Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 19 de mayo de 2005
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Eutanasia por inhibición
Juan Luis Aróstegui
La sociedad ceutí presenta evidentes síntomas de agotamiento. Carece de nervio. Se muestra incapaz de reaccionar ante las adversidades, y vapuleada por los acontecimientos, transita por los senderos de la historia sin rumbo fijo, perdiendo identidad, y renunciando al protagonismo de su propio destino que su condición de pueblo le confiere. El cansancio acumulado por la generación vigente, nutrido por una infinita serie de frustraciones, se ha contagiado a los jóvenes que han depositado sus esperanzas más allá del Estrecho, porque ya no creen en Ceuta. Se han perdido los elementos de cohesión intergeneracional que arraigan los sentimientos a la tierra. Somos una heterogénea suma de individualidades que hemos renunciado a lograr objetivos colectivos. Ceuta ha decidido dormir apaciblemente. Eutanasia por inhibición.Son muchos los factores que han influido en este proceso de degeneración. Pero, sin duda, uno de los más determinantes, es la pedagogía del conformismo que se ha practicado desde las instituciones políticas. La estrategia, concebida por el PP y ahora secundada por el PSOE, se fundamenta en la idea de aislar a la ciudadanía de los problemas políticos, sociales y económicos que nos afectan. Aceptar los hechos como inmutables. Matar la rebeldía. Ahogar la insurrección. Concentran todos sus esfuerzos en recrear artificialmente un paisaje idílico, aunque los cimientos sobre los que descansa nuestra Ciudad se estén pudriendo. Como instrumento básico para sus propósitos disponen de los medios de comunicación, desde los que prodigan poderosas inyecciones de optimismo ficticio con las que anestesian a la opinión pública. Piensan que este escenario les favorece electoralmente. Probablemente sea cierto. Seguirán ganando elecciones. Ante un escepticismo cada vez más generalizado, auspiciado por la certeza de que el ocaso es irremediable.Este fenómeno, que se puede observar en todos los órdenes de la vida pública, se refleja con perfecta nitidez en el tratamiento que se dispensa a la crisis económica. La situación es ciertamente angustiosa. En cualquier región española que concurrieran circunstancias similares, se hubiera desencadenado una auténtica revuelta popular. En Ceuta todos seguimos alegres y confiados, como si nada ocurriera. Las escasas voces reivindicativas son apagadas con diligencia y contundencia. Los datos oficiales difundidos desde la administración, se empeñan en tergiversar la verdad, recurriendo a trucos estadísticos. Según esta distorsionada visión, la economía de Ceuta se mantiene en parámetros comparables a la media del país. Lo que no se explica es que en este cómputo, es el sector público dependiente de los presupuestos, el que soporta la parte excedente de la media aritmética (plus de residencia, bonificaciones fiscales, bonificación de la seguridad social, planes de empleo, compensación del IPSI, etc.). Existen múltiples pruebas de la debilidad de nuestro sistema productivo. La última de ellas fue la constatación en la Comisión de Seguimiento del Programa Operativo Integrado, de la imposibilidad de cumplir los objetivos previstos por el Fondo Social Europeo, como consecuencia de la ralentización de la actividad, la falta de iniciativa y la reducción de la inversión. Los programas contemplados en este capítulo excluyen al sector público de la economía. Están orientados a fortalecer el tejido empresarial y fomentar el empleo en el sector privado. No cabe la posibilidad de esconderse tras los presupuestos. Y entonces aparece inevitablemente la realidad económica en carne viva. Lógicamente, los resultados son tan elocuentes como demoledores. Pero nadie se enteró, salvo los participantes en aquella reunión. La información publicada, meticulosamente manipulada, fue, como siempre, una oda a la magnífica gestión de las autoridades implicadas. Tan bien marchan las cosas, que nuestro Presidente se ha ido a traer empresarios, hasta de Italia. Todos sedados y felices.
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