Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 10 de mayo de 2007
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Navieras protegidas por partidos políticos
Juan Luis Aróstegui
Las compañías navieras que prestan sus servicios en la travesía marítima entre Ceuta y Algeciras han incorporado, como un elemento esencial de su cultura empresarial, la tortura sistemática, pertinaz e incluso sádica a los ceutíes. El mero intento de describir la infinidad de experiencias traumáticas sufridas por los pasajeros, sería una misión imposible. No habría enciclopedia capaz de albergar tal volumen de información. El atropello como norma. El desprecio como vitola. Un ejemplo entre innumerables, repetido hasta la saciedad, nos sirve de referencia explicativa. Domingo noche. Último barco. Una familia, desplazada a la península, se dispone a regresar utilizando para ello su billete expendido con precisión y antelación. De repente, sin previo aviso ni causa que lo justifique, un empleado anuncia: “el barco no sale”. Cierra la ventanilla y se marcha. Nadie se responsabiliza de aquella decisión. Los afectados saben, perfectamente, que la suspensión obedece al interés de la naviera (no es rentable fletar el barco con un pasaje escaso). Perplejidad. Indefensión. Indignación. Impotencia. Nada se puede hacer. Cada cual deberá resolver la situación con sus propios medios. Al cabo del tiempo, y como única reparación del daño, los ilusos que protestan, recibirán una carta pidiéndole, para mayor escarnio, que sigan teniendo confianza en la compañía. Episodios dantescos como este, y similares, que se reproducen diariamente castigando sin piedad a las resignadas víctimas, serían un argumento suficiente para que las instituciones políticas, cuya finalidad es procurar el bienestar de los ciudadanos, intervinieran con energía y firmeza para acabar con este abuso. Pero es aún mas grave. La tiranía que ejercen las navieras en el cordón umbilical que une Ceuta con la península cercena las posibilidades de desarrollo económico. Resta competitividad al comercio. Encarece la construcción (la vivienda). Estrangula el turismo. Impide la industria. Letal. El monopolio del expolio que practican las navieras, bajo la fórmula de una falsa competencia, adquiere la condición de afrenta pública, cuando es evidente y demostrable que la explotación abusiva de este paso obligado es una auténtica mina de oro que proporciona inconfesados beneficios. La aportación de los presupuestos del estado en sus diversas modalidades, y la cautividad de los transeúntes del paso del estrecho, convierten este servicio en un negocio envidiable, garantizado y de una rentabilidad rayana en la usura. La campaña publicitaria organizada por este medio de comunicación, hace unos meses, puso al desnudo la terrible verdad de unas tarifas nauseabundamente abusivas. Esta es una realidad sobradamente conocida en Ceuta. Existe la convicción unánime de que es uno de los problemas que afectan de manera más directa a la calidad de vida de los ceutíes. La lógica nos conduce a pensar que debería ser uno de los argumentos claves de esta campaña electoral. Sería importante clarificar las intenciones de los partidos políticos en esta materia. Sin embargo, y como ha sucedido con el Estatuto de Autonomía, tanto PSOE como PP, han decidido excluir esta cuestión de sus programas y ofertas electorales. Pretenden hacerla políticamente invisible. Una vez más, el interés de los partidos llamados grandes suplanta al interés general. PSOE y PP protegen a las navieras, y con la pasividad de las instituciones que gobiernan, las blindan en su indecente comportamiento. La única explicación de la connivencia entre PSOE y PP y las compañías navieras; reside en la ancestral y sólida vinculación entre empresas y partidos que ha nutrido abundantemente la historia de la corrupción política en España. Los ciudadanos no deben seguir siendo cómplices de su propio sufrimiento. Es urgente pasar a la ofensiva. Desde el Ayuntamiento se puede, y se debe, actuar. Promoviendo una política de precios justa y razonable, asequible para todos, y no sólo para los militares. Poniendo en marcha un mecanismo eficaz de protección y defensa de los usuarios, que garantice un servicio de calidad y el respeto a los derechos básicos de los consumidores. Podemos cambiar las cosas. Hace falta.
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