Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 30 de marzo de 2006
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El estado crítico de la Ciudad
Juan Luis Aróstegui
El debate sobre el Estado de la Ciudad (remedo del debate sobre el estado de la Nación), está concebido como la práctica parlamentaria idónea para evaluar el grado de cumplimiento de las expectativas del conjunto de la sociedad. No es sólo un inevitable examen de la gestión del Gobierno de turno, sino que pretende ser, además, un diagnóstico fiel de la coyuntura política del que, incorporando todas las perspectivas ideológicas, se puedan colegir las estrategias de futuro en orden a corregir desviaciones, trazar horizontes y, especialmente, implicar a la ciudadanía en la participación activa para la consecución de los objetivos considerados como prioritarios. Sin embargo, la degeneración de la vida pública hacia una estéril y exasperante campaña electoral permanente, merma notoriamente la utilidad de este tipo de sesiones plenarias. Por otro lado, el hecho de que cada formación política pueda elegir libremente las materias sobre las que focalizar su análisis, dispersa el contenido global del debate haciendolo inabarcable para la opinión pública. Así, el Gobierno de la Ciudad se atrinchera tras la aritmética, ofreciendo una indescifrable maraña de números y porcentajes que terminan por dibujar una Ciudad virtual y alternativa irreconocible por los ciudadanos. Y la oposición, por su parte, se limita a imputar al Gobierno toda suerte de responsabilidades, con o sin razón, procurando su desgaste sin más aspiración ni alcance. Nada de interés. En otras circunstancias no tendría mayor importancia desperdiciar estas oportunidades. Pero la Ceuta actual no puede permitirse el lujo de renunciar a la reflexión. Es tan urgente como trascendente profundizar en un ejercicio colectivo de redefinición de los elementos claves sobre los que ha de descansar el proyecto de Ciudad que se adivina incierto por momentos. A este respecto, destacan tres cuestiones fundamentales que se encuentran en una fase enfáticamente depresiva. Que requieren respuestas inmediatas y el concurso unánime de partidos, agentes sociales y entidades ciudadanas. Autonomía, convivencia y economía, conforman una trilogía existencial que no admite más aplazamiento. Uno. El retraso acumulado durante dos décadas se acentúa ante un consentimiento culpable provocado por el desánimo de la población y la traición de los partidos políticos de ámbito nacional. Atónitos observamos cómo todas las Comunidades Autónomas avanzan con paso de gigante en el perfeccionamiento de su realidad política e institucional, mientras que Ceuta y Melilla aparecen como una fotografía en blanco y negro, a medio camino entre el repudio y la compasión. El cuerpo legislativo generado paulatinamente por el funcionamiento del estado de las autonomías nos sitúa cada vez más desplazados del orden político vigente. Nos estamos quedando sin leyes que aplicar. Como arrastrándonos, con la lengua fuera, intentamos no perder la estela de los que deberían ser nuestros iguales, sabiéndonos derrotados de antemano, e inventando componendas y subterfugios carentes del menor rigor jurídico. ¡Basta ya! Cuanto más nos distanciamos, menos España somos. Ceuta debe ser Comunidad Autónoma. Ahora, y a la vista del proceso en curso que se está desarrollando en nuestro país, sin ningún tipo de excusa. Dos. Los acontecimientos vividos recientemente han desnudado la verdad de Ceuta sobre la calidad de la convivencia que practicamos. Desvanecidos los tópicos, y desacreditados por los hechos los optimistas discursos oficiales; ha llegado el momento de consensuar una política de integración valiente y ambiciosa, que tenga alguna posibilidad efectiva de éxito. Para ello es indispensable sustituir la baldía ensoñación nostálgica por la comprensión de la dinámica social de la Ceuta del siglo XXI. Cuanto mas demoremos esta tarea, más difícil y compleja será. No la hagamos imposible. Tres. No puede crecer una Ciudad a lomos de los presupuestos públicos. Es una falacia que lleva impresa su propia fecha de caducidad. Más allá del confort que proporciona el dinero público sólo queda desolación y lamento. El tejido productivo es débil hasta la extenuación, conservando el mínimo vital, pero incapaz de generar actividad y empleo suficientes para integrar a una población joven que crece exponencialmente entre la frustración y el desencanto. Los más de ocho mil parados oficiales se clavan como ocho mil agujas afiladas en una conciencia cada vez más endurecida. Inoperantes y esquivas, las administraciones malgastan sus escasas energías en buscar argumentos convincentes para eludir responsabilidades. Los implacables efectos de un egoísmo enfermizo nos impiden entender que el paro no es sólo es un drama para quien lo sufre de un modo directo; sino que es también, y sobre todo, portador de un germen que destruye la sociedad y por tanto un problema que nos concierne a todos. Nuestra Ciudad camina dubitativa e insegura por una vía paralela y distante del resto de territorios españoles, tensionada por larvados enfrentamientos raciales, y agobiada por una crisis que destila paro y pobreza como un veneno letal. Estado crítico. Demasiada ausencia.
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