Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 3 de enero de 2008
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Incompatibles con la honradez
Juan Luis Aróstegui
Un recurso utilizado asiduamente por cada vez más gobernantes, consiste en la generosa y gratuita atribución de cualidades nobles al pueblo que los vota. La intención subyacente en esta práctica adulatoria es establecer un vínculo de afectividad, que sitúe las claves electorales en el ámbito sentimental. Prevalecen las imágenes sobre las ideas. Ejemplo. Produce un cierto sonrojo la valoración, casi unánime, que se hace sobre el impecable comportamiento del pueblo español durante la transición democrática. Las ansias de libertad, el sacrificio de los intereses individuales en aras a un bien común de rango superior, el perdón altruista de las heridas del pasado y el orden del proceso de transformación; acuñados posteriormente como características excelsas, incluso exportables, no son sino meras falacias para adornar una realidad ominosa y deprimente. El español fue un pueblo cobarde, capaz de soportar en silencio la humillación de una dictadura feroz durante más de cuarenta años, sólo resuelta por la muerte natural del dictador. La transición no fue sino la firma disimulada de la capitulación histórica de un pueblo que, imbuido de un miedo exacerbado, renunció a un elemental sentido de la justicia, abdicó de la dignidad colectiva y amortizó con una vergonzosa frialdad el daño moral sufrido por miles de compatriotas. El Presidente de nuestra Ciudad se ha convertido en un ferviente practicante de esta técnica pseudocomercial de la adulación omnímoda. Es muy consciente de que gran parte de su activo electoral está depositado en su apariencia de buena persona, que cultiva con esmerada profesionalidad. Para ello halaga a los votantes continua y empalagosamente, aunque sepa que miente hasta el límite de la quiebra intelectual. Sólo en este contexto se puede explicar la decisión de romper relaciones con el Delegado del Gobierno por el hecho de que, en un pasaje de una entrevista en un periódico de escasa difusión, éste dijera que en "Ceuta no se valora la honradez a la hora de votar", y "parece que se aplican otras leyes". Tras haber soportado impertérrito, cuando no complaciente, todos los desplantes, atropellos, agresiones, insultos y perjuicios que el calamitoso Delegado del Gobierno ha infligido a esta Ciudad; ahora resulta que se muestra indignado y ofendido por la única verdad que ha dicho desde que llegó. No hacen falta excesivos ni rebuscados argumentos para avalar esta categórica afirmación. Los ciudadanos de Ceuta, libre y democráticamente, llegaron a entregar el poder a un individuo de la calaña de Jesús Gil, paradigma de la conexión entre la delincuencia y la política. Concluyente. No es un caso excepcional imputable a unas condiciones extremas, como se empeñan en alegar los más indulgentes. Podríamos enumerar una interminable serie de hechos muy similares que jalonan la azarosa vida pública local. ¿Cómo es posible que durante la pasada legislatura, Juan Vivas mantuviera en el cargo a un Consejero suspendido de empleo y sueldo por "gestión irregular de fondos públicos" (impensable en cualquier otro lugar)? Porque sabía perfectamente que no tendría coste electoral (como así fue). En Ceuta, la honradez siempre pierde. En cualquier caso, me parece ilustrativo narrar una anécdota ocurrida durante la pasada campaña que refleja, con gran nitidez, el desprecio que siente un amplio sector de la población ceutí hacia la honradez como valor en el ámbito de la política. Una mujer, de unos cincuenta años, conversaba animadamente con un quiosquero. Se quejaba, en principio amargamente y después absolutamente ofuscada, de la imposibilidad de su hijo de acceder a un puesto de trabajo. Comenzó a insultar de forma virulenta al PP, y en particular a sus dirigentes, a los que acusaba sin ambages de ser unos sinvergüenzas que obligaban a su hijo a humillarse ante ellos para obtener un empleo. ¡Se creen que el ayuntamiento es suyo, y pueden hacer lo que les de la gana!, vociferaba visiblemente alterada. Cuando finalizó el incendiario discurso, el quiosquero preguntó ¿Y tú, a quien vas a votar? ¿Yo?, al PP, por supuesto, contestó con asombrosa naturalidad. Este es el perfil de los votantes que busca el Presidente Vivas. Irreflexivos pero fieles.
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