Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 22 de febrero de 2007
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Hermanos de sangre
Juan Luis Aróstegui
El Gobierno del PSOE envío a uno de sus ministros a extender el certificado de defunción de la esperanza de los ceutíes ante nuestros propios ojos. El Presidente de la Ciudad, erigido en sibilino cooperador necesario al dictado del PP, le acompañaba con su gesto habitual, artificialmente solemne, carente de credibilidad, cargado de maldad, exasperante por traidor. PSOE y PP sellaron su particular pacto de sangre contra Ceuta ante una disciplinada legión de medios de comunicación amaestrados para llevar con precisión a la conciencia de los ceutíes el mensaje letal emanado de esta infame alianza: “No hay solución para Ceuta más allá del binomio PSOE-PP; y ambos consideran conveniente dejar las cosas como están”. En un principio, el anuncio del acuerdo entre el MAP y el Gobierno de la Ciudad presentado la semana pasada parecía extraño. Lo que se había convertido en una dura pugna (recordemos que hasta el discretito y apocado Presidente local había alzado la voz anunciando acciones reivindicativas), misteriosamente, en apenas unos minutos y en un recinto ferial, se convirtió en un “acuerdo histórico”. El posterior conocimiento de los detalles desveló descarnadamente la operación pergeñada entre PSOE y PP para impedir que llegara a las Cortes un proyecto de Estatuto que los pusiera en evidencia. El pacto es un puro eufemismo adornado con palabras falsas, cuya auténtica razón de ser es abortar el proceso de acceso de Ceuta al rango de Comunidad Autónoma (única novedad). No existe ampliación del autogobierno porque no se traspasan competencias (el urbanismo, parte fundamental de la negociación, ha quedado al margen). El concepto de co-gestión, utilizado para definir los “avances”, sencillamente no existe en el ordenamiento jurídico. El capítulo financiero es sonrojante. El Gobierno de la Ciudad cifraba el coste de la atención a menores en nueve millones, y acepta tres. Una de dos, o era un fullero en la petición, o un indigno en la aceptación. Pero es que además, han añadido la coletilla “y otros programas de cohesión social”, con lo cual el Gobierno de la Nación puede dar por cumplida su obligación mediante una simple alteración de partidas presupuestarias (a este respecto, conviene recordar que el recorte de fondos europeos, entre los que se incluyen iniciativas de cohesión social, está en torno sesenta millones para este periodo…). Lo que si ha quedado meridianamente claro es que Ceuta, por acuerdo entre PSOE y PP, no será Comunidad Autónoma. El ministro ha declarado que “no le consta que los ceutíes quieran que Ceuta sea Comunidad Autónoma”. Estas manifestaciones, en sí mismas, suponen un insulto intolerable a nuestro pueblo que hubiera merecido una enérgica reacción de nuestros representantes. No fue así. El interés de aferrase a sus miserables cargos públicos tiene más fuerza en su ánimo que la dignidad de nuestra Ciudad. El mismo personaje añadió (ahora con sinceridad) que la modificación del Estatuto de Ceuta “no está entre las prioridades del Gobierno”. Por supuesto no explicó las razones. La aniquilación definitiva del PSPC es el último escollo. La posición política de UDCE no tiene valor porque consideran que se dirige a un electorado muy concreto y se mueve por otras claves. Sin embargo, el PSPC sí es muy molesto. Es el único vestigio de aquel movimiento popular que sacudió conciencias y sacó a miles de ceutíes a la calle luchando por su tierra, pletóricos de fuerza e ilusión. Por ese motivo se han juramentado para evitar que en las próximas elecciones el PSPC pueda tener voz en el Ayuntamiento. Piensan que el PSPC no resistiría un nuevo fracaso. Poco les importa el resultado electoral final. El PP tendrá mayoría (es indiferente el margen) y el PSOE seguirá siendo un partido residual (aún en el mejor de los casos). Lo que sí les resulta insufrible es soportar al PSPC poniéndolos frente a su propia ignominia. Son conscientes de que están traicionando y hundiendo a esta Ciudad en la sima del olvido histórico. Y no pueden aguantar el remordimiento que les provoca el discurso áspero, auténtico e insobornable del PSPC. Además del vergonzoso tratamiento de los medios de comunicación (con su honrosa excepción) dispensado al acto de protesta organizado por el PSPC durante la visita del ministro, una anécdota muy reciente ilustra con gran exactitud este propósito compartido. A la llamada de un medio de comunicación para preparar un debate televisivo, ambos partidos, PSOE y PP, respondieron de idéntica manera. Primero preguntan quién asiste por el partido rival, y continuación exigen que no este presente el PSPC. Sienten pánico. No porque el PSPC sea especialmente brillante, sino porque los argumentos que plantea los hacen enmudecer. PSOE y PP pueden discutir largo y tendido sobre nimiedades y menudencias; sin embargo, los dos partidos que se alternan en el Gobierno de España desde hace veinticinco años, se quedan sin palabras cuando se les formulan preguntas esenciales para el futuro de Ceuta, cuya respuesta ha estado, y está, bajo su responsabilidad. Uno. ¿Por qué Ceuta no es Comunidad Autónoma? Dos. ¿Por qué el Rey no ha visitado oficialmente Ceuta? Tres. ¿Por qué Ceuta no tiene aguas territoriales? Cuatro. ¿Por qué Ceuta no tiene Aduana Comercial? Cinco. ¿Por qué Ceuta no tiene la consideración de región ultraperiférica en la Unión Europea? Los nuevos hermanos de sangre sólo pueden callar y confiar, temerosos y azorados, en que su estratagema de anestesia colectiva surta efecto, y la ciudadanía no se les rebele ante una felonía sin parangón.
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