 de febrero de 2008
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La chulería de los desquiciados
Juan Luis Aróstegui
Hace algunos años, un funcionario ejemplar, al que pretendían hacer cómplice indirecto del ya incipiente escándalo de la Manzana del Revellín (suscribiendo un informe convenientemente contaminado), dijo textualmente, tras negarse rotundamente a estampar su firma en semejante artimaña administrativa: "Este expediente va a ser la tumba política de Juan Vivas". A juzgar por el discurrir de los acontecimientos, el vaticinio ha resultado plenamente certero. Es muy difícil calcular los efectos que este dislate puede ocasionar en las expectativas electorales del PP en el futuro. Probablemente, tal y como ellos mismos prevén, todo quede muy amortiguado por el paso del tiempo, la feroz manipulación informativa, y el impacto que producen las obras recién estrenadas en el ánimo de los votantes (de ahí la premura obsesiva). Pero lo que ya será irrecuperable es la imagen del Presidente. Al menos entre las personas que tienen un mayor grado de implicación en el devenir de la vida ciudadana. Su patrimonio moral (el valor más preciado para un personaje público) ha quedado sepultado en la Manzana del Revellín. El epílogo de este largo y complejo asunto ha sido un digno colofón del cúmulo de despropósitos que lo han jalonado. Un martes de febrero, veinticuatro horas antes de recibir a los miembros de plataforma ciudadana, y una semana antes de formalizarse el dictamen del Consejo Económico y Social solicitado por el propio Gobierno, decidieron aprobar el traslado del mercado a la Manzana del Revellín, dando por zanjado el debate. Impropio del talante que siempre ha inspirado la conducta del Presidente. Inesperado e inconcebible. Y sin embargo, así sucedió, añadiendo más perplejidad y abundando en la sospecha. Hasta ahora, jamás el Presidente había protagonizado un acto de chulería de esta naturaleza. Porque es el propio Presidente el que organiza su agenda. Podría haber citado a la plataforma con anterioridad para, al menos, guardar las formas; pero prefirió humillarla. No fue por falta de tiempo, pues bien que lo tuvo para citar durante el fin de semana a una organización social con la intención de mendigarle el cambio de voto, incluso sin dudar en ridiculizar a sus más leales colaboradores, para conseguir sus fines. El episodio de Consejo Económico y Social también es antológico. El Gobierno eligió este órgano para escenificar el aval social a su iniciativa. Es consciente de que la inmensa mayoría de los ciudadanos no la comparte. Incluidos los empresarios. Pero han presionado con todas sus fuerzas a sus representantes recurriendo a todos los medios imaginables. Algunos completamente inmorales. Lo máximo que han conseguido es un apoyo adulterado, reducido al ámbito del CES, materializado entre sonrojos, disculpas privadas y comezón interno. A pesar de ello sus planes iniciales se torcieron sufriendo un insignificante revés. Debieron retrasar la reunión una semana por aplicación del reglamento. Intolerable para un gobierno soberbio en grado superlativo. Así que optaron por tomar la decisión sin esperar al dictamen que ellos mismos habían requerido. Nada les importó menoscabar la dignidad de una institución de encomiable trayectoria, y ya estigmatizada definitivamente. Estos hechos evocan la imagen del equipo de gobierno, reconvertido en un estrafalario conglomerado de arrepentidos, tránsfugas, mercenarios, asalariados y mudos complacientes, henchidos de vanidad postiza; espoleando al Presidente contra los díscolos que no aceptan sumisamente el pelotazo, al grito deportivo de moda: "a por ellos". Muy valientes escondidos tras sus costosísimos medios de comunicación pagados con lo impuestos de todos los ciudadanos; pero cobardes sin parangón para aceptar un debate público. El PSPC los ha retado hasta tres veces. No se atreven. Dicen que no debaten con un partido extraparlamentario. Aunque discutible, es argumento. Lo que ocurre es que se quiebra cuando su "oficina de prensa" se prodiga en continuos ataques contra esta formación política. Una incongruencia que desnuda su insolvencia argumental. El Presidente, desquiciado y extraviado en su laberinto de intereses espurios, se ha puesto al frente de esta marabunta renunciando a sus antiguas convicciones. De lo que fue, a penas queda una sonrisa hipócritamente amable que oculta operaciones inconfesables, mientras repite sin cesar la monserga del "interés general", que retumba como una sórdida burla indecente.
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