Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
|
|
|
El Dardo de los Jueves
Ceuta, 2 de noviembre de 2006
BLOGS
Militarizados
Juan Luis Aróstegui
Un rancio sabor a ejército obsoleto sigue impregnado en el ambiente de nuestra Ciudad. En ello se afanan los sectores más reaccionarios de la ciudadanía, impenitentes nostálgicos del orden impuesto a toque de corneta, refugiados ahora políticamente en el PP. El irracional empeño en conservar el espíritu castrense como una seña de identidad ceutí, supone un serio obstáculo que frustra el intento de modelar una Ciudad orientada al siglo XXI. La presencia desmedida del estamento militar en la vida social, sólo sirve para imprimir un sello de retrospección autoritaria y connotaciones coloniales que en nada favorecen la imagen de nuestra Ciudad. Hace ya muchos años que España definió con claridad, en su Constitución, el rol que un ejército moderno y democrático debe desempeñar, despojándolo de toda autoridad propia, e insertándolo como una pieza más del conjunto de la administración pública que sirve al interés general. Desde entonces se ha avanzado mucho. En Ceuta, no. Todavía debemos soportar la presencia anacrónica e inexplicable del Comandante General presidiendo todos los actos públicos, como si de un poder independiente se tratara. Estremece contemplar la perenne figura del militar omnipresente, quizá como evocación subliminal, inspirando un sentimiento de opresión incompatible con la democracia. Suena el cañón de las doce. Esta situación era comprensible (que no justificable), mientras gobernaba el PP. No en vano, la extrema derecha habita en sus siglas, y los militares a la antigua usanza forman parte de su base electoral. La fina capa de barniz democrático que luce el PP, es incapaz de encubrir la fuerte pulsión autoritaria que surge de sus más arraigadas convicciones. Sin embargo, lo que es más difícil digerir es que el PSOE, al que tenemos que aguantar reiteradas proclamas supuestamente progresistas, no sólo comparte la política de privilegiar y otorgar al ejército una posición de predominio de la que carece constitucionalmente; sino que la consolida y la refuerza. La gravedad de esta anomalía que sufrimos los ceutíes no se ciñe exclusivamente a su significado testimonial. Tiene también unas incuestionables repercusiones en el orden práctico, que perjudican de un modo notable el desarrollo de la ciudad. Un caso paradigmático es el indecente agravio comparativo que indigna justamente a la población por el trato de favor que el gobierno concede a los militares, subvencionándoles el billete de los barcos hasta un precio casi simbólico. No es el único. ¿Es tolerable que una ciudad acuciada por el problema de la vivienda, en la que cuantiosas familias subsisten en la zozobra de la precariedad, cuando no de la intemperie; se permita el lujo de mantener viviendas de titularidad pública, desocupadas y cerradas? Así sucede con una parte nada despreciable de los pabellones militares. Un espeso silencio cómplice, acaso cobarde, acompaña la afrenta. Pero lo peor es la usurpación del suelo. El ejercito, de manera injustificada e innecesaria, y por supuesto, en flagrante contradicción con los intereses generales, sigue siendo propietario de un porcentaje obsceno del suelo de Ceuta. La dimensión del acuartelamiento de tropas se ha reducido ostensiblemente y los conceptos técnicos de los sistemas defensivos han sufrido una profunda renovación; y sin embargo, no se desprenden de un solo metro cuadrado. La tierra es un bien muy escaso en Ceuta. Este hecho estrangula muchas oportunidades de crecimiento y expansión. La escasez encarece el suelo y con ello el precio de la vivienda. Gran cantidad de infraestructuras básicas enfática demandadas, o ya proyectadas, esperan con impaciencia una parcela adecuada, casi siempre inexistente. Mientras tanto, el ejército, erigido en despiadado promotor inmobiliario, maneja su extenso patrimonio desde una perspectiva fatalmente especulativa, limitándose a negociar leoninos convenios con el ayuntamiento, de eficacia tan tardía como insignificante. Todo ese suelo, hoy baldío y ocioso, es propiedad de Ceuta y deber servir para mejorar la vida de los ceutíes. En tanto que ha sido necesario para la defensa, ha permanecido asignado a este uso. En estos momentos, se trata de una apropiación indebida, inaceptable en términos morales y políticos. Es urgente y prioritario promover una ofensiva conducente a recuperar la propiedad legítima del pueblo de Ceuta para construir viviendas, equipamientos y dotaciones públicas. Desgraciadamente para esta empresa no podemos contar con el Presidente de la Ciudad ni con el Delegado del Gobierno. Uno resopla y el otro se abanica.
El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.
|