Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 10 de noviembre de 2005
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No a la sumisión
Juan Luis Aróstegui
El Presidente de la Ciudad de Ceuta acudió obediente y sumiso a la llamada del Rey Juan Carlos. Dos comediantes interpretando otro acto del indecente sainete que se prolonga ya durante treinta años. Cada encuentro entre el Jefe del Estado y el Presidente de nuestra Ciudad, siempre lejos de nuestra tierra, se salda con una retahíla de loas y halagos mutuos que nos transportan a un paraje idílico pleno de felicidad. Cariño, afecto, comprensión, interés, orgullo, satisfacción... ¡Bah! Todo, mentiras. Sólo mentiras. Es indignante que el Presidente de la Ciudad se siga prestando a un juego absolutamente ofensivo para el pueblo al que representa.Durante tres décadas, los ceutíes venimos reclamando la presencia del Rey en Ceuta, en su condición de Jefe del Estado. Porque se trata de un acto político formal y solemne de reafirmación de la españolidad de Ceuta de proyección internacional. La coyuntura actual refuerza el sentido de esta justa y legítima reivindicación. Cuantas más dudas e insidias surjan o pretendan inculcar en la opinión pública los enemigos de Ceuta, mas imprescindibles se hacen los gestos destinados a combatirlas. Fuera de este ámbito, las entrevistas con el Rey sólo alcanzan la categoría de anécdotas carentes de valor político. Una versión institucional de los tradicionales ecos de sociedad. A este respecto, es necesario subrayar que la visita del Rey es una decisión de carácter político que corresponde al Gobierno de la Nación según establece la Constitución. El Rey no tiene competencias para ejecutar la política de España. Nuestras exigencias se deben dirigir al Presidente del Gobierno. Es el único responsable de esta felonía. Pero, precisamente por ello, el Rey debe ser respetuoso con Ceuta. Sus reiteradas palabras de aliento, que aparentemente se pueden considerar como una prueba de afecto, no son sino un motivo más de befa y escarnio contra el pueblo de Ceuta. Si el Gobierno se niega a programar la visita del rey a Ceuta para no molestar a Mohamed VI, que al menos, no se burlen de nosotros. Es lo menos que cabe pedir. Respeto.En enero de dos mil cuatro, el Presidente de la Ciudad nos trasladó el anuncio del Rey de que "pronto" vendría a Ceuta. Han transcurrido casi dos años desde entonces. Nos engañó. No es lícito flirtear con un asunto tan sensible para los ceutíes. Y el Presidente de esta Ciudad, ofendida y dolida, no puede con sus actuaciones dar carta de naturaleza a esta perversa e inaceptable relación basada en el agravio y la sumisión. Ceuta tiene dignidad. Nadie tiene derecho a arrebatárnosla. Muchos ceutíes nos sentimos humillados al ver a nuestros representantes doblar la cerviz para rendir pleitesía a quien nos hiere en lo más profundo del alma. El Presidente de Ceuta no debe mantener contacto alguno con el Jefe del Estado hasta que no se resuelva la afrenta histórica a la que nos tiene sometidos. Es el mejor modo de hacer patente nuestro orgullo.Conservar indemne la dignidad de nuestro pueblo debe ser un compromiso participado por todos los ceutíes. Esta aspiración hace especialmente decepcionante el editorial de este medio de comunicación sobre el hecho en cuestión. EL Faro, con todos sus defectos, se ha distinguido siempre por una defensa incondicional de las señas de identidad de Ceuta, en especial de su españolidad. No se puede concebir el apoyo prestado a esta visita, que sólo sirve para confundir a la ciudadanía, desenfocar el problema, y en definitiva, debilitar la lucha desigual que estamos librando por ganar un futuro que se intuye cada vez más incierto. Es precisa una reflexión colectiva que frene el peligroso proceso de pérdida de identidad. El pueblo que pierde su dignidad esta condenado al abismo de la historia.
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