Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 4 de mayo de 2006
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Urgente examen de conciencia
Juan Luis Aróstegui

El pueblo de Ceuta necesita un concienzudo, meticuloso y urgente examen de conciencia. Definitivamente, hemos perdido el amor propio. Somos una entidad cada vez más indefinida, arrastrada por los acontecimientos sin rumbo ni horizonte. Eternamente esperando. Sin saber qué. Ni a quien. La prolongada convivencia con un sentimiento abrumador de frustración, impotencia y abatimiento, nos ha moldeado como una sociedad resignada, insensible, laxa, indiferente y cobarde. El orgullo de sentirse caballa ya es sólo una reliquia, patrimonio de la nostalgia, argumento para el recuerdo. Una gran cantidad de ceutíes militantes han abandonado la Ciudad. Otros muchos permanecen físicamente; pero hace tiempo que se ausentaron psicológicamente. Han perdido la fe y la ilusión. Todo es efímero y provisional. Se vive mirando al estrecho, convertido en mágica pasarela hacia un futuro individual más próspero, acogedor y  feliz. No tiene ningún sentido seguir alimentando artificialmente una ficción delirante sin posibilidades de proyección real. Es imprescindible empezar por asumir esta amarga verdad. Si aún pretendemos cambiarla.

Como prueba palpable del estado de ánimo colectivo descrito, basta con analizar algunos hechos que se están produciendo en estos momentos, y observar la respuesta ciudadana.

Las compañías navieras intensifican la práctica de sus continuos abusos, burlándose impunemente de todos los ceutíes. En cualquier lugar de España una agresión de este calibre, habría desencadenado una movilización popular tal que hubiera implicado a la administración hasta obligarla a resolver el problema definitivamente. Aquí no.  Saben que nada ocurrirá. Los Gobiernos respectivos de la Ciudad y de la Nación tienen otras motivaciones y los ciudadanos tienen muerta la vocación reivindicativa. Apenas lastimeros e inanes desahogos en privado.

Los últimos datos del paro en España nos vuelven a sonrojar. Ceuta sigue castigada, cada vez con más violencia. La angustia entre la población trabajadora crece, sólo paliada por una economía sumergida que se expande disparatadamente.  Las administraciones, en actitud ladina, se inhiben vergonzosamente. Pero no existe el menor indicio de rebelión. Lo que merecería una acción colectiva enérgica y  contundente, reclamando compromisos políticos para la generación de empleo, en Ceuta se limita al esfuerzo individual de cada cual por conseguir, mediante el inevitable tráfico de influencias, un puesto de trabajo en la administración pública vendiendo indignamente su voto, su adhesión, su fidelidad o su afección.

Otro escarnio público que conmovería a las mismísimas piedras en una sociedad inquieta, es el infame tratamiento que el PP y el PSOE están dando a las legítimas aspiraciones de los ceutíes de constituirnos en Comunidad Autónoma. No podemos sustraernos a la envidia cuando vemos a otros pueblos luchado con determinación por defender sus intereses. Mientras todas las Comunidades Autónomas avanzan y perfeccionan sus instituciones, desarrollan sus competencias y mejoran su calidad de vida; Ceuta acumula desfases, amplia su inmenso inventario de atropellos y se pierde en la noche de los tiempos, administrada por un estatuto incomprensible, y sin base constitucional, que nos sitúa en un régimen semicolonial. ¿Qué hacemos los ceutíes ante esta ignominia? Callar resignadamente, hastiados y humillados.

La incertidumbre asedia la esperanza: ¿Es reversible esta situación? Sin duda, si. Aún podemos creer que nuestra Ceuta es posible. Lo que ocurre es que cada vez queda menos tiempo para la reacción. Urge actuar. Es necesario que empecemos por reconocer un hecho a menudo ignorado. Todos y cada uno de los ceutíes somos los únicos responsables de cuanto nos sucede. No se pueden eludir responsabilidades descargándolas sobre factores que, pudiendo influir, en ningún caso son determinantes. Los ceutíes debemos entender que cada pueblo es el único protagonista de su propio destino. Estamos ante el reto de asumir nuestra condición de agentes del futuro de Ceuta para hacer honor a nuestra historia. En caso contrario, sólo nos queda ser privilegiados espectadores de un proceso de disipación acompañado de una profunda tristeza por lo que no tuvimos el valor de hacer.

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