Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 27 de septiembre de 2007
 BLOGS
El Centro Comercial Nostálgico
Juan Luis Aróstegui

Con veinte años de retraso, y a cargo de los últimos vestigios del que fue un potente tejido empresarial arraigado en el comercio de Ceuta, tuvo lugar la presentación del embrión de lo que dicen que será un Centro Comercial Abierto. No existe una relación de los establecimientos integrantes, ni un ámbito espacial definido, ni un inventario de servicios comunes, ni los fundamentos de una política compartida de ventas, ni una estrategia innovadora de aprovisionamiento, ni siquiera una mínima programación de objetivos. Lo único que se dio a conocer con milimétrica precisión es la subvención que el Ayuntamiento dedicara a este proyecto, cadáver antes de nacer. Para confirmar el desvarío, anuncian la pretensión de devolver a la Ciudad la vitola de “Ciudad de Compras” que imprimió carácter a Ceuta durante la época más brillante de la economía local. Un desideratum impropio de agentes económicos con un mínimo sentido de la realidad. Un patético ejercicio de improductiva nostalgia.

La estructura comercial de nuestra Ciudad se ha ido reconvirtiendo desordenadamente al dictado de las circunstancias y de las propias leyes del mercado, en ausencia de una planificación diseñada con objetivos a  futuro. Las dos administraciones públicas se han sustraído a su responsabilidad política de encontrar soluciones para reactivar y dinamizar la actividad comercial en el marco de las nuevas coordenadas económicas imperantes, abandonando a su suerte a empresarios y trabajadores. Eso sí, han mentido con tanta solemnidad, cinismo y persistencia que parecen inocentes. Pero lo cierto es que la reforma del IPSI (prometida reiteradamente durante años), la dignificación del Tarajal, la simplificación y racionalización de los trámites aduaneros, el abaratamiento del transporte, y los innumerable planes y propuestas formulados, estudiados, remitidos, discutidos, reivindicados y expuestos durante una década, sólo han servido para provocar la amarga frustración de quienes albergaban ilusionadas esperanzas en la resurrección de la economía ceutí; y para el escarnio y la mofa de los fatídicos PSOE y PP que están cavando la fosa de esta Ciudad con la frialdad del acero y la sórdida impunidad que los ingenuos caballas les estamos brindando.

Los empresarios (excepción hecha del ramo del automóvil y de los materiales de construcción que tienen unas características propias muy distintas) se fueron marchando de Ceuta aburridos, desmotivados, arruinados o antes de la inminente ruina. Algunos de ellos utilizaron su influencia para enrolarse en la venerada plantilla del Ayuntamiento. Otros regentan pequeños establecimientos encuadrados en otros sectores. Los que continúan han diversificado sus negocios, de manera que conservan una dimensión comercial por razones sentimentales, de imagen pública o por motivos políticos, aunque el grueso del negocio se sitúa en el ámbito del asesoramiento (próximo al poder) o de la especulación inmobiliaria, más segura y rentable.

De este modo, el comercio de Ceuta se articula sobre tres ejes. Uno. El comercio transfronterizo, herido de muerte, que genera un importante volumen de ingresos al ayuntamiento, pero sin repercusión significativa en términos de empleo y riqueza para la Ciudad. Dos. La implantación de las grandes firmas y franquicias nacionales que han adivinado que, al menos durante diez años (tiempo previsible de consolidación de una oferta similar), la demanda del norte de Marruecos es una buena oportunidad de negocio. Son empresas foráneas, muy rentables, que crean empleo muy precario y exportan los beneficios. Tres. Un ramillete de microempresas especializadas, de reducida capacidad inversora y exiguas plantillas (familiares en muchos casos), que sobreviven en el umbral de la rentabilidad  flirteando con el fantasma de las pérdidas.

Todos los problemas estructurales, diagnosticados y denunciados hasta la saciedad, se mantienen intactos, configurando una oferta escasamente competitiva, en lo relativo a diversidad y precios, que invita al éxodo y cercena toda posibilidad seria de desarrollo. En este contexto, la presentación de un Centro Comercial Abierto es un puro sarcasmo cuya única utilidad es que el Gobierno de la Ciudad pueda seguir disimulando y alimentando la falsa idea de que apoya a los empresarios locales; y que los avispados de siempre se lleven una subvención que ni merecen ni necesitan.

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