Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 30 de noviembre de 2006
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Los Efectos de la Sumisión
Juan Luis Aróstegui

La sumisión, concebida como supresión de la voluntad propia y subordinación incondicional a los intereses de un tercero, es una actitud política indefectiblemente letal. Por definición, incompatible con la reivindicación. Y en consecuencia supone una renuncia expresa a defender los derechos de quien la adopta como modelo de relación. El Presidente de la Ciudad, y su extensa y variopinta cohorte, alardean de prudencia, mesura y lealtad. Tras esta retahíla de aparentes cualidades, se esconde en realidad una proverbial cobardía que nos deja inermes e indefensos ante un cúmulo de agravios, históricos y recientes, merecedores de respuestas enérgicas y contundentes. El PP y el Presidente de la Ciudad han convertido un instrumento de reivindicativo de primer orden, como es el Gobierno de la Ciudad, en un insulso elemento decorativo que sólo sirve de mofa para propios y extraños. Quien practica sumisión recibe fustigación.

Las cuentas pendientes de Ceuta aumentan imparablemente, ante una pasividad general que el Presidente de la Ciudad fomenta y representa con especial maestría. Las afrentas están escritas de manera indeleble en la conciencia de la mayoría de los ceutíes. No obstante, nunca es ocioso visualizar el inventario y sufrir el bochorno de comprobar lo que soportamos “con moderación y prudencia”. Ceuta y Melilla son las únicas regiones españolas que no ha visitado oficialmente el Rey de España (por sometimiento a Marruecos). Ceuta y Melilla son los únicos territorios privados de su derecho constitucional a ser Comunidad Autónoma. Ceuta es la Ciudad con más paro de España. Ceuta es la Ciudad con más fracaso escolar de España. Ceuta es la Ciudad con menos vivienda por habitante de España. Ceuta es la única Ciudad que no dispone de un Hospital de la Seguridad Social. Ceuta tiene que pagar el precio más alto de España por ejerce su derecho a moverse con libertad por el territorio nacional (somos esclavos de las navieras).

El estremecimiento que produce la lectura de esta relación, ahorra cualquier justificación sobre la necesidad de que Ceuta asuma una estrategia reivindicativa y combativa orientada a exigir de los poderes públicos decisiones políticas que restituyan los derechos que nos tienen secuestrados. Sin embargo, la imagen que transmitimos es radicalmente opuesta. El Presidente de la Ciudad, en nuestra representación, no escatima elogios y parabienes para todos aquellos que nos humillan. Vergüenza ajena. Lo hemos visto aparecer como lacayo del Rey, tiralevitas del Presidente del Gobierno, o becario del ministro de turno; siempre alabando la actitud de estos individuos hacia nuestra Ciudad. Es otro modo de herir a los ceutíes. Más doloroso porque está teñido de traición.

En lógica consecuencia, el Presidente de la Ciudad venia actuando como un adulador enfervorecido del Gobierno de la Nación. Todos los ceutíes, menos él, somos perfectamente conscientes de que el Gobierno del PSOE desprecia todo lo relativo a Ceuta, excepto lo que pueda enturbiar sus relaciones con Marruecos o los problemas derivados de la inmigración. Para la dirección federal del PSOE, estigmatizada por la profunda huella dejada por los promarroquíes enquistados en su seno, encabezados en su día por Felipe González, Ceuta se mueve entre el odio y la indiferencia. Por otro lado, tienen absolutamente clara la imposibilidad de que su partido pueda remontar el vuelo en nuestra Ciudad, por lo que, en pura estrategia electoral, han decidido conformarse con una posición meramente testimonial. No invertir ni un solo esfuerzo, ni una sola peseta, ni una sola iniciativa.

Después de dos años y medio haciendo el ridículo en nombre de todos, parece que nuestro Presidente se ha percatado de la burla de la que está siendo objeto. Ha protestado tímidamente. Recibiendo el tratamiento que se dispensa a quien se ha empeñado en forjarse la imagen de sumiso impenitente. Cualquiera le sacude un rapapolvo. Hasta el insolvente señorito andaluz que ejerce como Delegado del Gobierno (una fehaciente demostración de la falta de interés del PSOE en esta Ciudad), lo ha ninguneado, amenazado y desdeñado. Lo auténticamente trágico es que los perniciosos efectos que genera la conducta sumisa del Presidente de la Ciudad, no repercuten sobre su persona, sino sobre todo el pueblo de Ceuta.

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