Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 23 de febrero de 2006
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Fascistas en el PSOE
Juan Luis Aróstegui

El acelerado proceso de mimesis de nuestra democracia al sistema político de Estados Unidos, está ocasionando lesiones gravísimas, acaso irreversibles, a la esencia de los partidos políticos, devaluando uno de los pilares básicos sobre los que descansa la Constitución. Los partidos políticos españoles se están transformando en simples maquinarias electorales. La mercadotecnia, la publicidad y la encuesta, constituyen el principio y el fin de la actividad partidaria. A los militantes sólo les queda reservado el triste papel de animador de mitin que agita su banderita en la hora exacta del telediario, previo aviso, y con cara de pánfilo. Para esta tarea no se exige conciencia alguna. Basta algún interés más o menos confesable. Este hecho es común a todas las formaciones políticas; sin embargo sus consecuencias no son idénticas. Para la derecha no supone un excesivo trastorno, porque la existencia de la derecha se fundamenta exclusivamente en el poder sin mayor trascendencia, y sin importar los métodos. Pero la izquierda sólo se concibe en el universo de las ideas y los valores. Fuera de ellos la izquierda esta muerta. La afiliación a partidos de izquierda, sin un compromiso ideológico previo, es una estafa y una traición a millones de personas que han luchado, y muerto,  a lo largo de la historia en defensa de una sociedad más libre, justa y solidaria. Militar en un partido de izquierdas no es sólo votar, vocear, aplaudir y rellenar unas determinadas siglas, sino que obliga moralmente a observar una conducta individual acorde con unos principios inmutables que han convertido a la izquierda en la referencia básica del desarrollo de la humanidad durante el último siglo. Por ello produce una insufrible indignación comprobar la cantidad de individuos que se han infiltrado en el PSOE sin guardar la menor concomitancia con los ideales de la izquierda. Blanden hipócritamente sus símbolos ante una sociedad laxa y carente de espíritu crítico, cuando realmente los utilizan de un modo corrupto para satisfacer sus ambiciones personales, generalmente traducidas en cuentas corrientes. No pueden representar a la izquierda los racistas, ni los explotadores, ni los represores, ni los opresores, ni los autoritarios. Es preciso combatir con dureza a esa caterva de fascistas enquistados en las entrañas del PSOE (mientras siga pretendiendo presentarse como un partido de izquierdas), que se comienzan a expandir peligrosamente, borrando las señas de identidad de lo que ha sido una hermosa marea a la conquista de la dignidad humana  y de la libertad.

Recientemente hemos tenido ocasión de comprobar la verdadera dimensión de este fenómeno. No afecta sólo a militantes de base o concejales de escasa relevancia. Sujetos de esta condición ocupan ya las primeras filas de representatividad y poder, como nos ha demostrado el Subsecretario del Ministerio de Educación. La actuación de este personaje rebasa los límites tolerables, no ya para un partido de izquierdas, sino para cualquier persona con un mínimo de sentido de la decencia. Es un hecho insólito en la democracia española. El ejercicio del elemental derecho a la crítica sobre la gestión del MEC en relación con Ceuta, ha sido razón suficiente para que el despótico y soberbio Subsecretario haya despojado a un colectivo de más de dos mil trabajadores de los derechos alcanzados legítimamente en una mesa negociadora mediante un acuerdo suscrito por él mismo. Remedando la peor versión posible de Fraga, y al grito de la “Mesa es mía”, como un energúmeno enfurecido, ha decidido castigar a todos los profesores de Ceuta y Melilla porque él se ha sentido ofendido.

Pero lo más lamentable y descorazonador es que esta conducta, reprobable sin paliativos, haya contado con el consentimiento de su propio partido. Ni una sola voz disonante. Se debe deducir que el PSOE en su conjunto comparte estas actitudes fascistas. El apoyo irracional a lo que hagan “los nuestros” está más próximo a las leyes de la mafia que a una organización democrática. Se están deslizando por un tobogán de infamia sin retorno. Un hombre o una mujer de izquierdas, jamás permanece impasible ante una injusticia. Lo del PSOE parece ser otra cosa.

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