Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 17 de enero de 2008
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Han descubierto la pólvora
Juan Luis Aróstegui
El Gobierno de la Ciudad, ridículo a fuerza de retorcer el cinismo, se ha mostrado eufórico ante el éxito cosechado entre los concesionarios por la propuesta de traslado de las instalaciones del mercado central al nuevo edificio de la Manzana del Revellín. Han reunido a un grupo de comerciantes y les han ofrecido a cada uno un local a estrenar, en pleno centro de la Ciudad, en un lugar de rentabilidad contrastada, pues no en vano el mercado ya estuvo allí ubicado provisionalmente generando un excelente volumen de ingresos; y absolutamente gratuito. Y los concesionarios... ¡han votado que sí! Sublime. Han descubierto la pólvora. Otra cosa bien distinta es que se les hubiera hecho el planteamiento ajustándolo a la legalidad y conforme a un elemental sentido de la equidad. Porque al tratarse de negocios lucrativos de particulares, éstos tendrían que abonar, a través de las tasas correspondientes, los gastos de inversión y mantenimiento de las instalaciones en las que desarrollan su actividad. No es justo que los ciudadanos tengan que sufragar los gastos de establecimientos comerciales que generan beneficios a sus propietarios. Es decir, los concesionarios del mercado tendrían que pagar la parte proporcional del edificio singular de Álvaro Siza (en torno a tres mil millones de pesetas), los costes adicionales de adaptación para su uso como mercado y los veinticinco millones mensuales de alquiler. A este precio desorbitado habría que añadir el coste de habilitar un sistema de "catapulta", o similar, para introducir la mercancía, ya que el acceso de los camiones es, sencillamente, imposible. ¿Cuál habría sido el resultado de la votación? Fácilmente predecible. Por ese motivo, alardeando de su impudicia en el despilfarro y malversación moral de fondos públicos, se permiten el lujo de hacer regalos con el dinero de todos los ciudadanos para conseguir sus innobles propósitos. En este caso, cumplir sus compromisos con los muñidores del voto de censura que aún parecen tener secuestrada la voluntad del Presidente (aunque éste aparente ofenderse por estas afirmaciones que los hechos avalan con rotundidad) Evidentemente, el montaje organizado con los concesionarios del mercado es sólo una maniobra para encontrar aliados y poder disimular, ante la opinión pública, el saqueo que supone alquilar por trescientos millones al año a una empresa privada la edificación que, para colmo, se ha financiado con los fondos del propio ayuntamiento. Cuando haya que rendir cuentas, la responsabilidad de esta extravagante operación recaerá sobre los ingenuos concesionarios y, por supuesto, sobre el inefable informe técnico de rigor. El Presidentes seguirá saludando sonriente a todo lo que se mueve ajeno por completo al destrozo. Y los millones reposarán en los bolsillos de siempre. Este feo asunto tiene una derivación que también terminará en escándalo. Es el próximo capítulo de esta escabrosa serie de entuertos sospechosos en la que el Presidente ha convertido este mandato. La Plaza Vieja. Veamos el cuadro completo. El Ayuntamiento tenía previsto construir en la Manzana del Revellín un complejo cultural que incluyera el teatro (ancestral anhelo popular), la ampliación del museo, y un palacio de congresos para fomentar el turismo. Se decidió, por unanimidad, dotar a esta edificación de la mayor categoría posible para ennoblecer el centro de la Ciudad contratando para ello a una figura de reconocido prestigio internacional, aunque ello supusiera un considerable aumento de la inversión. Paralelamente existía la intención de demoler el mercado central para recuperar el "puente la Almina" y solucionar los problemas de tráfico mediante el soterramiento de las vías. Una magnífica idea. El nuevo mercado se trasladaría a la Plaza Vieja que en la actualidad está totalmente desaprovechada. Un mercado moderno, céntrico y a precio de "Mercado" (no de Alvaro Siza). Perfecto. Pero el Gobierno de la Ciudad ha establecido como prioridad "uno" la protección de los intereses de un grupo de desalmados, que se han tambaleado tras la sentencia que declara ilegal la licencia de obras de la Manzana del Revellín. Y el resultado final es el siguiente: El complejo cultural se reduce prescindiendo de la mitad de los equipamientos, y se complementa con el mercado central, pagado a precio de oro, y compartiendo actividades radicalmente incompatibles. Y en la Plaza Vieja, se encuentra una nueva oportunidad para dar otro pelotazo (ya las "empresas amigas" están trabajando en las viviendas que se construirán allí y en los locales comerciales que dejarán extraordinarios dividendos). Ante la indolencia general, inducida por la obnubilación, estas decisiones esculpirán sobre la configuración urbanística una impronta de corrupción, como una seña de identidad indeleble de la que parece que este pueblo está condenado a ser esclavo sin remisión.
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