Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 21 de junio de 2007
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Suspenso merecido
Juan Luis Aróstegui
El fracaso escolar se ha convertido en una de esas terribles lacras de nuestra vida pública que la comodidad, el hastío y la resignación han terminado por reducir a la más absoluta indiferencia. Es muy característico de una sociedad ceutí en descomposición. Ante los problemas sociales graves y complejos, la única solución que encontramos es levantar la mirada hacia la península con envidia, priorizar lo banal y pertrecharnos para esquivar individualmente las consecuencias de la mejor manera posible. En este caso, acudiendo masivamente a la red de servicios públicos privatizados étnicamente limpios Sin embargo, el fracaso escolar, a pesar del escaso interés que despierta en la opinión pública local, es una de las claves en las que se dilucida el futuro de Ceuta. Porque es a su vez causa y efecto de otro fenómeno de mayor calado y proyección, como es la cohesión social. Es un hecho lamentable, pero incontrovertible, que el diferencial que sitúa a Ceuta muy por encima de otras comunidades en los índices de fracaso escolar, se concentra en los sectores de población musulmana más desprotegidos. Se produce así una dinámica espiral perversa y letal. El fracaso escolar provoca conflictividad social (sin perder de vista la tentación del integrismo) que abona el terreno para recrudecer fracaso escolar. Periódicamente, y siempre coincidiendo con la publicación de datos oficiales, se produce un fugaz revuelo en el que todos los estamentos implicados se sienten en la obligación de pronunciarse fingiendo preocupación. Superada la tormenta mediática, las cosas vuelven al anodino cauce del desden. Todos se conforman con las apariencias, que transmiten una imagen de normalidad. Los niños y niñas asisten a los centros, entran y salen a sus horas, y promocionan a los cursos que les corresponde según la edad. Suficiente. A nadie interesa analizar la calidad y eficacia de los procesos de aprendizaje. Esta desidia es censurable en el caso de la ciudadanía; pero resulta absolutamente inaceptable en los responsables políticos. Hasta ahora, la única obsesión, tanto del PSOE como del PP, ha sido demostrar a la opinión pública que el culpable del fracaso escolar es el partido rival, en lugar de admitir los hechos y procurar soluciones compartidas, ante un reto que sobrepasa los límites de la capacidad partidista. Un requisito previo, imprescindible para avanzar en esta dirección, seria rellenar el enorme hueco que deja nuestra anómala situación política como consecuencia de no ser Comunidad Autónoma. No existe quien diseñe una política educativa específica para Ceuta, adaptada a una realidad social muy singular. El Gobierno de la Ciudad se inhibe alegando falta de competencias en la materia; la Dirección Provincial del MEC es un órgano de ejecución con escaso (por no decir nulo) margen de maniobra para tomar decisiones; y los servicios centrales del ministerio, desde la lejanía física y psicológica, asumen la gestión de nuestros asuntos imbuidos por el fastidio de quien hace las cosas forzadamente, sin interés alguno, y condicionado por una desesperante ignorancia. Ambos gobiernos deberían hacer un esfuerzo por abandonar la impropias y estériles reticencias mutuas, y aunar voluntades, para crear una Comisión de Política Educativa (sustitutiva del Consejo Escolar) que, integrada por representantes de las dos administraciones, del profesorado y expertos en pedagogía, elaborara un plan de actuación, a partir de un diagnóstico minucioso de la casuística que origina los fallos del sistema. En este contexto existen algunas cuestiones muy evidentes que convendría abordar de inmediato. Uno. Una opinión unánime de los profesionales es que gran parte del fracaso escolar se debe a la dificultad (paradójicamente creciente) de amplios sectores de población musulmana para dominar el idioma español. Es muy complicado asimilar conocimientos que se imparten en una lengua que no se comprende. Esta dificultad se intensifica en la medida en que el nivel de los conocimientos (y por tanto la exigencia del idioma) se va elevando, hasta llegar al muro infranqueable de la secundaria. Es un drama que no se puede obviar. Ni despachar desplazando la responsabilidad a los afectados o a sus familias. Lo primero que debemos aceptar es que no se trata de un problema individual sino social. De nada sirve intentar enseñar a quien no está en condiciones de aprender. Es necesario desprendernos definitivamente del vértigo que provoca abordar estos asuntos, como si su tratamiento implicara una concesión irreversible al enemigo. Determinados centros deben implantar un programa de inmersión lingüística intenso y extenso. Pero además, es urgente asignar a cada una de las unidades de educación infantil de esos centros, personal auxiliar asistente que garantice que los conocimientos impartidos por el profesorado son entendidos por el alumnado. Dos. El Convenio entre el MEC y la Ciudad es un instrumento muy valioso para la mejora de la calidad de la enseñanza, porque facilita la puesta en marcha, de un modo inmediato, de proyectos y medidas innovadoras para atender a las demandas que surgen a mayor velocidad que la legislación. Sin embargo, está anquilosado. Ha caído en una especie de rutina administrativa que reproduce, con leves retoques, las mismas pautas un curso tras otro. Urge una redefinición de sus objetivos y programas, porque en él podemos encontrar respuestas a situaciones inabordables para los centros, que generan una enorme frustración. Tres. Ceuta dispone en la actualidad de muchos recursos provenientes de diversas administraciones; pero están desaprovechados, dispersos y desorientados. Es perentorio articular mecanismos de coordinación entre las instituciones que participan en la enseñanza, en cualquiera de sus vertientes, con la intención de unificar objetivos y aplicarse al máximo en su consecución. Como ejemplo, valga el escaso respeto que se observa en Ceuta al concepto “educación obligatoria”. A cualquier hora, dentro de la jornada escolar, es fácil ver jóvenes deambulando por la Ciudad (andando o en moto) ante la mirada impávida de la Policía Municipal. Es un momento adecuado para intervenir. Tenemos tiempo suficiente para organizar el próximo curso, iniciando con paciencia un necesario proceso de perfeccionamiento del sistema que se antoja vital. Aunque lo más probable, a tenor de los precedentes, es que el Ministerio y el Gobierno de la Ciudad continúen sus prolongadas vacaciones.
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