Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 9 de junio de 2005
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La Camiseta y el Chándal
Juan Luis Aróstegui
La política deportiva del gobierno municipal del PP es un perfecto dislate. Como un primer dato suficientemente significativo, baste recordar que en Ceuta, adentrados ya en el Siglo XXI, todavía no disponemos de una pista de atletismo. La profunda y ancestral vocación deportiva del pueblo ceutí, no encuentra las condiciones adecuadas para desarrollar su indudable talento, reiteradamente demostrado. La más tímida aproximación al mundo del deporte, en cualquiera de sus múltiples disciplinas, despierta sensaciones espeluznantes. Mientras los abnegados deportistas, sufridos entrenadores e impotentes directivos, realizan un silente e ímprobo esfuerzo para vencer las innumerables dificultades que los asedian permanentemente, y poder así practicar deporte con un mínimo de dignidad; la administración opera como un formidable lastre, convirtiéndose en el principal obstáculo, en muchas ocasiones insalvable.

El gobierno del PP es un experto en zancadillear el deporte local. Con las anécdotas que cuentan los implicados se podría editar una antología del disparate inigualable. Pero las justificadísimas críticas que prodigan los afectados nunca trascenderán del entorno privado, porque los gobernantes, además de ser incompetentes, inspiran miedo. El temor a perder la subvención-limosna, o sufrir cualquier otra represalia que ponga en riesgo de supresión la actividad, actúa como un infalible silenciador.

Se podría pensar que esta situación tiene su origen en una relegación del deporte en el orden de prioridades presupuestarias. Sin embargo no es así. Ni mucho menos. El ayuntamiento de Ceuta, a través de su órgano especializado, destina más de mil millones de pesetas anuales al deporte. Es un volumen de recursos muy estimable para una Ciudad de setenta y cinco mil habitantes. Ceuta, manejando correctamente estos presupuestos, debería ser un pequeño paraíso para la práctica del deporte, dotado de instalaciones modernas (abiertas en los horarios pertinentes), técnicos y preparadores de primer nivel, competiciones bien organizadas y clubes solventes. ¿Por qué no sucede nada de esto? Dos imágenes muy recientes ilustran este desaguisado. En una de ellas aparecen el Presidente de la Ciudad y la Consejera de Educación, con una sonrisa forzada, sosteniendo ante los medios de comunicación una camisetita de la Asociación Deportiva Ceuta. Deben pensar que ese gesto reporta votos. Es lo único que los mueve. El Gobierno de la Ciudad se identifica con el club profesional de fútbol que milita en la tercera categoría. No es un apoyo moral. Lo pagamos entre todos los contribuyentes a razón de más de doscientos millones por temporada. Como mínimo. Porque ahora se han inventado una subvención en forma de prima por obejtivos, que anuncian sin rubor. Todo este dispendio se justifica alegando que el club representa a Ceuta. Radicalmente falso. Una asociación privada, en ningún caso, y bajo ninguna circunstancia, puede representar a una Ciudad. La AD Ceuta representa a sus socios única y exclusivamente. El dinero invertido en la AD Ceuta es un despilfarro absolutamente injusto desde el punto de vista social. Carece del menor sentido financiar exageradamente, hasta limitar la obscenidad, a un club privado que vive muy por encima de sus posibilidades, sin ningún control sobre la idoneidad de sus gastos, y cuya única finalidad es satisfacer la vanidad de sus dirigentes. La AD Ceuta ha recibido del Ayuntamiento, ya, más de mil millones de pesetas. El Presidente debería explicar a los ciudadanos, aquellos que pagan sus impuestos, a veces con gran sacrificio, qué beneficio ha reportado tan descomunal cantidad al deporte ceutí.

Casi simultáneamente a la comunicación de la nueva y millonaria inyección económica a este club privilegiado, se producía el regreso de los muchachos y muchachas que, esos sí, representaban a Ceuta en los Juegos del Estrecho. Jóvenes rebosantes de ilusión, que han ido a competir por su Ciudad. Orgullosos y emocionados. Lo han hecho por una sola vez. Pero siempre lo recordarán. Una vez en Ceuta, el Gobierno los ha conminado a que devuelvan el chándal que lucieron durante la competición. Muchos habían dormido con él. Es una prenda de escaso valor material, pero con evidentes connotaciones sentimentales para los futuros deportistas ceutíes. Poco importa. Según se desprende de la insensible y despiadada requisitoria, el Ayuntamiento no puede soportar semejante gasto. Necesitará el dinero para pagar suculentos contratos de futbolistas profesionales de paso efímero por nuestra Ciudad. A modo de fábula, el episodio del chándal y la camiseta refleja con nitidez y rotundidad el fracaso de una política deportiva, tan cara como absurda.

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