Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 31 de mayo de 2007
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Número claros, realidad más confusa
Juan Luis Aróstegui
Los resultados de las elecciones municipales se han ajustado a los pronósticos con extraordinaria precisión. Todos los partidos contendientes han obtenido un número de votos muy próximo a la estimación previa, confirmando el diagnóstico sobre la situación política de Ceuta que, analizada en su conjunto y al margen de cada perspectiva individual, presenta algunos perfiles preocupantes que invitan a la reflexión. Las claves que explicaron el voto masivo al PP hace cuatro años se han visto reforzadas, afianzando de esta manera un dominio del escenario político prácticamente asfixiante. La inmensa mayoría de los ciudadanos identifican al PP con el partido que mejor defiende la españolidad de Ceuta, y que se opone con más solvencia a un temido proceso de marroquinización de la Ciudad. El miedo a “perder” Ceuta, como consecuencia lógica del crecimiento demográfico de la población musulmana, incrustado ancestralmente en el subconsciente de los ceutíes, es el más poderoso factor de movilización del voto en la Ceuta actual. Desde los sucesos de Perejil, tal y como ocurre en Melilla, el PP aglutina este sentimiento primario de unión en la supervivencia ante un peligro inminente y creciente. Este fenómeno se complementa y perfecciona con una gestión de gran impacto visual (aunque centrada en los aspectos más triviales de la política municipal); y con un presidente adornado por cualidades muy apreciadas por los ciudadanos, y que transmite confianza. Es una fórmula infalible porque los ceutíes ya han renunciado a otras aspiraciones de más alto rango o proyección. Esta misma concepción del voto convierte al PP en invulnerable ante los errores, los desmanes, los abusos y las corruptelas, que han pasado a ocupar un lugar muy remoto en la valoración del cuerpo electoral. Lo que ocurre es que este proceso, que provoca la exacerbada felicidad miope del PP, no es inocuo sino que desencadena una reacción perversa cuyos efectos también han quedado patentes en estas elecciones. Se ha consolidado el voto étnico. En este caso capitalizado por UDCE. Este hecho, no por conocido deja de ser dramático. Los discursos políticamente correctos sobre esta materia se han evaporado súbitamente ante la contundencia expresada por el recuento de cada una de las mesas electorales según su ubicación. Una Ciudad que presume de practicar una democracia avanzada, que manosea sin pudor el concepto de integración, que alardea de tolerancia, y que se califica así misma de madura; no puede aceptar impasible la existencia de partidos políticos fundamentados en la defensa de los intereses de un sector de la población definido por su raza. La división étnica con tendencia a la radicalización es el germen de la destrucción. Esta no es una cuestión baladí. Más bien al contrario, es el auténtico nudo gordiano del futuro de Ceuta, al que sin embargo, nadie parece prestarle la atención que merece. Todos somos responsables (en diferente medida pero sin excepciones) de la existencia de partidos de inspiración étnica, porque no hemos sabido articular un sistema de partidos basados en ideologías en el que se sintieran representados los musulmanes, en especial lo más jóvenes y/o marginados. Es muy difícil reconducir los fenómenos sociales una vez que se han activado, pero estamos en la obligación de intentarlo. Para ello se requiere tiempo, paciencia y generosidad. Y no parece que el PP, sumido en un profundo éxtasis espiritual, este dispuesto a hacer el menor sacrificio. Están embargando el futuro. Una consecuencia directa de esta bipolarización del voto es la dificultad intrínseca para consolidar un proyecto político que represente a la izquierda. No queda espacio. Los exiguos votos cosechados por el PSOE, después de pasear al Presidente del Gobierno, al Presidente de Andalucía, a varios Ministros, y de haber manejado durante tres años los resortes de poder de la Delegación del Gobierno; se pueden considerar como un mínimo técnico residual. El PSOE carece de identidad como proyecto político en Ceuta. A penas unas siglas sostenidas artificialmente. En gran parte por un error estratégico muy evidente de su dirección, que ha practicado un sectarismo suicida prescindiendo de todo el que no aceptara incondicionalmente la línea oficial. Han terminado por no tener base social alguna. Y por otro lado, por la resistencia de la dirección federal del PSOE a sensibilizarse de un modo más explícito con los intereses de Ceuta, mostrando una mayor firmeza ante las constantes agresiones de las que somos objeto por parte de Marruecos. Lo cierto es que hoy, en Ceuta, la izquierda es una entelequia sin presencia ni influencia real en la sociedad. Es un grave problema que desequilibra el sistema por mutilación dialéctica. Urge su regeneración mediante un proceso de redefinición y adaptación de los valores progresistas a una realidad muy peculiar, sin parangón, y sin referencias. Debe ser un proceso sin exclusiones, sin condiciones, y sobre todo, sin anteponer las conclusiones a los razonamientos. La única incertidumbre que dejaba abierta la campaña electoral se resolvió, como es costumbre, en contra del PSPC. Sus más de mil quinientos votos, que hubieran otorgado un escaño en un sistema proporcional, no fueron suficientes para superar el listón del cinco por ciento, impuesto por la ley electoral. El único representante del localismo no tendrá la oportunidad de enarbolar su discurso reivindicativo en la Asamblea. Otra víctima de la bipolarización diabólica que simplifica y empobrece la política. Es un resultado muy ambiguo y difícil de interpretar. Por un lado, y tras ocho años de ausencia en la Asamblea, se antoja imposible la revitalización del localismo desplazado de las instituciones durante cuatro años más. Pero por otro parte, la fidelidad de un número significativo de votantes, y la certeza de que los postulados que lo fundamentan están plenamente vigentes, sitúa a sus militantes ante la obligación moral de seguir defendiendo Ceuta desde sus convicciones. Tortuoso dilema. Podemos concluir diciendo que las elecciones han dibujado una realidad aritmética muy nítida y simple; pero esos números esconden un sustrato político mucho más complejo y confuso, lleno de riesgos y amenazas, en el que lo esencial es empezar a trabajar con las ideas, cuanto antes mejor, hasta acertar con la estrategia global que garantice un mejor futuro para Ceuta.
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