Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 22 de marzo de 2007
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Datos, cuentos y vergüenzas compartidas
Juan Luis Aróstegui
El acceso a la vivienda se está convirtiendo en una auténtica pesadilla para sectores cada vez más amplios de población. Incide de un modo muy directo en la calidad de vida, en la autoestima y en las posibilidades del desarrollo de los proyectos familiares de miles de ciudadanos; pero es especialmente lacerante con la juventud. Las lógicas y legítimas ansias de emancipación de quienes buscan con afán su independencia, se ven reiteradamente castradas por un conjunto de decisiones políticas que desfiguran el derecho constitucional a la vivienda, y lo transforman en una quimera para los jóvenes, y en un suculento negocio para los especuladores que siempre terminan encontrando cobijo en las instituciones. El problema de la vivienda se resuelve con suelo y dinero. En nuestra Ciudad no existe ni lo uno ni lo otro. La escasez de suelo en Ceuta, provocada por el contumaz rechazo del Gobierno de la Nación a asignar un uso racional a las parcelas de titularidad pública (en especial a las de propiedad del ministerio de defensa que se encuentran ociosas); así como una manifiesta falta de voluntad política para destinar los fondos necesarios a la inversión en vivienda; han agudizado en extremo una situación ya de por sí muy delicada. Se ha sustituido la construcción de viviendas públicas por una versión singular de las denominadas “soluciones habitacionales” (infeliz expresión de la ministra para explicar su rotundo fracaso), que consiste en condenar a los demandantes de vivienda a hacinarse en los pocos metros cuadrados que queden disponibles en las viviendas de la familia. Una correcta política de vivienda debe actuar en una triple dirección. Facilitando suelo y propiciando condiciones óptimas para impulsar la iniciativa privada. Promoviendo planes de protección para el acceso a la vivienda privada para los tramos intermedios de renta. Y desarrollando planes de construcción de viviendas públicas para los sectores con menor renta y autonomía económica. En este último ámbito la intervención de la administración es insustituible. En primer lugar porque no existe alternativa; y, en segundo término, porque va dirigida a quien más lo necesita, parámetro básico de toda acción de gobierno. En consecuencia, es la que debe concentrar los mayores esfuerzos. Desde esta perspectiva, el resultado de la política de vivienda en Ceuta es desolador. Durante el mandato del actual Presidente de la Ciudad, que comprende ya más de seis años, se han entregado trescientas trece viviendas de promoción pública. Una cifra que, generosamente, alcanza el calificativo de ridícula. Tomando en consideración que estamos ante una de las llamadas competencias compartidas (entre el Gobierno de la Nación y el Gobierno de la Ciudad), la vergüenza también ha de ser obligatoriamente compartida. Los sucesivos gobiernos de la nación ostentados alternativamente por PSOE y PP durante este periodo (tres años cada uno) muestran una maléfica concomitancia atentando contra el elemental principio de equidad y justicia. Ceuta sigue teniendo el déficit mayor de viviendas de España, debido a la negligencia y desinterés, cuando no animadversión, de estos partidos. El ínfimo interés y nula sensibilidad del Gobierno de la Ciudad respecto a esta cuestión, quedaron fehacientemente demostrados al designar a un miembro del GIL (expertos en trapicheos inmobiliarios) como responsable del área de vivienda. Pero, claro está, se aproximan las elecciones. Este hecho sí que activa el auténtico interés de PSOE y PP. Tocan a rebato para la succión del voto. Así que es preciso apresurarse a poner en marcha el dispositivo de engaño masivo antes de que el cuerpo electoral reaccione. Como primera medida, se fabrican las estadísticas sumando conceptos heterogéneos (viviendas privadas con públicas) para poder ofrecer datos que no escandalicen. Y, a continuación, siguiendo con las pautas de conducta de los trápalas, morosos y estafadores; se renuevan, refrescan y maquillan las eternas promesas incumplidas, confiando en que la indemostrabilidad del futuro les permita salvar el mal trago con cierto decoro. Ahora, dos meses antes de votar, haciendo sonar con fuerza las fanfarrias mediáticas, surgen fabulosos convenios, deslumbrantes planes de vivienda, y brotan millones a borbotones de la boca de impúdicos políticos, que auguran magníficas expectativas para todos. Al día siguiente del recuento, volveremos a las excusas, pretextos y coartadas que constituyen el hábitat político natural entre elecciones. El ofensivo balance de la política de vivienda pública que comparten PSOE y PP, presenta, en la columna de los datos, sólo, trescientas trece viviendas en seis años; sin embargo, en la de los cuentos, aparecen miles de ellas… volando por los aires como un cruel espejismo.
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