Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 25 de agosto de 2005
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Entreguismo por indiferencia
Juan Luis Aróstegui
Los ceutíes estamos perdiendo de un modo paulatino, pero inexorable, la conciencia de de pueblo. La carencia de sentimientos colectivos comienza a ser elocuente y concluyente. Resulta cada vez más complicado definir el espacio psicológico compartido, que infiere la condición de intragrupo, y del que emanan unas señas de identidad propias y diferenciadas, plenamente asumidas, que nos cohesionen como cuerpo social, nos vinculen generacionalmente, doten de sentido al proyecto de vida en común, y proporcionen la energía necesaria para superar adversidades, resolver conflictos, combatir amenazas y repeler agresiones. Ese espacio es, ya, prácticamente irreconocible.La razón, en última instancia, la encontramos en nuestra incapacidad para asimilar las transformaciones sustanciales que se han producido en el tejido social, y establecer unos parámetros válidos para modelar la Ceuta del futuro, adaptando nuestras señas de identidad a una realidad que se imponía de forma irreversible. Ceuta se está convirtiendo en una amalgama de intereses individuales inconexos, en la que se respetan las reglas elementales de educación cívica; pero en la que no existe el menor atisbo del concepto de convivencia. La conclusión más inmediata y visible de este estado de descomposición social es la indiferencia generalizada. Los ceutíes ya sólo piensan y sienten en primera persona. Cada uno se preocupa, exclusivamente, de su propio futuro. El colectivo, ha dejado de interesar.Sólo así se puede explicar la forma de reaccionar de esta Ciudad ante el hecho de que el Gobierno de la Nación haya designado a Máximo Cajal como cargo de confianza. Se trata de un político en activo que ha manifestado de forma expresa, contundente y con voluntad pedagógica, que Ceuta y Melilla deben ser devueltas a Marruecos. No cabe una agresión de mayor calibre. Es un ataque directo al corazón nuestro acervo como pueblo, a su elemento más valioso y celosamente preservado desde tiempos inmemoriales por muchísimas generaciones de ceutíes: la españolidad de nuestra tierra. El PSOE ha insultado y ofendido a esta Ciudad otorgando protagonismo, relevancia y autoridad moral a un sujeto que nos ha humillado mediante un pronunciamiento, que además, atenta contra un principio constitucional básico.En otros tiempos, semejante agravio hubiera desencadenado una furiosa movilización ciudadana para exigir la inmediata destitución de Cajal. En la actualidad, el nivel de indignación apenas ha llegado a dos editoriales de este medio de comunicación, y algunas columnas periodísticas suscritas por aquellos a quienes nos llaman nostálgicos por seguir luchando sin concesiones por los intereses de Ceuta.El Gobierno de la Ciudad, en su calidad de representante legítimo de la soberanía popular, tenía la insoslayable responsabilidad de haber articulado una respuesta política proporcionada a la gravedad del los hechos. Defendiendo los derechos de Ceuta con valentía y orgullo. Entre las iniciativas posibles, se podrían citar a modo de ejemplo: un acuerdo plenario nombrando a Máximo Cajal "persona non grata", instar a los Grupos Parlamentarios del Congreso y el Senado a solicitar el cese del entreguista, una manifestación multitudinaria, recogida de firmas y posterior entrega al Presidente del Gobierno, publicidad institucional en los diarios de tirada nacional, etc. Y sin embargo se ha arrugado. En perfecta sintonía con el espíritu decadente que nos tiene secuestrado el ánimo, se ha limitado a ofrecer (a los ceutíes) una paupérrima, insulsa e inofensiva valoración en un tono apagado, abúlico y sumiso; sin ninguna intención real de enfrentarse al Gobierno de la Nación.Los ceutíes deberíamos tomar conciencia de que la indiferencia no es neutral ni inocente. Es una vía hacia el entreguismo. Marruecos sabe lo que quiere, dispone de una estrategia muy bien diseñada, recaba constantemente apoyos internacionales, maneja con destreza sus grupos de presión en España para decantar a la opinión pública a su favor, y actúa con la determinación de quien tiene fe en sus convicciones. Si frente a este formidable despliegue, los únicos que verdaderamente queremos a esta tierra, nos inhibimos y miramos hacia otro lado; habremos dejado caer el bastión principal. Y perderemos Ceuta.
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