Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 24 de agosto de 2006
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Palabra sin honor
Juan Luis Aróstegui
El Presidente de la Ciudad es un cuerpo extraño en el seno del PP. Un cúmulo de circunstancias imprevistas y aleatorias determinaron su alistamiento en un partido político muy alejado de sus convicciones personales. Su tutelado y estrambótico acceso a la Presidencia de la Ciudad (a través de una moción de censura dirigida por la Delegación del Gobierno, apoyada por concejales del GIL, y siendo el número cinco de la lista del PP con escaso predicamento interno), consolidó su militancia en el partido que representa al sector más rancio y retrógrado de la sociedad ceutí. Así, se vio compartiendo espacio político con multitud de individuos carentes de la más mínima sensibilidad social y de los principios democráticos elementales. Este curioso y forzado maridaje de conveniencia se mantiene por mor del más eficaz adherente conocido en la democracia: el ejercicio del poder. En el interior del PP nadie soporta el Presidente. Lo ven como un impostor que usurpa sus siglas sin asumir sus postulados. No tiene ni un apoyo sincero. Sin embargo todos le rinden la cínica y cobarde pleitesía debida, a quien con un gesto suyo cambia destinos y modos de vida de familias completas. Falsa devoción jerárquica propia de regimenes autoritarios. El Presidente de la Ciudad debió pensar que su fortaleza intelectual le permitiría salir indemne de tan arriesgada aventura. No está siendo así. Sometido a un peculiar proceso de transmutación, similar al conocido “síndrome de Estocolmo”, su comportamiento se asemeja progresivamente al de un militante al uso del PP en su peor versión. El desorden mental provocado por la presión de un entorno infame, ha alterado radicalmente su escala de valores. Uno de los cambios más significativos es la falta de respeto a los compromisos adquiridos. El Presidente de la Ciudad había sido siempre un hombre muy celoso de su propio respeto. Su palabra tenía valor. Era escrupuloso y riguroso en el cumplimiento de lo que decía. Todo lo contrario de lo que sucede ahora. Actúa como un vulgar demagogo que sólo responde a reclamos electorales. Este nuevo modo proceder tiene una considerable repercusión política. Los acuerdos con el Gobierno de la Ciudad, y los pronunciamientos oficiales que formula, carecen por completo de virtualidad. Una pieza básica del sistema está seriamente averiada. Los empresarios locales están siendo una de las víctimas directas de esta patología. Entre las reivindicaciones, ya clásicas, de los agentes sociales figura la protección del debilitado tejido empresarial local. Es muy preocupante la situación. Un factor clave para remontar la crisis es la existencia de un sector empresarial activo, dinámico y sobre todo, comprometido con el futuro de la Ciudad. Capaz de asumir responsabilidades y de adoptar decisiones económicas concordantes con políticas consensuadas más allá de lo que dictan las frías cuentas de explotación. Necesitamos empresarios que quieran a Ceuta. Por ello parece razonable que, en estos momentos, y cuando las oportunidades de negocio escasean, el Ayuntamiento procure que sus contratos de obra, servicio y suministro recaigan en empresas ceutíes. Este planteamiento, sencillo y cargado de sentido común, ha sido avalado públicamente por el Presidente en reiteradas ocasiones, con su habitual solemnidad y aparente determinación. Los hechos lo desmienten rotundamente. Todos los contratos que suscribe tienen como beneficiarios a empresas foráneas, absolutamente distantes de Ceuta y sus problemas. No vienen a Ceuta a invertir, sino a succionar como sanguijuelas los fondos públicos (lacerante exportación de rentas); y cuando advierten la mínima adversidad huyen despavoridos. De este modo, el Gobierno del PP está consiguiendo un triple objetivo: precarizar las condiciones laborales del personal afectado, que ha de lidiar con empresarios insensibles, sin presencia física, que aumentan beneficios sobreexplotando a las plantillas; empeorar la calidad de los servicios, ya que las empresas adjudicatarias escatiman al máximo los medios aplicados, para poder ampliar sus márgenes operacionales; y por último, machacar, un poco más si cabe, a las empresas locales recontándoles su ya de por sí limitada capacidad de maniobra. Pero después, el Presidente los anima con una amable sonrisa, descarga la responsabilidad de sus decisiones en “los técnicos”, se hace compungido partícipe de sus dificultades, les promete cuanto se le ocurre en ese instante y les da las gracias por haberlo visitado, confiando en que lo voten. Así lo harán, como disciplinados militantes del absurdo.
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