Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 13 de octubre de 2005
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Juan Luis Aróstegui

La indignación surcaba vertiginosamente la conciencia de los ceutíes. Las brasas de lo que en un tiempo fue un pueblo orgulloso se avivaron súbitamente. El ansia de expresión colectiva se desbordaba. No era posible soportar tanta humillación, tanto dolor, tanta tristeza. "Algo hay que hacer". Durante algunas horas, quizá días, convivimos con este insatisfecho anhelo. Nadie atendió la llamada. El Gobierno de la Ciudad tenía la obligación moral de articular una respuesta popular acorde con las circunstancias. Pero exhibiendo una inmensa cobardía, optó por esconderse en los despachos y ocultarse tras un puñado de vergonzosas frases tan manidas como huecas. Ante el histórico renuncio, los ciudadanos se autoconvocaron para ocupar la calle y gritar que "Ceuta es España". Un argumento noble y compartido. La calle es el espacio de libertad común. Las manifestaciones son actos de comunión de ideas y sentimientos convertidos en voces y actitudes humanas. Así ha sido siempre. La democracia se ha escrito y se escribirá en la calle. Quienes se han dedicado a descalificar la manifestación no son más que farsantes, torpes aprendices del arte del engaño. Alegan ufanos que no tiene sentido manifestarse para decir lo obvio. Mienten. Ejemplo. Ellos mismos, hace poco mas de un año, organizaban, encabezaban y aplaudían la manifestación contra el atentado terrorista del 11-M. ¿Hay algo mas obvio que estar en contra de aquella trágica masacre" Y sin embargo lo hicimos. Cumpliendo con nuestro deber democrático. Otros, reconvertidos en improvisados psicólogos aficionados, se entretenían en diagnosticar las causas que incitaban a cada cual a secundar la manifestación; y un tercer grupo, por último, perdía su tiempo examinando el perfil político de cada uno de los manifestantes para dar o no su aprobación, según los casos. Mientras, los que queremos a esta tierra, sin más connotaciones, salimos a la calle a defenderla. La manifestación tuvo un importante eco en todos los medios de comunicación de ámbito nacional; y la opinión pública española (para nosotros es innecesario) ya sabe que aquí hay un pueblo que no está dispuesto a rendirse. Los destinatarios de esta manifestación, los ciudadanos españoles de otras latitudes, no conocen los nombres ni los antecedentes de los manifestantes. No hace falta. Nadie recuerda tampoco quienes se movilizaron para defender la democracia tras el golpe de Estado. "Los hombres sin nombre hacen la historia" (hermosa frase de Silvio Rodríguez), resume con brillantez la esencia de las manifestaciones populares. Lo que si es imprescindible destacar es que a los ceutíes nos han dejado solos una vez más. El PSOE y el PP se volatilizaron. Siempre solícitos para una foto y raudos para presumir; se escurren por las alcantarillas cuando nos enfrentamos a retos de envergadura. Ahora nos importunan con su cinismo (PP) y sus mentiras (PSOE) destinadas a recuperar sus figuras ausentes.

El Gobierno desplazó a su Vicepresidenta con la única intención de frenar el gigantesco alud de críticas que su nefanda gestión ha merecido. Se podría haber ahorrado el viaje. Sus declaraciones suponen un nuevo insulto. Mentiras infames pronunciadas con la frialdad de los mercenarios. Comenzó justificando la exclusión de Ceuta y Melilla de la cumbre con Marruecos por no ser Comunidades Autónomas. Ninguna Comunidad tiene competencias en política exterior. La inclusión de las Comunidades Autónomas no obedece a ningún precepto normativo, y es por tanto, un acto político de naturaleza volitiva. En los mismos términos se podría haber invitado a Ceuta y Melilla. Son perfectamente conscientes de su mentira malintencionada. Lo publicó con nitidez su propio periódico (El País), citando fuente del Ministerio de Exteriores: Marruecos veta la presencia de Ceuta y Melilla y el Gobierno acepta el veto. Remató la faena diciendo que Ceuta recibe un trato preferente del Gobierno en materia de inversión. Otra flagrante mentira. Las cifras publicadas sobre el Presupuesto son elocuentes y contundentes. Es irritante el empeño de algunos cargos públicos en tratar a los ceutíes como analfabetos.

El PP ha reaccionado anunciando una serie de propuestas. Una moción en el Congreso ratificando la españolidad de Ceuta y Melilla. Y la celebración de un Consejo de Ministros en alguna de las Ciudades. Son medidas muy interesantes. Pero inaceptables proviniendo del PP. Desprenden cinismo por todos los poros. El PP carece de la autoridad moral necesaria para propugnar estas actuaciones, porque les resulta imposible zafarse del lastre que supone su gestión al frente del Gobierno durante ocho años (cuatro con mayoría absoluta). ¿Por qué no aprobaron entonces la moción que ahora demandan" ¿Por qué no celebraron un Consejo de Ministros en Ceuta o Melilla" ¿Por qué Aznar nunca vino a Ceuta en su condición de Presidente del Gobierno" ¿Por qué el Rey no visitó Ceuta durante este periodo" ¿Por qué no se aprobó un Estatuto de Comunidad Autónoma para Ceuta" Mudos y petrificados. Estas preguntas, inevitables e incontestables, golpean con la fuerza de la verdad desnuda rompiendo el esternón de un partido que ha hecho del cinismo y la farsa su razón de ser en Ceuta. Sin responsabilidad, y por tanto sin coste alguno, es fácil mostrarse audaz y combativo. Pero cuando tuvieron la oportunidad de promover estas iniciativas y hacerlas efectivas, se arrugaron. Eligieron, como el PSOE, burlarse de los ceutíes sibilinamente y con disimulo.

Quizá algún día, los ceutíes nos hastiemos de tanta mentira, tanto cinismo, tanto doble juego, tanta traición, tanta ofensa, tanta humillación. Y salgamos a la calle, todos unidos, reivindicando dignidad y derechos.

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