Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 24 de mayo de 2007
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El PSPC Hace Falta
Juan Luis Aróstegui
La campaña transcurre lánguida consumiendo tediosamente el tiempo en impaciente espera de un desenlace inexorable asumido previamente por el cuerpo electoral. El PP, ejerciendo su rol de partido hegemónico desde los sucesos del Islote Perejil, no se ha esmerado en confeccionar un programa. Henchido de su apabullante victoria, se ha limitado a cubrir el expediente, repitiendo cansinamente un mensaje anodino, indefinido y abstracto, impregnado de continuidad. Quizá no les haga falta más. El PSOE, como era previsible, ha pasado completamente desapercibido. Al margen del desmesurado despliegue de medios (al calor de las “simpatías” que siempre despierta ostentar el Gobierno de la Nación), han sido incapaces de conectar con la sensibilidad de la ciudadanía. Harán más (o menos) lo mismo. Es decir, la nada o el ridículo según las circunstancias. Ni una sola propuesta que digna de tal consideración (lo del tranvía quedará para los anales como paradigma de la estulticia). Las candidaturas que aspiran a representar al colectivo musulmán, libran su particular batalla en un universo paralelo, desmintiendo con los hechos sus palabras sobre la aconfesionalidad de sus siglas. No ha faltado la candidatura espontánea que siempre aparece con motivo de una cita electoral y con fecha de caducidad incorporada. El turno ha sido para los verdes ¿del centro? Todos estos partidos tendrán un resultado invariable desde el punto de vista cualitativo. Su cuantificación definitiva es irrelevante. Así las cosas, la única incertidumbre que queda por despejar, y que ha salpicado toda la campaña electoral, es la suerte que correrá el PSPC. Su posible regreso a la asamblea ha suscitado pánico, ilusión, alegría, alivio, fastidio o entusiasmo, según los casos. Pero a nadie ha dejado indiferente. Una mayoría muy amplia reconoce que la presencia del PSPC en la asamblea es muy útil para la Ciudad, coincidiendo en lo acertado del eslogan elegido para su campaña. Porque, evidentemente, el PSPC hace falta. Cuatro argumentos solventes avalan esta afirmación. Uno. La composición actual anula la capacidad reivindicativa de la Asamblea, con el consiguiente perjuicio para Ceuta. En asuntos vitales, tales como nuestro derecho a ser Comunidad Autónoma, la visita oficial del Rey, el problema de las navieras, y el largo y conocido etcétera; PSOE y PP comparten responsabilidad y, por tanto, silencio. Los episodios vividos este mandato (valga como ejemplo el de los vehículos regalados que Marruecos se negó a que entraran por Ceuta), que suponen una humillación y un escarnio ante la opinión pública internacional, fueron aceptados de un modo vergonzante por una Asamblea que, a fuerza de no querer problemas, está malbaratando la dignidad de nuestro pueblo. Hace falta recuperar el orgullo de sentirse ceutí. No con palabras hueras, sino con actos de firmeza cargados de elocuencia. El PSPC encarna la voz valiente de los ceutíes que no tienen que pedir disculpas ni permiso para defender los intereses de nuestra tierra. Dos. La situación política de Ceuta demanda una pieza de equilibrio que corrija la dinámica de enfrentamiento soterrado entre comunidades en la que nos tienen inmersos quienes obtienen de ella enormes y tangibles beneficios políticos y materiales a corto plazo. Mientras se difunde un discurso impecable desde las instituciones, por las calles vuela el veneno mortal de la división propagado por irresponsables sin escrúpulos que conocen la fuerza del odio para aglutinar voluntades. Se impone un frenazo urgente, reflexivo y generoso. El PSPC representa los valores esenciales que deben inspirar la obligada política de integración llamada a ser la piedra angular de la Ceuta de este siglo. Tres. Es necesario que exista oposición. Es garantía de transparencia y supone un imprescindible estímulo y un fértil acicate para el Gobierno. El anterior no ha tenido oposición, creando un mal precedente. Porque un ejército de depredadores, enrolados en el PP, ha visto el negocio fácil a su alcance y se apresura a explotar tan pintiparada oportunidad (con el debido respeto a otras muchas personas absolutamente decentes que forman parte de ese grupo humano). La sonrisa amable de Juan Vivas esconde un cúmulo de intereses espurios que es preciso controlar para evitar un descalabro fácilmente predecible. Estos aprovechados conocen perfectamente la debilidad de Juan Vivas. Su propia bonhomía, que tanto valoran los ciudadanos y tan buenos resultados electorales le augura, es un factor de corrupción de imprevisibles efectos. Juan Vivas nunca dice que no a nadie. Los corruptos lo saben y de ello obtienen rédito. Es necesario que una oposición firme, rigurosa, intransigente e implacable evite los desmanes que puede provocar la manifiesta falta de autoridad del futuro Presidente. Cuatro. Hacen falta ideas nuevas. El PP se ha fosilizado como consecuencia de su propio éxito. Sólo se atiende a si mismo en un ejercicio de endogamia exacerbada. Las propuestas que ha presentado el PSPC en su programa (subvenciones a la vivienda, transporte marítimo, gratuidad de estudios universitarios, carta de derechos sociales…), marcan el camino de una perentoria transformación de la orientación de política municipal, para que la institución más poderosa de la que disponen los ceutíes se dedique a atender las necesidades y preocupaciones que realmente afectan a los ciudadanos.
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