Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 21 de septiembre de 2006
 BLOGS
Miedo al poder
Juan Luis Aróstegui

Una de las imperfecciones más significativas y características de nuestra democracia es la escasa predisposición de la inmensa mayoría a ejercer activamente su rol de ciudadanos y ciudadanas libres. Los españoles seguimos sintiendo un atávico miedo al poder, incrustado por la dictadura en el código genético colectivo, que aún no hemos sabido superar. Es la consecuencia de haber aceptado una transición modélica en lo accesorio y terriblemente injusta y humillante en lo fundamental. Una sencilla estrofa del poeta Gabriel Sopeña, describe con maestría este fatal resbalón histórico, envuelto en un engañoso celofán mediático cada vez más podrido: pactar con el silencio/cuando debimos gritar/nos hizo cobardes. Hemos creado un sistema democrático meramente formal, integrado por individuos cobardes que renuncian a su propia libertad. Persiste la conciencia de súbdito que nos hace ser empalagosamente dóciles ante el poder. Atrofiado el instinto de rebeldía sólo nos queda la impotencia. Eternamente rumiando en silencio el resquemor que produce sentir en el alma el veneno mortal de la injusticia impune. El miedo prostituye la libertad del ser humano y lo despoja así de un componente esencial de su dignidad como persona.

En nuestra Ciudad, esta enfermedad crónica de la democracia se presenta de un modo especialmente exacerbado. Poderosas razones han contribuido a ello. La asfixiante proximidad y férrea dependencia del poder que sufren los ciudadanos; el modo corrupto de entender la política, sustentado en un relación de infame clientelismo, practicado durante muchísimos años; y la tímida implicación en los asuntos públicos de una ciudadanía dominada por un desesperante sentido de provisionalidad; han ido configurando y consolidando un modelo de relaciones entre el poder y los ciudadanos, basado exclusivamente en un peculiar chantaje que exige silencio y sumisión a cambio de bienes materiales presentes o futuros. La mayoría de las organizaciones ciudadanas prefieren callar y adular ante el riesgo (real) de ser condenadas al ostracismo institucional y ver como se esfuma su imprescindible subvención. Los ciudadanos optan por callar, temerosos de que su voz se vuelva contra sus intereses como un diabólico boomerang. El que osa criticar, denunciar, oponerse o reivindicar; queda inscrito irremediablemente en las invisibles listas negras del poder, y es automáticamente privado de sus derechos y oportunidades. Son las reglas de este perverso juego que los partidos políticos beneficiados alientan y practican, siendo conscientes de que es un procedimiento infalible para perpetuarse en el poder. 

En las últimas semanas estamos asistiendo a una serie de denuncias que reflejan con extraordinaria nitidez este fenómeno. En cuanto algunas personas se han desprendido del cilicio del miedo y se han atrevido a hablar sobre la política de vivienda, hemos sabido que en el Ayuntamiento se han entregado viviendas al margen de cualquier procedimiento legal, que se han pisoteados derechos adquiridos, se han cobrado cantidades ilegales, etc… La abrumadora mayoría de los afectados, aún comprendiendo la gravedad de los hechos, sigue callando sumergida en el anonimato. Son conscientes de que demandar justicia implica enterrar definitivamente cualquier opción de obtener una vivienda, cuando no de sentirse perseguido y atosigado en su condición de administrado. El Gobierno de la Ciudad ajeno a cualquier planteamiento moral, ha decidido acumular toda la basura bajo la alfombra. Nadie se lo reprochará. La tranquilidad y la estabilidad son valores muy apreciados. Aunque se cultiven sobre un cementerio ético regado con la  indignidad de los cobardes.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.