Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 20 de octubre de 2005
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Dinámica suicida
Juan Luis Aróstegui
El Presidente de la Ciudad declaraba, en un tono de gran solemnidad fiel a su estilo, que no es preciso reivindicar la españolidad de Ceuta permanentemente. La sentencia apenas duró veinticuatro horas. Transcurrido ese breve suspiro, el mismo Presidente y con la misma suficiencia, expresaba su convicción de que la moción del PP proclamando la españolidad de Ceuta es oportuna y conveniente. Una flagrante contradicción que provoca perplejidad e infunde intranquilidad. Porque refleja con una excelente claridad la estrategia del Partido Popular. El Presidente, ejecutando con disciplina espartana la política de su partido, difunde el mensaje de que la españolidad de Ceuta es un principio privativo del PP. Por ese motivo descalifica cualquier iniciativa que provenga de otros sectores, políticos o sociales, y elogia aquellas que, en el mismo sentido, promueve su formación política. El obsceno ejercicio de adulación a su líder nacional, imputando a la "movilización del PP" el cambio de tendencia favorable sobre Ceuta en la opinión pública española, ratifica esta apreciación. Otros altos cargos del PP de Melilla, como Hernández Mollar, ya habían apuntado en la misma dirección en las páginas de este periódico. El sencillo silogismo que pretenden inocular en el cuerpo electoral es el siguiente: la izquierda es entreguista; y la derecha defiende con firmeza la españolidad de Ceuta; en consecuencia, quienes sientan la españolidad de Ceuta deben votar a la derecha (o sea, al PP).Traficar con la españolidad de Ceuta para perpetuarse en el poder, desde el que repartirse privilegios, sueldos y prebendas, sólo admite el calificativo de nauseabunda indecencia. En el PP (o al menos el Presidente de la Ciudad) están obligados a recapacitar y frenar esta dinámica suicida; porque cuando las ideas adquieren una determinada velocidad de propagación, es muy difícil detenerlas posteriormente. El afianzamiento efectivo de la españolidad de Ceuta requiere, inexcusablemente, que este sea un concepto transversal, situado en un rango superior al de un ideario partidista; considerado como patrimonio común de todos los ceutíes, sin distinción de credos, y proyectado al conjunto de la ciudadanía española sin encasillarlo ideológicamente. En caso contrario, nos encontraremos ante la paradoja de que una aparente promoción de los intereses de Ceuta, se convierta, de hecho, en el camino a su propia destrucción. El PP debería entender que somos miles los ceutíes, y millones los españoles, que jamás votaremos al Partido Popular bajo ningún concepto. Y que la izquierda es mucho más que el PSOE (ni siquiera quienes votan a este partido apelando al voto útil, o como mal menor, comparten necesariamente sus errores, desvaríos y dislates). Si consiguen identificar la españolidad de Ceuta con el PP, estarán empujando a miles de ceutíes y a millones de españoles a inhibirse, cuando no renegar, del compromiso de defender a Ceuta. Probablemente, a muy corto plazo, esta singular extorsión emocional, alentada por la torpeza e indignidad del PSOE, les reporte un suculento rédito electoral, y ganen holgadamente las próximas elecciones. Pero las consecuencias ulteriores serán fatales. Si se instala en el ánimo de los españoles que Ceuta es una reminiscencia del pasado, que solo preocupa a los nostálgicos del franquismo refugiados en las siglas del PP, estaremos escribiendo nuestro epitafio.Es comprensible y legítimo que quienes compiten electoralmente se afanen en buscar todos los votos posibles por todos los modos imaginables. Son las reglas del juego. Pero incluso estas reglas, a menudo letales y despiadadas con los intereses generales, tienen su límite. En esta encrucijada histórica, a los políticos de Ceuta se les ha de exigir generosidad, entereza y una amplitud de miras más allá de la urna inminente. No es moralmente lícito sacrificar Ceuta por un puñado de votos. Cada uno de los obtenidos con estos ardides bastardos, estará teñido de un infinito remordimiento.
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