Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 23 de agosto de 2007
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Acostumbrándonos a la entrega de Ceuta
Juan Luis Aróstegui

Jean Paul Sartre, en su novela “La Náusea”, propone una interesante disquisición sobre la posibilidad de que la “costumbre sea una segunda naturaleza”. Clarividente. Empíricamente demostrado, cuando un hecho es concebido reiterada y universalmente de un modo concreto, adquiere carta de naturaleza en esa condición. La costumbre se convierte así en un arma política de extraordinaria fuerza y precisión. A largo plazo es infalible.

Ceuta y Melilla están siendo victimas de un duro ataque por parte de Marruecos para hacer efectivas sus pretensiones anexionistas. La certeza de que en el contexto internacional actual no es posible una ofensiva directa y beligerante y que en consecuencia, a corto y medio plazo, el estatus de ambas ciudades es inamovible, ha inducido al régimen de Mohamed VI a replantear su estrategia, difiriendo los plazos inicialmente previstos y utilizando medios más sutiles y sibilinos, compatibles con el complejo marco de relaciones políticas e intereses económicos en el que se encuentra inmerso. Ahora no hacen ruido, pero no han rebajado un ápice su determinación. El cambio de método no implica un cambio de intención. La hostilidad, lejos de atenuarse, se ha intensificado. La costumbre es un elemento esencial de esta nueva estrategia. Con inteligencia e implacable perseverancia, están logrando que la opinión pública se acostumbre a considerar Ceuta y Melilla como territorio marroquí. Hasta que se perciba como algo natural.

El contencioso suscitado por los llamados “menores no acompañados” refleja con meridiana claridad este proceso. Los Gobiernos de España y Marruecos se reúnen para abordar el tratamiento político que se debe dar al fenómeno migratorio de los menores marroquíes no acompañados que se introducen ilegalmente en España. Se alcanza un acuerdo sobre las condiciones de repatriación del que quedan excluidas Ceuta y Melilla. Impecablemente lógico desde la perspectiva marroquí. No se puede repatriar a quien ya está en su patria, porque Ceuta y Melilla “son” parte de la patria marroquí. Este razonamiento, que contraviene los principios constitucionales y apuñala el futuro de Ceuta, es convalidado por España con absoluta naturalidad. Estupor. Tal y como viene sucediendo en situaciones similares (podemos citar el caso de los vehículos todoterreno bloqueados en el puerto). El Gobierno del PSOE tiene perfectamente asumido que Ceuta y Melilla no valen un conflicto, ni siquiera una disensión, con Maruecos. Es natural que Marruecos defienda sus tesis, y que España esquive un problema que al fin y al cabo sólo afecta a ciento cuarenta mil ciudadanos, gran parte de los cuales son funcionarios que se mantienen allí atraídos exclusivamente por el plus de residencia.

La oposición representada por el PP se identifica plenamente con esta forma de pensar y actuar. Aunque pretendan engañarnos con sus mensajes demagógicos para consumo interno. Así lo demuestra su anuencia. Un partido que practica una oposición tan punzante y agresiva, visualizada recientemente en asuntos tales como la gobernabilidad de Navarra, o la crisis de las infraestructuras catalanas, ha permanecido mudo. Intencionadamente al margen. ¿Dónde está cínico el líder de la oposición? ¿Por qué no ha denunciando públicamente esta ignominia? ¿Dónde están las iniciativas parlamentarias para reprobar al Gobierno por su comportamiento? Es muy probable que los intereses en Marruecos de fuertes grupos empresariales vinculados al PP, le hayan aconsejado coincidir con el PSOE y abandonar “trasnochadas posiciones románticas y quijotescas” de escasos resultados prácticos.

Pero no todo son responsabilidades ajenas. Tanto la política del PSOE como la del  PP merecen la crítica más feroz. Pero la actitud del pueblo de Ceuta es, quizá, más indigna. Nuestra indiferencia no es neutral. El consentimiento que expresa nuestro desgarrador silencio contribuye, de un modo acaso definitivo, a reforzar el éxito de la estrategia marroquí. ¿Cómo es posible que los ceutíes aceptemos sumisamente hechos que cuestionan abiertamente ante todo el mundo la españolidad de Ceuta? Nos estamos acostumbrando a la entrega de Ceuta a Marruecos. Lenta y dolorosamente. Hemos perdido el sentimiento de amor a la tierra que sostiene la defensa de la dignidad de los pueblos, para convertirnos en una heterogénea amalgama de mercenarios del bienestar material inmediato sin el menor espíritu colectivo. Triste destino para una débil generación incapaz de cumplir con su deber histórico.

Por espeluznante que parezca, hemos llegado al extremo de acostumbrarnos a que en las negociaciones entre España y Marruecos, Ceuta y Melilla sean consideradas territorio marroquí. Es un paso cualitativamente decisivo para que la opinión pública española e internacional termine aceptando la reivindicación de Maruecos como algo natural. Con la vergonzosa e inestimable colaboración de unos ceutíes indolentes, abstraídos de su responsabilidad y prendidos de la más irritante futilidad.

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