Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 26 de octubre de 2006
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El engaño
Juan Luis Aróstegui
El Gobierno de la Ciudad ha encontrado su seña de identidad más característica en el engaño. Espoleado por las buenas expectativas electorales que le auguran las encuestas, ha llegado a la conclusión de que el sistema empleado hasta ahora funciona, y en consecuencia, toda decisión política debe quedar supeditada a sus principios inspiradores: explotar la imagen de bonhomía del presidente, ornamentación por doquier y mucha mentira bien administrada por los medios de comunicación. Nadie duda de la victoria del PP en las próximas elecciones. Acumula una gran ventaja. El camino iniciado con los sucesos de Perejil, que situó al PP como el garante de la defensa de Ceuta ante la “invasión musulmana”, se ha visto posteriormente reforzado por la dinámica social que se ha impuesto en la Ciudad, basada en el distanciamiento político entre comunidades calificadas como irreconciliables por sus sectores más radicales. El ánimo y la conciencia de muchos ceutíes están herméticamente envueltos por la sensación de que el imparable crecimiento demográfico de la población musulmana en Ceuta, implica inexorablemente una transmutación del modo de vida y de la organización política de la Ciudad, a la que es necesario oponer la mayor resistencia posible, convirtiéndose éste en el objetivo político por excelencia. El PP se percibe como el eje aglutinador de esta forma de concebir la política. Son conscientes de que el resto de asuntos, derivados de la gestión del gobierno, están relegados a un plano muy lejano, insignificante para los electores. La idea de que el PP representa políticamente el muro de contención de la “invasión musulmana” lo ha blindado electoralmente. Por ello es suficiente con adornar el paisaje urbano, inundar los medios de propaganda y falsas esperanzas y saludar y agasajar sin parar a todo lo que se mueve; mientras la estructura básica de la Ciudad se desmorona ante una pavorosa pasividad generalizada. El PP piensa (desgraciada y probablemente con razón) que ninguno de los desmanes y tropelías que pueda cometer les pasará factura. Se sienten seguros e inmunes. Todo será justificado y perdonado en aras a una causa de orden superior que absorbe y descodifica cualquier conducta por inmoral que sea. En este contexto se explica la actuación del PP en relación con la reforma del Estatuto de Autonomía. Están engañando a la ciudadanía de una manera insultante. Propalan la idea falsa de que tienen voluntad de cumplir la Transitoria Quinta, con la intención de aparentar que se identifican con este sentimiento ampliamente extendido entre la población; cuando la realidad es que el PP, que durante ocho años de gobierno (cuatro con mayoría absoluta) no realizó ningún movimiento en este sentido, no pretende más que poder imputar el nuevo fracaso a otros partidos y llegar a las elecciones presentándose como una víctima inocente de las circunstancias. Dejarán pasar el tiempo. Y cuando ya no existan plazos para materializar iniciativa alguna, promoverán un proyecto nacido con vocación de muerte anticipada. No les importa que Ceuta sufra un nuevo desfase, acaso el definitivo. Ellos habrán cubierto su expediente. Suficiente. Existen pruebas incontestables de esta estrategia del engaño. Una muy reciente. El Presidente de la Ciudad se ha reunido en Madrid con el Ministro de Administraciones Públicas y con el Presidente de Melilla. Una oportunidad inmejorable para impulsar el empantanado proceso. No en vano, el Ministro es el competente en materia de organización territorial, y el consenso con Melilla es un requisito obligado. Sin embargo, y a pesar de la idoneidad de la ocasión, no hubo ni una leve referencia a la reivindicación autonómica. Ahora, cuando carece de valor, y ante un auditorio doméstico harto de oír las mismas patrañas, se nos anuncia la intención del PP de presentar el proyecto en el Congreso. Engañados hasta el escarnio.
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