Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 25 de octubre de 2007
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El motorista
Juan Luis Aróstegui
 

Durante la dictadura franquista se hizo célebre el modo en el que el sanguinario e ilegítimo Jefe del Estado cesaba a sus cargos públicos. Enviaba, sin previo aviso, un motorista que entregaba el cese en mano al afectado sin más explicación. Era un gesto de suprema autoridad que pretendía evidenciar su poder omnímodo e incuestionable. La voluntad del dictador, por encima de cualquier otra razón o circunstancia, era fuente de derecho y soporte de la política de estado. Fascismo en estado puro.

A pesar de los años transcurridos y de la constante presunción de valores democráticos que habitualmente salpica nuestra vida cotidiana, los comportamientos fascistas siguen estando presentes en exceso en la práctica de la política. El PSOE ha enviado un motorista (ahora en forma de fax)  y ha disuelto el Partido Socialista de Ceuta. Los medios de comunicación lo supieron antes que los propios militantes. Un golpe de mano sin el menor escrúpulo democrático puso fin a un partido con treinta años de historia en Ceuta. No se han tomado la molestia de justificar una decisión tan dolorosa y trascendente. Nadie acudió a exponer ante la ciudadanía ni un solo argumento. Ha sido suficiente la inconfesada voluntad de algún cobarde personaje incapaz de asumir sus responsabilidades públicamente.

La perplejidad inicial desató toda suerte de rumores y elucubraciones. Los mejor intencionados pensaron que, al fin, se abría una posibilidad de regeneración de la izquierda en general y del PSOE en particular, erradicando vicios,  prejuicios, y sempiternos quistes envenenados. Pero una vez evaporada la bruma de la confusión tomó contorno la hiriente verdad. Se trata de una simple y vulgar purga. El PSOE ha llegado a la conclusión de que le sobran los militantes. Y los ha expulsado. Sin contemplaciones. No admiten discrepancias. Prohibido pensar. Paradójico ejercicio de autoritarismo de los profetas del talante.

Esta forma de proceder sólo se puede interpretar como una absoluta falta de respeto a los ceutíes. Es un digno colofón a una tortuosa relación marcada por el odio mutuo. El PSOE odia a Ceuta, y Ceuta ha terminado por odiar al PSOE. El PSOE nunca pudo (ni quiso) borrar la impronta promarroquí que dejó Felipe González desde su acceso al Gobierno en mil novecientos ochenta y dos. La indiferencia y el desdén, cuando no la abierta hostilidad, jalonaron toda aquella época en la que siempre prevalecía la vocación marroquí sobre los intereses de Ceuta (el mal explicado proceso de nacionalizaciones y el rechazo a la Transitoria Quinta son los dos exponentes más fácilmente identificables). La concepción de Ceuta como problema impregnaba todas las decisiones de aquellos gobiernos malhadados. La perseverancia tuvo éxito y consumó el divorcio. Los militantes y votantes del PSOE, muchos de ellos repletos de buena fe, priorizaban la afinidad ideológica sobre la política hacia Ceuta, y siempre encontraban un argumento para justificar las tropelías, agravios y ofensas que se cometían contra este pueblo; sin comprender que la brecha emocional, sentimental  y política se ensanchaba paulatinamente hasta hacerse irrecuperable. Las voces críticas eran rutinariamente despreciadas e insultadas.

Nunca entendieron la raíz del problema. Por ello cometieron el error de bulto constatado con el fracaso de la última estrategia de resurrección. Pensaron que la combinación de siglas, dinero y poder sería suficiente para limpiar todo el daño que los ceutíes albergaban en su corazón. Imposible. Tras un enorme despilfarro, alcanzaron la cota cero. El postrer intento de recuperar al partido, auspiciado por quienes han comprendido las claves del laberinto, siguen comprometidas con los valores de la izquierda y no se resignan a la hegemonía de la derecha, se ha saldado con una irracional represión en forma de impuesta disolución.

El PSOE se ha decantado por un modelo de partido colonial. Mantienen formalmente las siglas, dirigidas por control remoto, y gestionadas por comisarios políticos externos y sin implicación ni compromiso con la sociedad en la que operan, adornadas a futuro por un minúsculo racimo de sumisos e incondicionales militantes, convenientemente seleccionados, que acepten el papel de figurantes a cambio de prebendas. Así, la izquierda institucional ha quedado reducida a un comando de paracaidistas mercenarios. Un Delegado del Gobierno foráneo, insolente e ignorante, llegado para disfrutar de un retiro político dorado, empeñado con sus continuos exabruptos en favorecer electoralmente al PP. Un diputado por Cádiz, encargado de protagonizar desganadas ruedas de prensa cuando aparece esporádicamente por la Ciudad. La última para transmitir "optimismo electoral" (con muy poca convicción por cierto, ya  que él se presenta por otra provincia). Y un oscuro individuo de ignota procedencia y trayectoria, cuyo único mérito es haber medrado con malas artes, designado como estratega electoral. Del grupo municipal, por pudor y compasión, es preferible no hablar.

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