Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 31 de diciembre de 2005
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La valla
Juan Luis Aróstegui

Dos mil cinco será el año de la valla. Así quedará en los anales de nuestra tortuosa historia más reciente. El vertiginoso e implacable mundo de la imagen obliga a reducirlo todo a una foto breve, impactante, definitiva. Y esa, sin duda, será la de una multitud de desposeídos de la tierra escalando una valla, al pie de la que murieron cinco personas acribilladas a balazos por la espalda, por cometer el terrible delito de buscar un trozo de felicidad. Durante unos instantes de septiembre, breves en el tiempo pero infinitos en la conciencia, nuestra tierra se convirtió en el escenario del horror. Ante los acongojados ojos de todo el planeta, los ceutíes fuimos espectadores privilegiados e involuntarios de las desgarradoras erupciones que provoca la esquizofrenia que habita en una sociedad global cada vez más injusta. La opulencia en feroz y desigual combate con la miseria. La miseria de unos convertida en delito para conservar la opulencia de otros; entre cantos de solidaridad, unánimes, pero debidamente separados por una infranqueable valla de egoísmo y despotismo sentimental, adornada con convincentes argumentos que alivian el resquemor y nos evitan morir de vergüenza. Los sucesos de la valla se han clavado como un cuchillo en nuestro corazón. Dejarán huella. Ojalá aprendamos algún día cómo derribar la valla. De momento la única ocurrencia, aplaudida y jaleada, ha sido la contraria: recrecer la valla.

La valla es símbolo y ancestral paradigma de separación. En nuestra Ciudad otras muchas vallas comparten amargo protagonismo con la del Tarajal. Siguiendo el mismo camino, impulsado por idéntica inercia, todas han recrecido. Las separaciones se han hecho más ostensibles demostrando irrefutablemente la deriva errática por la que transita Ceuta desde hace algunos años. Y que nuestros gobernantes observan con cínica indiferencia, aposentados en actitud celosa sobre las urnas sagradas a las que veneran hasta convertirlas  en principio y fin de su existencia.

Ha recrecido la valla que separa a cristianos y musulmanes. Nos estamos acostumbrando a vernos y soportarnos; pero no nos oímos. No nos comprendemos. No somos capaces de sentir colectivamente. Y lo que es peor, en muchas ocasiones da la impresión de que hemos renunciado a construir esa sociedad de futuro, fusionada y cohesionada desde la diversidad. Como si la viéramos una utopía inalcanzable, nos hemos resignado a coexistir pacíficamente sin más aspiración común que evitar el conflicto. Dos ciudades paralelas que se entrelazan de un modo extraño y disperso, ante la anuencia de la mayoría y el intento desesperado, de unos cuantos (en tendencia descendente), de hacer de esta sociedad deshilachada un pueblo unido y convencido de su futuro.

Ha recrecido la valla que separa a ricos y pobres. La persistente crisis económica esta partiendo Ceuta en dos mitades paulatinamente más distantes entre sí. De un lado quienes disfrutan de empleos públicos muy bien remunerados y viven confortablemente; y de otro, quienes están condenados a la más angustiosa precariedad. Contratos breves y salarios penosos para los más afortunados, la marginación sin más para el resto. Las intrigas sectarias de dos administraciones irresponsables dejan un año vacío de iniciativas en materia económica. Un precio excesivo para una Ciudad que pide a gritos decisión y compromiso.

Ha recrecido la valla que separa la enseñanza pública de la privada. El frustrante modelo de escolarización dual se asienta y consolida alentado por una administración educativa hipócrita, incompetente y negligente. La educación modela la sociedad. En Ceuta estamos inculcando a los niños y niñas que en las escuelas debemos convivir separados por etnias o convicciones religiosas. Los centros privados quedan reservados para alumnos cristianos (con alguna excepción) y de buen nivel académico, y los centros públicos para musulmanes y alumnos conflictivos. Todo ello mientras se pregona  a los cuatro vientos que en Ceuta no hay racismo y que es muy importante fortalecer la enseñanza pública que es la única que garantiza la igualdad de oportunidades.

Ha recrecido la valla que separa el comercio local del peninsular. El comercio ceutí, bastión económico, que durante décadas imprimió carácter a la Ciudad, parece haber llegado al fin del trayecto. Así lo han decidido los empresarios. Los más avispados se marcharon cuando vieron el panorama sombrío, otros disimulan y mantienen sus establecimientos abiertos aunque han desplazado a otros ámbitos la actividad rentable (asesoran, invierten en ladrillos, o se dedican a exportar a Marruecos utilizando Ceuta sólo como centro de operaciones), los que subsisten se encuentran sumidos en una profunda desmoralización que los mantiene paralizados. Los comercios peninsulares están, ya, a años luz en amplitud de oferta, calidad, precios, formas de pago y atención al cliente. Las fugas de consumidores ceutíes aumentan imparablemente. Cada vez más justificadamente. Mientras tanto, los comerciantes, como persiguiendo molinos de viento, se obcecan en culpabilizar a los trabajadores y a los horarios comerciales. En la inopia.

Ha recrecido la valla que separa Ceuta de Algeciras. Las navieras nos alejan económica y psicológicamente de la península con la complicidad de los Gobiernos, incapaces de sensibilizarse con la ansiedad de la población. Las subidas de tarifas (que absorben las subvenciones fulminantemente), el fin de la intercambiabilidad de los billetes y el maltrato al cliente, abren una brecha que crece sin cesar. Una infame burla impune.

Hay dos vallas que no han recrecido. Quizá porque ya están tan altas que no admiten un añadido. Son las vallas que nos separan políticamente del resto de pueblos y territorios de España. Las vallas que nos convierten en ciudadanos de inferior categoría y nos ofenden en nuestra dignidad y orgullo. Seguimos sin ser Comunidad Autónoma y sin que el Jefe del Estado visite oficialmente nuestro territorio, después de treinta años de reinado.

Habrá un día en que todos los ceutíes y todas las ceutíes, arrebatados de nueva ilusión y juramentados en un destino limpio, nos entreguemos afanosamente a derribar todas las vallas. Ojalá.

(Anuario 'El Faro de Ceuta' 2005)

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