Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 5 de enero de 2006
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Testimonio inverso
Juan Luis Aróstegui
El PSOE ha renunciado definitivamente a consolidarse en Ceuta como una formación política solvente, arraigada en la sociedad y  con aspiraciones serias de contribuir a modelar su futuro. Así se infiere indubitadamente de su comportamiento más reciente respecto a cuestiones que afectan de un modo más directo a la sensibilidad de los ceutíes. No conformes con el daño infligido con el célebre sorbo de agua del Presidente del Gobierno, escenificando internacionalmente tan lacerante desprecio, ahora se han empeñado en ratificar institucionalmente, con el mayor rango posible, el tratamiento de “ciudades ocupadas” que ladinamente nos dispensa el régimen anexionista de Mohamed VI. El anuncio de la “información previa a Rabat” de la visita del Presidente del Gobierno a Ceuta, es una agresión a la dignidad colectiva de los ceutíes imposible de digerir. Incluso para aquellos que, ingenua o interesadamente, siguen afectos a este infame partido.

No es la primera vez que sucede un hecho de esta naturaleza. Recordemos que antes de aprobar el Estatuto de Ciudad, el Gobierno del PSOE tuvo la “delicadeza” de justificar a la diplomacia marroquí que se trataba de una simple modificación legislativa sobre el Ayuntamiento de Ceuta que “en nada” alteraba el “statu quo” de Ceuta (condición tradicionalmente impuesta mediante chantaje por el régimen alauita). Pero en esta ocasión se ha producido un salto cualitativo. Aquel Gobierno tenía, al menos, la consideración suficiente para hacer estas maniobras de manera clandestina. Públicamente negaban lo que era un secreto a voces. Guardaban las formas. Este nuevo Gobierno del PSOE, no sólo no mantiene la discreción, sino que enfatiza y hace ostentación de tales actuaciones. Es inaudito que haya sido el propio Gobierno el que ha difundido la noticia a través de una agencia que llega a todos los medios de comunicación españoles. Nos insultan presumiendo de ello. No cabe el desliz, porque no se puede ser tan zote. Son perfectamente conscientes del daño que causan. No les importa. Y tiene su explicación. Los grandes partidos se han transformado en aparatos electorales. Su función de vertebrar ideológicamente la sociedad se ha disipado. Por ello las estrategias y sus consecuentes actos obedecen, exclusivamente, a los análisis electorales. El del PSOE respecto a Ceuta es demoledor. Tiene el peor resultado, con diferencia, de todas las ciudades españolas de más de cincuenta mil habitantes. Y sin posibilidad alguna de remontar. Sin ideas ni proyecto, con un equipo humano de muy bajo perfil y odiado por la ciudadanía, es inútil plantearse otra cosa que no sea la supervivencia de las siglas a modo de franquicia puramente estética. Así parece haberlo interiorizado la organización federal del PSOE, que ha abandonado a su suerte a los escasos militantes ceutíes, a los que obliga una y otra vez a hacer un ridículo mayúsculo para intentar explicar públicamente los innumerables atropellos que cometen contra nuestro pueblo.

Está demostrado que al PSOE, en relación con Ceuta, sólo le preocupa la repercusión que sobre la opinión pública española puedan tener asuntos de actualidad que despiertan gran inquietud, tales como inmigración o terrorismo islámico. El deterioro que sufra la imagen del PSOE  por hechos que tengan su origen en Ceuta, y que se pueda medir en votos, si los conmueve. El destino de los ceutíes les causa absoluta indiferencia. Por esta razón el Presidente del Gobierno decidió venir a Ceuta. Los acontecimientos de septiembre le aconsejaron un  golpe de efecto. Ceuta como excusa, no como fin. Ha quedado fehacientemente probado.

Para los ceutíes debía ser un motivo de enorme satisfacción la visita del Presidente del Gobierno. No por sus efectos en el terreno de las realizaciones materiales, sino por el carácter simbólico del gesto. Los ceutíes queríamos que la presencia del Presidente del Gobierno, con toda la carga política e institucional que conlleva, se entendiera como un testimonio inapelable de nuestra españolidad, ante quienes dudan (que no son pocos), y sobre todo ante el Gobierno de Rabat. Pero la solicitud implícita de autorización para visitar la “ciudad ocupada”, envuelta en la sutil fórmula de la “información previa”, invierte por completo el testimonio. Sólo se pide permiso para entrar en lugares ajenos. Esa es la única interpretación posible de lo que ha hecho el Presidente del Gobierno. Otra herida. Más dolor.

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