Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 10 de agosto de 2006
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Despidiendo periodistas
Juan Luis Aróstegui
La determinación concreta y exacta de las responsabilidades personales por las decisiones políticas adoptadas en el seno de una entidad colectiva organizada jerárquicamente, constituye un recurrente e inacabado debate. La dificultad de discernir la autonomía de actuación de cada uno de los cargos en el desempeño de sus funciones, provoca una porosidad en el tejido administrativo que impide a la opinión identificar con claridad al responsable de cada hecho. Esta circunstancia ha sido utilizada en muchas ocasiones para distraer la atención de la ciudadanía y concentrar siempre con habilidad la mayor parte de la responsabilidad en el lugar más inofensivo para el régimen. Así ocurría con frecuencia durante la dictadura de Franco. Cuando las pruebas y evidencias se tornaban abrumadoras, demostrando que el atroz régimen del dictador Franco, era sanguinario y corrupto hasta la náusea, aquellos defensores del régimen, que pretendían atribuirse la condición de buenas personas, solían alegar que “Franco era bueno, lo malo eran las personas que le rodeaban”. De esta manera se hacía compatible la defensa a ultranza del dictador con un cierto respeto a unos elementales principios éticos. Conciencia a salvo. Pura falacia, porque quien tiene la potestad de nombrar tiene la capacidad de destituir. Algo muy parecido comienza a suceder en nuestra Ciudad. Desde el Gobierno del PP se están cometiendo continuamente desmanes y corruptelas de la más variada índole. La permisividad social, apoyada en el apagón informativo (bien remunerado), ha contribuido a generalizar lo que en un principio eran excepciones. Se están envalentonando, y cada cual campa a sus anchas en la parcela de gestión que tiene asignada, ante la pasividad del Presidente que todo lo conoce, consiente y calla. A pesar de los ímprobos intentos de que los hechos queden ocultos, existe un sector nada desdeñable de población que de manera directa o indirecta sabe lo que está ocurriendo en el Ayuntamiento. Ante la evidencia, muchos de ellos, recuperan el socorrido recurso dialéctico para exonerar responsabilidades: “el Presidente es bueno, lo malo son las persona que lo rodean”. En el fondo se trata de una modalidad de insulto. Si el Presidente, que es la persona de Ceuta que controla el mayor número de resortes de información, desconoce lo que hacen sus hombres y mujeres de confianza es que se ha vuelto rematadamente idiota. No parece ser el caso. Partiendo del hecho de que los principios ni se pesan ni se miden, todo acto que implique abuso de poder es moralmente reprobable, socialmente condenable y debería ser políticamente punible. No se puede ser condescendiente ante ningún hecho de esta naturaleza por insignificante que se pueda considerar. Sin embargo, aquellos que atentan de un modo más directo a los cimientos del sistema merecen una valoración más estricta y severa, si cabe. Tal es el caso que nos ocupa. La libertad de expresión. La obsesión del Presidente por controlar la información que publican los medios de comunicación está alcanzado cotas inimaginables. Como ilustración de esta afirmación cabe recordar, cómo recientemente, hizo levantar la primera página de este propio periódico una vez confeccionada y estando en máquinas, porque a su juicio la noticia de portada no se debía difundir. Es incomprensible que la detonación de un artefacto explosivo en el Poblado Marinero, no fuera objeto de noticia preferente en un diario local. Ahora el Presidente también piensa por los demás, y nos dice lo que es conveniente, o no, que sepamos. Más grave aún es el hecho de que en dos ocasiones en menos de un año, el Gobierno del PP haya instado la rescisión del contrato de dos periodistas de El Faro por emitir opiniones discrepantes, aunque esta empresa no haya accedido a sus aviesas pretensiones. Están utilizando la capacidad de presión que les otorga ser clientes privilegiados de El Faro (con dinero de todos los ciudadanos), en una especie de indigno chantaje, para coartar la libertad de expresión. Estos hechos son impropios e inconcebibles en la persona que fue el Presidente antes de acceder al cargo. Y sin embargo han sucedido bajo su mandato. No puede rehuir su responsabilidad, porque de ser así tendría que haber cesado fulminantemente a quien en su nombre ha formulado tan innobles y viles requisitorias. Y no lo ha hecho. Asume su autoría. La soberbia, la vanidad, el halago permanente, las negativas influencias del entorno o la excesiva presión, están haciendo mella en el Presidente, llevándole a convertirse en un político vulgar, sin escrúpulos, completamente alejado de las cualidades que otrora lo habían asistido.
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