Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 28 de junio de 2007
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Incorporación inmediata a la unión aduanera
Juan Luis Aróstegui
Hace aproximadamente seis años, y auspiciado por el Gobierno de la Ciudad, se desarrolló un breve debate sobre las ventajas e inconvenientes de que Ceuta renunciara a su condición secular de puerto franco y se incorporara a la Unión Aduanera, emulando a la Comunidad Canaria que adoptó en su día una decisión similar con excelentes resultados. Algunas opiniones autorizadas bastaron para concluir la improcedencia de tal medida. En aquel momento, aún se conservaba activo el espíritu de lucha y se mantenía la esperanza de modelar un sistema económico de futuro. A pesar de las inevitables dudas e incertidumbres, la intención no se cuestionaba. Instituciones y entidades sociales trabajaban con denuedo buscando alternativas y explorando caminos. En ese contexto parecía temerario prescindir de una potente herramienta, piedra angular de la economía ceutí durante más de un siglo, y que bien podría seguir siendo enormemente útil como pieza básica de la nueva estructura, aún por definir. Después de un lustro negro, el escenario ha cambiado radicalmente. La ciudadanía ha asumido la imposibilidad de que Ceuta pueda articular un modelo económico capaz de generar empleo y riqueza en términos óptimos para garantizar la autosuficiencia. Todos los proyectos de reactivación, y con ellos la ilusión, se han ido desvaneciendo ante la indolencia e incredulidad generalizadas. Las reglas de origen han pasado a ocupar un lugar en la galería de los recuerdos como un vocablo curioso e indescifrable. El muelle de contendores es un ridículo señuelo electoral que, de vez en cuando, agita la Autoridad Portuaria para justificar su deserción. El turismo sólo ha servido como argumento de chistes para el ingenio popular ante la insufrible catarata de datos delirantes (en el mes de mayo la ocupación hotelera ha sido del 45% después de años de glorioso éxito de la política turística, gorrito incluido). De la recuperación del comercio ya nadie habla; sólo resisten las franquicias, las cadenas nacionales, variopintos negocios familiares y algún segmento muy peculiar (como el automovilístico). La administración local, regodeada en su prolongado y rutilante triunfo electoral, se limita a mirarse el ombligo repitiéndose lo brillantes que son, mientras huyen despavoridos de cualquier complicación. El Gobierno de la Nación es un perfecto absentista en estas lides, haciendo permanente ostentación de su absoluto desinterés por el devenir de la economía de Ceuta. Las asociaciones empresariales, reconvertidas en fútiles academias, han perdido toda su capacidad reivindicativa; y sus integrantes se dedican a mendigar individualmente contratos o prebendas públicas, mediante el conocido método de la adulación o proximidad al poder. A los sindicatos les ha quedado reservado el siempre digno aunque estéril papel de clamar en el desierto. Pero la economía es una actividad que fluye por si misma sin sujetarse a reglas predeterminadas. Lo que no se ordena se produce por generación espontánea. De este modo, y con la pasividad anuente de todos los agentes implicados, hemos permitido que se consolide un modelo económico de tipo colonial; sustentado en un desmesurado sector público, un moderado sector de servicios complementarios, inducido por el fuerte poder adquisitivo de los salarios públicos; y un creciente (a ritmo galopante) sector de economía sumergida, clandestina o irregular, desarrollado preferentemente por marroquíes, que desempeñan las labores más duras con salarios muy bajos y desprovistos de protección social, pero que multiplican su renta por catorce con tan sólo cruzar la frontera. En estas condiciones, mantener el régimen de puerto franco carece por completo de sentido. La integración en la Unión Aduanera, además de reportar indudables ventajas de tipo psicológico y político, al reducir la excepcionalidad de Ceuta (siempre pensando en la defensa de nuestra españolidad ante la opinión pública nacional y sobre todo internacional); eliminaría las trabas que sufre en la actualidad la actividad económica derivadas de la existencia de la aduana. En consecuencia, y tomando en consideración que la Unión Europea establece siempre periodos transitorios flexibles cuando se acometen cambios de régimen económico o fiscal de esta naturaleza para garantizar su inocuidad; lo más razonable es iniciar, cuanto antes, los trámites para solicitar la incorporación de Ceuta a la Unión Aduanera, y abordar las negociaciones pertinentes para pactar las condiciones que propicien el tránsito del modo más conveniente para los intereses de Ceuta.
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