Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 15 de diciembre de 2005
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No se puede generalizar
Juan Luis Aróstegui
No se puede generalizar. En este aforismo, elevado a la categoría de axioma, subyace el reconocimiento de la diversidad del ser humano. Cada individuo, por su naturaleza y posteriores procesos educativos o de habituación, presenta un perfil actitudinal propio que influye en todos los ámbitos de su vida y que lo diferencia nítidamente de sus iguales. Sin embargo, este principio, que se acepta como indiscutible en un plano teórico, se esfuma en la práctica con suma facilidad cuando se desciende a evaluar comportamientos de entidades o colectivos. Es demasiado frecuente utilizar la técnica del etiquetado para calificar de un modo simplificado y uniforme la conducta del grupo, sin respetar su inherente heterogeneidad. Esta forma de proceder impide, en muchas ocasiones, desarrollar un debate ordenado, serio, riguroso y productivo sobre cuestiones de interés público. Tal es el caso de la polémica que se está suscitando en la Ciudad torno a la Policía Local. Las opiniones vertidas, todas radicalizadas y sintetizadas en exceso, no dejan lugar a la imputación de responsabilidades individuales. “Todos” los Policías Locales son calificados como abnegados, sacrificados y magníficos profesionales que ejercen una encomiable labor en beneficio de los ciudadanos; o como una cuadrilla de impresentables engreídos que no respetan a nadie y no saben cumplir con su obligación. En un bando parecen estar alineados el Gobierno y los sindicatos de la policía. En el otro, parte de la oposición, algunos periodistas y ciudadanos más o menos anónimos. Es un enfrentamiento dialéctico estéril, porque la falta de objetividad y discriminación entre los sujetos, merma considerablemente la credibilidad de los contendientes. Da la impresión de que cada uno defiende un interés particular, o una visión parcial de la cuestión, sin mayor aspiración que la de llevar razón. Negar obstinadamente el menor atisbo de razón en el oponente, conduce a ignorar la existencia del conflicto y justifica la impasibilidad. Grave error. Porque el tiempo nunca juega a favor. Es un hecho incontrovertible que la labor de algunos Policías Locales, basada en el trato que se dispensa al ciudadano, esta muy cuestionada por diversos sectores de la población. De un modo más concreto y preocupante, es necesario señalar la virulenta reacción de muchos jóvenes de barriadas periféricas (en su mayoría musulmanes) frente a las unidades de la Policía Local (especialmente la UIR). Por otro lado, los argumentos planteados por los sindicatos de la policía local, en relación con las condiciones de extrema dificultad en la que se deben desempeñar determinados servicios y los riesgos personales que asumen los policías que cumplen con más esmero su función, están cargados de razón. Es una situación muy delicada por la sensibilidad que genera en el conjunto de la sociedad. No es fácil encontrar el necesario equilibrio entre atender las justas reclamaciones por los excesos cometidos, y preservar la indispensable imagen de profesionalidad y la confianza que debe asistir a un cuerpo de seguridad. Pero lo que no se puede hacer, bajo ningún concepto, es obviar el problema. Porque sometido al principio de acción-reacción, puede trascender de su ámbito actual y convertirse en un problema social y político de primer orden. La actuación de la Policía Local debe ser objeto de estudio desapasionado, sincero, valiente y constructivo. En él deben participar, como protagonistas destacados, los partidos políticos y las centrales sindicales (como legítimos representantes de los policías), pero además, técnicos especializados en esta materia y asociaciones vecinales, que pueden y deben aportar puntos de vista de gran interés. Partiendo de un reforzamiento de las características consustanciales a un cuerpo policial en un sistema democrático (entre las que cabe destacar el trato exquisito a todos y cada uno de los ciudadanos, sin excepción), es preciso determinar con precisión las competencias corresponden a la Policía Local, los procedimientos que se deben utilizar, el código de conducta que deben observar sus agentes, y el estilo que debe trasmitir. Y a partir de estos postulados, ejercer una labor concienzuda de inspección que detecte y sancione con dureza las actuaciones que se aparten de ellos. En beneficio de la colectividad, de la dignidad del cuerpo y de la reputación profesional de los policías.
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