Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 13 de julio de 2006
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Sarcásticas vacaciones
Juan Luis Aróstegui

La sociedad de la información tiene la cualidad de transformar en una realidad inapelable aquello que transmiten los medios de comunicación, siempre al férreo dictado del poder que los controla. La ciudad está de vacaciones. Así lo decide el sector acomodado de la población. Aquellos que disfrutan de una situación económica estable y desahogada. Entre ellos se encuentran, obviamente, todos los dirigentes políticos que ostentan cargos en las administraciones públicas. Por decreto mediático se ha acabado el tiempo de la preocupación, de la inquietud, de la indignación y de los remordimientos. El problema es que la miseria nunca está de vacaciones. Aunque haya desaparecido del escenario oficial, sigue incrustada en miles de familias atosigadas por la desesperanza. El paro castiga con furia e impunidad inusitadas a los segmentos más débiles de nuestro pueblo. En un año se ha incrementado en un veintisiete por ciento (por supuesto record nacional con una enorme diferencia). El mes de junio ha sido el peor para el empleo de los últimos diez años. Las estadísticas, frías e implacables, ilustran puntualmente una percepción unánime de impotencia que se derrama con estrépito sobre unas conciencias cada vez más insensibles. Produce escalofríos la infinita capacidad de esta ciudad para absorber impasible e impertérrita las mayores barbaridades. No se pueden entender, de otro modo, hechos como la demora de los Planes de Empleo. Estos programas son un instrumento insuficiente pero de gran utilidad para paliar los efectos de la pobreza. Muchas familias necesitadas tienen en los Planes de Empleo su única oportunidad de obtener, al menos temporalmente, unos ingresos dignos. En buena lógica, su puesta en marcha debía ser una cuestión prioritaria para los gobernantes. Todo lo contrario. Irresponsablemente se han dedicado a especular con sus intereses políticos sin dudar en utilizar el hambre ajena como si de un artefacto diabólico se tratara. La conclusión es que durante todos estos meses, los fondos destinados a una ayuda social indispensable no han llegado a Ceuta. No importa, estamos de vacaciones. El responsable directo de este atentado, número dos del PSOE local (da vergüenza hasta escribirlo), disfrutará de sus merecidas vacaciones navegando en su velero como un bohemio soñador. Lo que debiera ser un escándalo de estimables proporciones, quedará en algunas quejas dispersas convenientemente atenuadas. La pobreza habla con una voz muy bajita; que apenas si es capaz de traspasar los invisibles muros de petulancia tras los que se refugian mediocres dirigentes henchidos de su propia ineptitud.

Lo más lamentable es que este indigno comportamiento no es una excepción. Se ha generalizado entre la clase política, que ha decidido desentenderse definitivamente de todo aquellos relacionado con la crisis económica y sus consecuencias. Los agentes sociales, alarmados por el progresivo deterioro del tejido productivo y la escasa reacción de los gobiernos concernidos, hace algunas semanas, que tomaron la iniciativa de consensuar un conjunto de propuestas, orientadas a reactivar la débil economía local. El documento fue remitido a la Delegación del Gobierno y al Gobierno de la Ciudad. No ha merecido la menor consideración.

El Delegado del Gobierno, una versión política del clásico “Don Guido” de Antonio Machado, invierte todo el tiempo en ocuparse de sí mismo. Deambula por las dependencias oficiales paseando su garbo y señorío, indiferente por completo a todo cuanto le rodea, y por supuesto sin ninguna intención de involucrarse en el devenir de una Ciudad a la que no sabe cómo ni para qué ha llegado.

El Presidente de la Ciudad, por su parte, ha entrado en una nueva fase de su particular, prolongada y prolija campaña electoral. Cambiando abrazos, saludos, sonrisas y agradecimientos por votos, consume toda su actividad. No es hora de que nimiedades y cosas de pobres afeen su rutilante mandato. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de los necesitados no vota. O sea, no cuenta.

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