Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 17 de noviembre de 2005
 BLOGS
Voluntad de Aprender
Juan Luis Aróstegui
La voluntad de aprender es una cualidad innata del ser humano, indispensable para estimular el progreso. Este es un principio aplicable indistintamente tanto en su dimensión individual como colectiva. Los pueblos también aprenden. En una sociedad cambiante por definición, es fundamental mantener activo el sentido de la observación y operativa la capacidad de reflexión para encontrar las respuestas más adecuadas a los desafíos que provocan las nuevas dinámicas sociales.

Nuestra Ciudad carece por completo de este instinto. La vocación de aprendizaje está radicalmente atrofiada. Por un lado, el sempiterno sentimiento de provisionalidad que obstruye el sistema nervioso del cuerpo social, impide la existencia de un método ordenado y estable de pensamiento sobre los aspectos básicos de nuestra convivencia. Por otra parte, la desnaturalización que ha sufrido secularmente la política en Ceuta, ha anulado el instrumento más valioso para avanzar en el desarrollo de la sociedad. Los partidos políticos sólo se preocupan de sus intereses a muy corto plazo, generalmente mezquinos e irrelevantes para el conjunto de la ciudadanía. Para ganar elecciones, y seguir disfrutando de las prebendas del poder, se obstinan en recrear la imagen ficticia de una Ciudad, en “perfecta armonía, con un brillante presente y un esplendido futuro” (es una cita textual del Gobierno de la Ciudad). De este modo, cada vez que se plantea públicamente alguna cuestión de cierta envergadura, que no resulta agradable a los oídos de los ceutíes acomodados; surgen, como fieras, los profetas del optimismo delirante (habitualmente beneficiarios del corrupto sistema) para descalificar, con saña y ofuscación, a quienes discrepan de los discursos oficiales.

El resultado de todo esto, es que Ceuta ha asumido como actitud vital frente a la adversidad, una dialéctica basada en la  ignorancia, la espera y el lamento. Ante cualquier problema, la primera reacción es negar su existencia; cuando se convierte en acuciante, esperamos a que alguien (nunca se sabe quien) lo resuelva; y al final, cuando se hace irremediable, terminamos lamentándonos desesperadamente y buscando culpables que nos limpien la conciencia y nos eximan de responsabilidades.

Sería conveniente comenzar a corregir esta tendencia que sólo nos puede conducir al desastre. Ahora tenemos una buena oportunidad. Los disturbios que se están produciendo en Francia desde hace algunas semanas, ha conmovido al mundo. Los hechos, por imprevistos y desconocidos, han generado un debate público de ámbito internacional sobre uno de los fenómenos sociales más preocupantes y trascendentes en los albores del Siglo XXI: la integración social de las minorías étnicas. Diariamente se emiten diagnósticos, análisis y opiniones de gran interés relacionados con esta cuestión. Los ceutíes deberíamos seguir atentamente, y muy de cerca, este asunto. No en vano, es uno de los principales problemas de nuestra Ciudad. Un problema que condiciona todos los órdenes de nuestra vida en común. Los rasgos característicos esenciales de la situación que se vivía en Francia, guardan una gran similitud con lo que está sucediendo en Ceuta. Por ello, deberíamos observar y aprender. Para prevenir posibles conflictos y tomar decisiones en la dirección correcta.

Con este motivo, es recomendable la lectura de un fragmento del artículo publicado en “El País”, el pasado sábado, por Sami Naïr (Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París), titulado “Las llamas francesas”:

“Para ellos (los gobernantes), la integración social de ese sector excluido del pueblo francés se reducía a consignas tan estúpidas como insultantes: hay que dar “visibilidad” a los jóvenes de “segunda generación”, decían: puestos de baja categoría en las administraciones, medallas aquí y allá, programas de televisión políticamente correctos, “prefectos musulmanes”, semi-ministros; en resumen una zidanización engañosa que ocultaba a auténtica catástrofe social. Convertimos la integración en un deber simbólico. Y acabamos por manipular el símbolo despreciando la integración. Porque el gran ejército de los olvidados, de los don nadie de los barrios periféricos, no se siente involucrado. Nunca se sintió involucrado en el fondo”.

Algo muy parecido puede estar ocurriendo en Ceuta. Se habla constantemente de la integración y la cohesión social. Todos repiten empalagosamente la cursilería de las “cuatro culturas” que conviven perfectamente ensambladas  (aunque tenemos la certeza de que es mentira). Estamos convirtiendo la integración en ese deber simbólico al que hace referencia Naïr; pero los jóvenes de nuestros barrios periféricos ¿se sienten realmente concernidos? Sobre esto sí deberíamos debatir en profundidad.  Sin embargo, no se oye una palabra. Los dos partidos políticos grandes están enfrascados en su absurda y banal competición propagandística particular sobre quién ha hecho más por Ceuta en menos tiempo. Cuando veamos los coches arder, y la población se estremezca, cada uno de ellos se limitará a culpabilizar al rival. Unos a Zapatero, otros a Aznar. Con ese memo latiguillo sienten el deber cumplido. El futuro no es de su incumbencia.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.