Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 7 de abril de 2005
 BLOGS
Un PER para Ceuta
Juan Luis Aróstegui
Los Planes de Empleo han suscitado una agria polémica institucional que ha derivado, lógicamente, en un debate público más amplio. La observación minuciosa de las opiniones vertidas desde todos los ángulos, pone de relieve de forma reiterada, una de las características más acusadas de la sociedad ceutí, que impide, cuando no frustra o aborta, la consecución de objetivos políticos de cierto alcance.Su exagerado individualismo. Nadie percibe o interpreta los hechos desde su dimensión colectiva.

La referencia de cualquier análisis es, siempre, el interés particular de su autor. Los Planes de Empleo, independientemente de sus administradores y beneficiarios, son una pieza importante del sistema en estos momentos. Contribuyen a generar renta en una fase depresiva, y sostienen un número estimable de economías domésticas sin otro tipo de recursos; a la vez que producen otros efectos positivos de segundo orden, entre los que se deben destacar la mejora de los servicios públicos, la formación en el entorno laboral de trabajadores neófitos, y la elevación de la autoestima de colectivos marginados, que deviene en fortalecimiento de la cohesión social. A la vista de todo ello, el cuidado de los Planes de Empleo debería ser un compromiso de la Ciudad en su conjunto. Pero no es así. La inmensa mayoría de los ciudadanos los valoran en la medida en que ellos, sus amigos o familiares se vean agraciados. Con el agravante de criticar, en muchos casos con sorprendente ferocidad, a quienes los pueden estar disfrutando, cuando se sienten excluidos (por supuesto, siempre injustamente). Es una perversa mezcla de envidia y egoísmo.

Los partidos políticos que gobiernan las instituciones, PSOE y PP, se los disputan y emplean como herramientas electorales. Directamente, bajo la consideración de que un puesto de trabajo se recompensará con un voto, o indirectamente, pensando que a través de una más eficaz gestión de sus competencias, atendidas por presupuestos y plantillas extraordinarias, incrementarán sus expectativas de voto. En suma, el clásico defecto ceutí, que nos hace creer que la vida empieza y termina en el propio ombligo de cada cual. Sería muy conveniente que procuráramos un cambio generalizado de actitud. Y rompiéramos este ancestral corsé castrador. Porque se atisba en el horizonte un tiempo de más penuria. El recorte de fondos comunitarios es inminente. De él se están nutriendo las políticas de empleo y formación. Por lo tanto, su drástica reducción va a causar un enorme impacto. Tanto el PSOE como el PP intentan distraernos con mentiras poco piadosas sobre su vocación de que Ceuta se mantenga como Objetivo 1, o adquiera la condición de zona ultraperiférica. Otro episodio del patético juego de los papeles cambiados.

Los agresivos reivindicadores del ayer, ahora callan; y los que fueron inactivos gobernantes, una vez desalojados del poder, recogen el testigo de la combatividad. La verdad es que cuando han podido hacerlo, ni el PSOE ni el PP han defendido los intereses de Ceuta, y se han conformado con engañar a la opinión pública utilizando vanas excusas. No se puede esperar gran cosa de estos trileros. Por otro lado, la economía no presenta el menor síntoma de recuperación. Da la impresión de que Ceuta ha claudicado definitivamente. Estamos en pleno proceso de adaptación a este remedo de estructura económica semicolonial. Las dos administraciones se han desentendido del problema, e invierten su esfuerzo en una cansina y estéril labor de oposición mutua. Los empresarios están absolutamente desmoralizados. Y a los ciudadanos sólo les queda medrar tras el ansiado enchufe que los lleve al oasis dorado de los presupuestos públicos; o sumarse al éxodo peninsular en busca de las oportunidades que aquí se les niegan. Las posibilidades de empleo son cada vez mas reducidas.

En este escenario, es preciso que toda la Ciudad asuma una posición consensuada y firme, reivindicando las pertinentes medidas de protección social que alivien el durísimo camino que nos disponemos a recorrer en un futuro demasiado próximo. Una de ellas es la implantación de Planes de Empleo estables, siguiendo el modelo del PER que funciona en Andalucía, con anuencia y apoyo unánimes. Allí, miles de familias, desde hace muchos años, subsisten al amparo de la prestación de estas ayudas sociales. Y nadie se escandaliza. Más bien al contrario, se entiende como una prueba de que los mecanismos de solidaridad, que dotan de justicia social al sistema, funcionan correctamente.

La situación que justifica este tipo de programas en Andalucía y otras comunidades, no difiere en absoluto de lo que sucede en nuestra Ciudad. En Ceuta también existen amplios colectivos con un índice de empleabilidad cero. Es imposible que personas de edad avanzada, acuciados por las cargas familiares, y con escasa cualificación profesional, puedan encontrar un puesto de trabajo en una economía en recesión, que apenas crea empleo y que además, se encuentra asediada por una creciente actividad sumergida. No se puede condenar a estas familias al hambre y la marginación. O a la delincuencia como única alternativa.

El estado de derecho dispone de los instrumentos adecuados para resolver estas situaciones. Como ha sucedido en las Comunidades Autónomas en las que funciona el PER. Ceuta no tiene por qué recibir un trato discriminatorio en esta materia. Deberíamos unirnos todos, como una sólo voz, exigiendo al Gobierno la implantación de esta medida a partir del año dos mil siete. Sin echar cuentas previamente sobre qué partido obtendrá más rédito en las urnas, o qué personas se verán beneficiadas. Defendiendo, por una vez, lo que es bueno para la Ciudad. Sin más.
El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.