Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 29 de marzo de 2007
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La Piltrafa
Juan Luis Aróstegui
La trayectoria del PSOE en Ceuta es digna de un minucioso estudio poliédrico, en el que los factores psicológicos y sociológicos pugnarían con los estrictamente políticos para explicar racionalmente un cúmulo de hechos desconcertantes, que transitan por el espacio de lo absurdo. De entre todas las características que adornan este prolongado proceso degenerativo, cabe destacar su exacerbado masoquismo, inducido por una deriva autodestructiva, que arrasa inmisericorde todo lo que encuentra en su camino. Sepultaron la ideología, han frustrado a las personas, y están pulverizando las instituciones que gestionan. Nada resiste su corrosiva impronta. Hace ya demasiado tiempo que el PSOE local se convirtió en una ridícula agrupación de miserables intereses personales, carente de proyecto y de proyección, que abdicó de los principios progresistas para instalarse en una extraña mezcla de postulados conservadoras y neoliberales, en su afán de competir con el PP en su propio terreno; en una Ciudad en la que las circunstancias son muy propicias para alimentar la semilla de los sentimientos más insolidarios. Este hecho justifica que las personas que profesan ideales izquierdistas abominen de este partido. Sus escasas incorporaciones provienen de jóvenes o foráneos que confían en el valor de las siglas y desconocen la corrupción ideológica que se esconde en ellas. Siempre terminan por salir huyendo cuando descubren la ratonera en la que se han metido. Por otro lado, la política desarrollada históricamente por el PSOE desde el Gobierno de la Nación, se ha hecho acreedora al odio de los ceutíes. Su oposición frontal a la Transitoria Quinta, cuando su reivindicación era un clamor popular; el mal explicado proceso de nacionalizaciones llevado a cabo al principio de la década de los ochenta; y el constante, evidente y humillante servilismo ante Marruecos; sazonado con abundantes muestras de desidia, desinterés, desdén o indiferencia hacia todo lo relacionado con Ceuta; han llevado a que la inmensa mayoría de los ciudadanos identifique el PSOE como un partido enemigo de Ceuta. No es casual que todo un PSOE, con el enorme peso específico que tiene en la política española, no pase de un marginal ocho por ciento de representatividad (un resultado que ni si quiera se produce en los lugares más hostiles del país vasco). La pronunciada tendencia a la autoinmolación, animada por el egoísmo y los intereses personales de sus actuales dirigentes, ha provocado que el PSOE despilfarre todas las oportunidades que ha tenido para regenerarse. Desde su particular atalaya de soberbia han construido un discurso paranoico que se transmiten endogámicamente, sin comprender que no despierta el más mínimo interés en la población, y que carece de toda credibilidad. No les parece suficiente. Empeñados en cumplir rigurosamente la conocida Ley de Murphy, han empeorado lo que era susceptible (aunque difícil) de empeorar. Así que han decidido arruinar, también, el prestigio y la reputación de la Delegación del Gobierno en Ceuta. Esta institución ejerce una notable influencia en nuestra Ciudad. Por los asuntos en los que es competente, y por los poderosos resortes de control y poder que maneja, la Delegación del Gobierno ha sido siempre muy respetada por los ceutíes, independientemente del partido y la persona que la dirigiera. Hasta ahora. El PSOE, como la enésima demostración de desprecio a Ceuta, decidió enviar, como Delegado del Gobierno, a un individuo jubilado de la política andaluza, que figuraba por lástima en la nómina de un ministerio desempeñando el puesto de estorbo; y que sólo busca en nuestra Ciudad un retiro dorado. Desde su llegada no ha parado de exhibirse como un imprudente petulante, autoritario, ignorante y sectario. Enfáticamente insensible con Ceuta, y destilando una especial inquina hacia los ceutíes, su delirante obsesión es utilizar la institución que gobierna para resucitar al cadáver político que es el PSOE local. La prueba irrefutable de tan innoble propósito nos la proporcionó la creación del “órgano de coordinación” entre la ejecutiva del PSOE y los Directores Provinciales, otorgándole rango institucional. Disparate sin precedentes. Desde el punto de vista de su virtualidad política, es un órgano inútil, ya que todos sus integrantes son miembros del PSOE y se pueden reunir cuantas veces les parezca oportuno en la sede de su partido. Su auténtica intención es visualizar ante la opinión que la Delegación del Gobierno se ha convertido en una Oficina Electoral del PSOE, para que el clientelismo político que se pueda generar desde ella se traduzca en votos. A partir de ahora, nadie puede confiar en que las decisiones de la Delegación del Gobierno estén inspiradas en los principios de equidad, imparcialidad y defensa de los intereses generales. Bien al contrario, cada uno de sus actos estará manchado por la sospecha de obedecer a un interés particular o partidista. La Delegación del Gobierno ya no es una institución respetable. Han conseguido transformarla en una piltrafa.
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