Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 16 de noviembre de 2006
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Manos limpias en un lodazal
Juan Luis Aróstegui

El Presidente de la Ciudad, en el discurso de su designación como candidato del PP para las próximas elecciones municipales, destacó como un rasgo esencial de su perfil político el hecho de tener “las manos limpias”. Extraña afirmación. El Gobierno que él mismo preside, y su extenso entorno, se han convertido en un vasto lodazal, en el que los casos de corrupción política y moral se suceden a velocidad de vértigo, ante la cínica ausencia de su máximo responsable que, levitando en un particular paraíso de vanidad, pretende abstraerse de toda la suciedad que le envuelve.  El Presidente, fingiendo ignorancia e ingenuidad, se empeña en aparentar su desvinculación de los escabrosos hechos cometidos desde el Gobierno. Debería detener este galopante absceso de hipocresía antes de que le inflija lesiones psicológicas irreversibles. El Presidente es, antes que bueno, inteligente. Conoce perfectamente quien es, y que hace, cada uno de sus colaboradores. Todos, absolutamente todos, los actos que emanan del Gobierno de la Ciudad tienen el consentimiento del Presidente. Los cargos políticos son nombrados directa y exclusivamente por él, y sólo en su voluntad está la destitución. Su vergonzante silencio y su culpable permisividad, adquieren la forma de  salvoconducto oficial que autoriza la corrupción. Y mancha las manos. En sólo una semana el Gobierno ha sido protagonista de tres hechos deleznables que se han saldado sin consecuencia alguna.

Uno. Se ha puesto en evidencia el turbio negocio que ha organizado el Jefe del Gabinete del Presidente. Desde su despacho, instalado en el área de Presidencia, se ha dedicado a promocionar su negocio editorial y a procurarse contratos con el Ayuntamiento. La proximidad al poder, y su militancia en el sector dominante del PP, son una potente palanca para el enriquecimiento. Ante la denuncia de estos hechos en un medio de comunicación escrito, el Gobierno ha reaccionado. Pero no como cabria esperar, es decir, cesando fulminantemente al sujeto en cuestión, anulando sus contratos y devolviéndolo a su lugar de origen. Sino que han puesto en marcha toda la maquinaria administrativa para encubrir lo mejor posible al responsable del desmán. Los contratos anteriores al nombramiento se exhibirán como prueba de honradez; y sin embargo, los demás se guardarán en un cajón (ya se ha dado orden de que no se pague ninguna factura) y “cuando pasen las elecciones” (frase favorita del Presidente últimamente), ya se arreglará todo. Esto es lo que el Presidente debe entender por manos limpias. 

Dos. El sindicato CCOO denuncia la pretensión de contratar una abogada en el ICD, sin más objetivo que fortalecer la facción del PP en la que milita. Cualquier persona con sentido común comprende que la contratación de una abogada en el ICD, que se dedica a la promoción del deporte, y que dispone de una plantilla administrativa sobredotada, es sencillamente un absurdo. Máxime cuando alegando falta de presupuesto se escatima a la gente del deporte hasta lo más elemental. Tampoco se ha hecho esperar la respuesta.  En primer lugar, negando la evidencia, se afanan en explicar que la plaza no tiene “nombres ni apellidos”, como si en esta Ciudad tan pequeña, y con un partido cuyos militantes se dedican en exclusiva a “sacarse los ojos” unos a otros para repartirse las prebendas del poder, se pudiera esconder una operación tan escandalosa. Pero no ha quedado ahí su ejemplar actuación. Han corrido a mendigar al editor de este medio de comunicación que no se hiciera eco de la noticia, demostrando fehacientemente su respeto por la libertad de prensa; y por último, la gerente del ICD ha arremetido contra CCOO, por cometer el atropello de denunciar la corruptela, negándose a “coger ningún papel de ese sindicato”, con el resultado de que un colectivo de trabajadores inocentes que estaba negociando su convenio (los monitores de natación), se han visto injustamente perjudicados en sus razonables reivindicaciones. El Presidente, con sus manos limpias, aplaude este bochorno.

Tres. El Consejero de Presidencia, dispuesto por el Presidente para ejercer de energúmeno de guardia, y decir todas las atrocidades de corte fascista que el PP piensa, pero que no quieren decir para no perder el voto de la gente decente; ha amenazado a un empleado público municipal, afiliado al PSOE, por participar en la vida política y ejercer su legítimo, y además acertado, derecho a criticar la labor del Gobierno. Semejante agresión a los derechos y libertades públicas no se recordaba desde hace mucho tiempo en nuestra Ciudad. El Gobierno ha dado amparo a su portavoz, alegando que sus palabras se inscriben en el contexto de la libertad de expresión. Evidentemente, este razonamiento es de aplicación a las atroces manifestaciones que hacen De Juana Chaos o Arnaldo Otegui, mofándose de las víctimas del terrorismo. El señor Morales puede decir lo que crea conveniente, entre otras cosas, porque a nadie le importa. Pero el Consejero de la Presidencia no puede vulnerar de un modo flagrante los principios democráticos y quedar impune. Estas declaraciones suponen un hecho de corrupción moral intolerable, avalado por el Presidente con su actitud condescendiente. Y sus manos limpias, a fuerza de lavárselas.

Este desolador panorama debería llamar a la reflexión. Pero no sucederá. El Presidente está concentrado en su triunfal gira promocional y no tiene tiempo para atender estas pequeñas minucias, que ya se encargará de minimizar la portentosa maquinaria de propaganda financiada con los impuestos de todos los ciudadanos. Con sus manos limpias, cruzadas en gesto de suprema candidez, y la sonrisa mecánica de candidato agradecido, cada vez más inexpresiva por  reiterada; sólo se ocupa de inaugurar. Ya, hasta las charcuterías.

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