Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 23 de marzo de 2006
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Un cambio drástico de rumbo
Juan Luis Aróstegui
Ceuta está viviendo un momento crucial de su historia. Durante mucho tiempo se ha venido observando, y advirtiendo, que el factor clave para definir la Ceuta del futuro era la capacidad de integrar en un cuerpo social único dos colectivos diferenciados por aspectos fundamentales en el modo de concebir la vida. Es el gran interrogante del siglo veintiuno, que en Ceuta adquiere pleno contenido y un mayor grado de dificultad. En primer lugar porque existe una cultura previa de jerarquía de etnias que transmite una inercia de difícil corrección; en segundo lugar, porque el crecimiento demográfico exponencial y vertiginoso de la población musulmana, exige una velocidad en los cambios sociales inalcanzable; y en tercer lugar porque se da la circunstancia de que gran parte de los musulmanes de Ceuta (cada vez más), proceden de un país extranjero que reivindica la anexión de nuestro territorio y que trabaja políticamente para ello sin tregua, sembrando la discordia y alimentando el germen de la inestabilidad. Para afrontar un proceso imprescindible, inevitable y extraordinariamente complejo, lo razonable hubiera sido situar este objetivo como la máxima prioridad política de nuestra Ciudad. Pero nunca fue así. Esa maldita impronta de la sociedad ceutí de vivir agarrada permanentemente a la inmediatez, impidió la formulación de un compromiso colectivo por trabajar unidos y al unísono para fraguar una fusión ordenada, equilibrada y armónica de culturas. Todos los ceutíes éramos conscientes de la evolución que estábamos sufriendo; pero nunca quisimos otorgarle el rango político adecuado a este fenómeno. Siempre había algo más urgente que atender. Nos conformamos con inventar la majadería de las “cuatro culturas” que sólo ha servido para inflar una gran mentira y aliviarnos la conciencia ante una manifiesta irresponsabilidad histórica. Así se ha potenciado, en unos casos por acción y en otros por omisión, un movimiento centrífugo de divergencia entre las dos comunidades. Hoy vivimos una realidad esquizofrénica. La pulcra imagen oficial de defensa de la integración social acompañada de un impecable discurso teórico, absolutamente disociada de los sentimientos y opiniones de incompatibilidad y escepticismo expresados por la ciudadanía en círculos privados e íntimos. Estamos atrapados en nuestro propio cinismo. Criticamos la existencia de partidos musulmanes alegando que la religión o la raza no deben ser elementos que fundamenten proyectos políticos; mas de un modo directo o indirecto, todos hemos contribuido a ello durante dos décadas. Los datos objetivos son inapelables. En la famosa comida con el Presidente del Gobierno estaba representada “toda la sociedad ceutí”; pero de ciento ochenta y seis comensales, sólo siete eran musulmanes. Exceptuando tímidos avances en ámbitos muy concretos, prácticamente insignificantes, lo cierto es que, en términos generales, nos hemos despreocupado de combatir las causas de la fractura social que hemos ido provocando paulatinamente con nuestra actitud. Los hechos no suelen ser casuales. En mil novecientos noventa y uno, un intento serio de iniciar un proceso de integración concluyó tildando al Alcalde Miaja como el “Alcalde chilaba”, barriendo a los partidos que lo apoyaron y dándole el poder al partido de Fráiz que “con dos cojones iba a meter en cintura a los moros” (frase racista que corría de boca en boca sumando votos). Idéntico significado tuvo el triunfo electoral del Jesús Gil en el año 2.000, otro individuo sin escrúpulos con vitola de caudillo implacable capaz de frenar a los “moros que nos están comiendo”. Esta es la trágica verdad de este pueblo. Aunque nos produzca un fuerte desasosiego aceptarlo. Sectores muy amplios de la ciudadanía, acaso demasiado amplios, identifican el concepto integración con imposición. Así es imposible avanzar. En el periodo más reciente, y en especial desde el episodio de la Isla de Perejil (que permitió visualizar una acción directa y contundente) el voto de aquellos que temen la expansión política del colectivo musulmán se ha polarizado en torno al PP. Eso explica un porcentaje de representatividad muy superior al derivado de la estratificación ideológica de la sociedad. Como reacción, los partidos musulmanes se fortalecen e incrementan sus expectativas electorales a corto y, sobre todo, a medio plazo. En esta dinámica infernal nos encontramos inmersos. La copla de Carnaval ha sido un detonante, pero podría haber sido cualquier otro mucho peor. El riesgo de que se produzca un suceso luctuoso que fanatice irreversiblemente las posiciones, sigue latente. Ha llegado el momento de la catarsis pendiente, si queremos que nuestra Ceuta no termine siendo una insufrible tortura de la que huir despavoridos. Debemos asumir y reconocer los errores cometidos en el pasado y cambiar drásticamente el rumbo hacía la desesperanza que hemos impulsado inconscientemente. El problema radica en que es difícil que estos obligados cambios de actitud, provengan de quienes están obteniendo suculentos réditos electorales en este escenario. El PP se encuentra muy cómodo y ufano. Ha dado cobijo a todos los racistas y enemigos de la convivencia, que están imponiendo sus criterios radicales frente a otros sectores más moderados y racionales. Aquellos habitantes de la Ceuta profunda y nostálgica que siguen considerando al musulmán como el obediente lacayo, y dicen no ser racistas por practicar un paternalismo compasivo, votan al PP con vehemencia y le exigen firmeza y mano dura. Los partidos musulmanes, por su parte, han comprobado cómo la división y el enfrentamiento les reporta protagonismo, relevancia social, votos, influencia presente y poder futuro. También en este caso los más extremistas han ganado la partida. Conclusión: es la hora de la izquierda. Sólo la izquierda, que abraza sinceramente los valores esenciales de la igualdad y la solidaridad, que combate el racismo por convicción y que practica políticas sociales por su propia naturaleza, podría servir de acicate para cambiar esta perversa dinámica. Pero la izquierda, incongruentemente, está desaparecida. Es paradójico que no exista allá donde se hace más patente su necesidad. En Ceuta debería operar un proyecto sólido de izquierdas capaz de influir decisivamente en el entramado social. Y no es así porque el PSOE, que debe ser la pieza clave para articularlo, se ha negado sistemáticamente a ello. Sus actuales responsables lo han convertido en un partido que se desliza entre lo absurdo y lo ridículo. Rechazan, desde la soberbia del ignorante, cualquier intento de convertirse en el sostén de una fuerza política plural que reubique a todos los ceutíes que se sienten progresistas. Baste como ilustración del grado de paranoia que han alcanzado, saber que su ejecutiva ha tomado la decisión de que “el PSPC no existe”. El único objetivo identificable que persiguen es mejorar su inofensiva cuota electoral, por el mero efecto arrastre de las siglas, para procurar algunos cargos públicos remunerados a la mínima y patética cohorte de dirigentes cada vez más escuálidos intelectual e ideológicamente. En la misma sintonía se encuentra la dirección federal del PSOE. De otra forma es incomprensible que padezcamos en Ceuta a este Delegado del Gobierno. Un individuo sectario e incompetente, cuya participación e incidencia en la vida pública de Ceuta es exactamente cero. Otro instrumento desaprovechado. El anodino y oscuro personaje actúa inopinadamente, zarandeado por los intereses de la agrupación local del PSOE, con el único resultado posible: el esperpento. No corren buenos tiempos para Ceuta. Pero la gente de izquierda se ha distinguido históricamente por su capacidad de lucha, su fortaleza ideológica y su fe en el ser humano. Los hombres y mujeres ceutíes que nos sentimos de izquierda no nos vamos a resignar. Vamos a pelear con todas nuestras fuerzas para que los intereses de unos, la ineptitud de otros, y la ceguera de muchos, no terminen por destruir esta Ciudad que tanto amamos. Es la síntesis del quinto congreso del PSPC: “Nuestra Ceuta es posible”.
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