Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 30 de agosto de 2007
 BLOGS
Un gobierno sin principios
Juan Luis Aróstegui

Cuando se extinga el efecto de la hipnosis colectiva sufrida por el pueblo ceutí a manos del PP y de su líder, podremos constatar las gravísimas e irreversibles secuelas que este régimen está dejando grabadas de una manera indeleble en nuestro modo de vida.

La gestión del PP está marcada por una inhibición militante en grado superlativo. Todos los problemas estructurales que van a determinar el futuro de Ceuta han sido aplazados o postergados. Han abierto un enorme paréntesis en el que la propaganda furibunda suplanta a la realidad. Una meticulosa gestión interesada de la verdad, ha llenado el espacio público de opacidad, creando una impenetrable venda que oculta los ojos de miles de ceutíes, incapaces de vislumbrar nada que exceda de su propia nómina.

La vida transcurre en aparente calma y placidez. Han conseguido desactivar los resortes reivindicativos, y se han encallecido los sensores que alertan de los conflictos sociales; mientras nos hemos encomendado, confiados, a que el paso del tiempo, por sí mismo, obre un milagro cada vez más improbable.

De esta forma, los sistemáticos ataques a la españolidad de Ceuta son vergonzosamente obviados; nuestro inconstitucional encaje territorial es asumido con resignación traidora; la batalla por la reactivación económica se ha dado por finalizada con una estrepitosa derrota; y la cohesión social ha quedado para adornar, con rubor, la hipocresía que sostiene el discurso oficial del Presidente de la Ciudad. Todo en punto muerto. Esperando. Sin horizonte.

Pero a pesar de la importancia de este escalofriante inventario, esto no es lo peor. Lo peor es la pedagogía de inmoralidad que están practicando. El Gobierno de la Ciudad carece por completo de principios. Pero, además, presume de ello. Transmite constantemente a los ciudadanos un fatídico mensaje  de exacerbado materialismo y mezquindad espiritual que está calando profundamente en la sociedad ceutí. Han permutado la ética por la estética, sin comprender que el auténtico motor de la civilización humana no es la riqueza material, sino el conjunto de valores  intangibles que conforman el alma. Un pueblo sin valores es sólo un montón de chatarra inservible.

Cada asunto controvertido que ha requerido un posicionamiento claro del Gobierno de la Ciudad; se ha saldado con una clamorosa derrota de los principios y un apabullante triunfo de los intereses.

Aún cabe recordar como se estrenó este Gobierno tan mayoritariamente apoyado. Para obtener la presidencia se vieron obligados a pactar con la corrupción. Encubrieron en pelotazo de la Manzana del Revellín, a pesar de ser plenamente conscientes de la ilegalidad e inmoralidad que estaban cometiendo. Una empresa privada, vinculada al poder político, se apropio de una parcela propiedad de todos los ceutíes, para construir locales comerciales en contra de lo dispuesto en el PGOU, e ingresar a través de su venta centenares de millones de pesetas. El PP, y su líder, convalidaron la operación, la defendieron públicamente, y la justificaron al amparo de un sentido práctico de la gestión política, considerando la corrupción como un mal menor. Abrazaban y ensalzaban a los corruptos, mientras criticaban con dureza a quienes defendían la legalidad. Para este Gobierno, la legalidad es una fruslería que no puede detener la consecución de objetivos de mayor rango. Apología de la carencia de escrúpulos.

La sumisión ante las continuas humillaciones sufridas por el pueblo de Ceuta, con la única finalidad de no poner en peligro las transferencias del Estado, es otra constante vital de un Presidente que ha hecho del miedo su principal herramienta de trabajo político. Ha cuantificado nuestra dignidad.

Es un “suma y sigue” que parece no tener fin. Recientemente han protagonizado otro lamentable ataque, en este caso,  a los principios elementales que informan el sistema democrático. La respuesta del Gobierno de Ceuta ante el hecho conocido, y probado, de que el Ministerio de Defensa ordenó espiar a políticos, sindicalistas y personas públicas en general; es una ofensa a los ceutíes. El Gobierno de Ceuta representa a todos los ceutíes, y en consecuencia, cabe exigirle, como mínimo, la defensa de los valores que inspiran nuestra constitución  y nuestro modelo de sociedad, basado en la libertad de los ciudadanos. El abuso del ejército, pretendiendo disponer de una base de datos ilegal para ejercer un control indebido de los ciudadanos, es intolerable desde cualquier punto de vista. Implica una vuelta al régimen Franco del que en toda España se han librado hace más de tres décadas. El PP es perfectamente consciente de ello  a pesar de lo cual, han dicho públicamente que respaldan sin ningún tipo de reservas todo lo que haga la Comandancia General de Ceuta. La afirmación es, en sí misma, una estupidez insuperable. Impropia de personas con un nivel intelectual medio. Aunque lo más deleznable es la razón oculta que subyace en este posicionamiento. Saben con certeza que su postura es contraria a la defensa de los principios democráticos y que están dejando políticamente huérfanos a los ciudadanos a los que deben proteger; pero piensan que defender los principios podría suponer granjearse una cierta enemistad con el ejército, cuyos integrantes forman parte muy activa de su electorado. Así que, entre principios e intereses, como siempre: ganan intereses, pierden principios.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.