Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 14 de junio de 2007
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¿Es recuperable el PSOE?
Juan Luis Aróstegui

Hace muchos años (dieciséis) que el PSOE, autoinmolado, es un partido residual en nuestra Ciudad, sin presencia, incidencia ni influencia efectivas en el devenir de la vida política. A modo de franquicia decadente, ajena por completo al interés de la ciudadanía, ha mantenido abierta la sede y expuestas las siglas, reproduciendo, como un eco remoto e innecesario en la era de la comunicación, las consignas y discursos pronunciados desde Madrid. La dirección ha estado sometida, desde entonces, a un continuo trasiego de personas, siempre condenadas emprender el mismo viaje a ninguna parte por el ignoto espacio de lo imposible. Todos los intentos de reflotación han terminado estrellados contra el muro de la frustración. Porque nunca se han abordado con la profundidad y el rigor precisos las causas que han provocado esta situación. Los responsables, en cada ocasión y según los casos, han preferido justificar la impotencia agarrándose a excusas, anécdotas, entelequias, paranoias o sencillamente mentiras.

Sin embargo, y a pesar de que las crisis del PSOE se han hecho costumbre y forman parte del paisaje, la actual ha producido un fuerte impacto en la conciencia de una gran parte de los ceutíes que se reclaman de la izquierda. Es fácilmente comprensible. El apabullante dominio del PP, la consolidación de la bipolarización del voto por razones étnicas, y la ausencia en las instituciones de otros proyecto alternativos que representen los valores progresistas; definen un mapa político que provoca estupefacción, sonrojo y preocupación en la izquierda. La frase vuela de boca en boca de hombre y mujeres bienintencionados: “así no podemos seguir”. Los resultados del PSOE en las últimas elecciones han servido para demostrar taxativamente que una crisis de tanto calado no se puede superar esperando una resurrección milagrosa auspiciada por la marca electoral, o por la capacidad de movilización del voto teledirigida desde el Gobierno de la Nación. Esta estrategia ha quedado definitivamente descalificada porque, en su desarrollo, se han empleado todos los medios imaginables (incluyendo la visita del Presidente del Gobierno) sin resultado alguno.

¿Quiere esto decir que el PSOE es irrecuperable? Evidentemente, no. Es más, la recuperación del PSOE es una pieza clave para garantizar un marco políticamente estable para el futuro de Ceuta. El PSOE, por la solidez de su posición política en el conjunto del estado, es la mejor opción para albergar un nuevo proyecto político para Ceuta, integrador y participativo, inspirado en los valores y principios de la izquierda adaptados a nuestra compleja realidad, generador de soluciones creíbles y eficaces para los graves problemas que afectan a la ciudadanía, capaz de transmitir confianza e ilusión, y arraigado en las señas de identidad presentes y futuras de Ceuta. Lo que ocurre es que no es fácil. Requiere un notable esfuerzo de muchas personas, y la voluntad de la propia dirección estatal, que en estos momentos se intuye utópica.

La sugestiva empresa de reconstrucción de la izquierda en Ceuta está vinculada a la resolución de tres nudos fijos que, hasta ahora, han actuado como destructores de toda expectativa.

Uno. El PSOE no puede seguir apareciendo, para la inmensa mayoría de la población, como un partido enemigo de Ceuta, más preocupado por los intereses de Marruecos que por nuestra españolidad. La imagen del PSOE que ha quedado prendida en la retina de los ceutíes es la de la “entrega masiva e indiscriminada de carnés de identidad”; la del partido que se opuso a Ceuta, cuando en la calle se manifestaba todo el pueblo reclamando el cumplimiento de la Transitoria Quinta; y más recientemente, la de los vehículos aparcados indignamente en el puerto, o la del vaso de agua escapista de Zapatero. Esta es una herida que supura en exceso y que no se cierra espontáneamente. Todos los intentos de despojarse de la vitola de partido débil y melifluo ante asunto tan trascendental para la Ciudad, han sido extremadamente tímidos y escasamente convincentes.

El PSOE debe asumir que cualquier operación de refundación está condicionada a que se produzcan una  serie de gestos políticos inapelables, suficientemente explícitos y contundentes, que devuelvan a los ceutíes la confianza en sus siglas, al menos, en la defensa de la españolidad de Ceuta. La ambigüedad es un lastre insuperable.

Dos. El PSOE debe abordar con valentía la definición, concreta y exacta, de su política respecto a la integración del colectivo musulmán en un cuerpo social cohesionado, más allá de los previsibles discursos formales y los lugares comunes, sin virtualidad alguna. Esta no es una cuestión menor, y es justo reconocer la dificultad de encontrar un camino acertado. En Ceuta se vive y practica lo que podríamos llamar un “racismo colectivo tolerante”. Todos somos conscientes de que en Ceuta estamos obligados a entendernos, que la tolerancia es imprescindible para vivir, y que es preciso combatir el racismo; pero no conseguimos erradicar del subconsciente colectivo la dicotomía “ellos/nosotros”. Esta  realidad sin parangón se convierte en una trampa mortal para un partido político de izquierdas. La defensa firme y beligerante de los postulados antirracistas, en concordancia con sus fundamentos ideológicos esenciales,  ahuyenta a sectores que en teoría deberían formar parte de su base social, y que se refugian en el PP, al que identifican como un partido más “suyo”. Pero por otra lado, la abstracción, inhibición o contemporización en esta materia, como remedio para evitar las deserciones, desfiguran el proyecto hasta hacerlo irreconocible. Un partido sin referencias nítidas para la sociedad se convierte en algo ininteligible perfectamente prescindible.

Tres. El PSOE debe entender que no puede aspirar a representar a la izquierda de Ceuta desde la contumacia en la exclusión. La historia convulsa de este partido durante más de dos décadas, proporciona suficientes argumentos a todos los protagonistas, directos o indirectos,  para alimentar y justificar incompatibilidades y vetos mutuos. Pero el sumatorio final de esta sucesión  de rechazos es cero. Y desde cero sólo se puede seguir en el pozo.

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