Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 14 de abril de 2005
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La Coartada
Juan Luis Aróstegui
La vida política de la Asamblea transcurre lánguidamente, sin pulso, pura atonía. El Gobierno ha perdido toda iniciativa. Carece de ideas en el ámbito de sus competencias; y en la dimensión reivindicativa, se desenvuelve con una timidez exasperante.La falta de ambición, agresividad y convicción para exigir políticas comprometidas con el futuro de la Ciudad; desprende una sensación contagiosa de resignación e indiferencia. Por su parte, la oposición ha sido incapaz de madurar. Una mezcla explosiva de ignorancia, incompetencia y desorientación, la convierten en un espectador pasivo, sin garra, ajeno por completo a los entresijos de la gestión municipal. Intenta suplir su probada ineficacia con algunos exabruptos, tan inoportunos como desacertados; o con propuestas de carácter general muy distantes de las preocupaciones ciudadanas, que evidencian su escasa sintonía con la sociedad ceutí.De este modo, el necesario, legítimo y estimulante debate político se ha sustituido por un indecente e inconfesable juego subterráneo entre administraciones, cuyas únicas víctimas son, injusta e indefectiblemente, los ciudadanos. Otra etapa estéril para olvidar.En este desierto de iniciativas, parece que el informe del Tribunal de Cuentas se ha convertido en el único argumento de la oposición. Para colmo, mal utilizado. Una inteligente disección de cuanto allí se refleja, complementado con un extenso conjunto de datos al alcance de cualquier concejal, podría poner en muy serios aprietos al Gobierno. No sucederá. Todo quedará reducido a un fugaz espectáculo de fuegos artificiales. La sesión del Congreso en la que se han expuesto los trabajos del Tribunal ha dejado un inequívoco testimonio de ello. El PSOE ha hecho público un ridículo reto al Gobierno para que promueva su propia fiscalización. Si existen sospechas de corrupción sobre el actual Gobierno de la Ciudad, el PSOE, grupo parlamentario mayoritario, debe actuar de inmediato. El exhorto infantil ("a que no eres capaz"?) produce vergüenza ajena. Alguien en el interior del PSOE con un mínimo de sentido común (seguro que los hay), debería advertir sobre este tipo de cosas. Lealtad no es sinónimo de insensatez.No más afortunada ha sido la reacción del PP. Sus explicaciones resultan muy poco convincentes. Son, en realidad, una coartada. Para zafarse de las responsabilidades derivadas de las graves acusaciones vertidas por los técnicos del Tribunal, se han limitado a establecer una comparativa con el Gobierno del GIL, y presumir de las conclusiones. No deja de ser una falacia. Porque salir airoso de un cotejo con el GIL no tiene mérito alguno. Imaginemos un asesino que se justifica así mismo diciendo que ha conseguido reducir el número de crímenes en relación con el estrangulador de Boston. Ese es exactamente el razonamiento del PP. La referencia para valorar la gestión de un equipo de Gobierno no puede ser, en ningún caso, los desmanes y tropelías cometidos por el GIL (gracias al voto de doce mil ceutíes, conviene recordarlo). Un claro ejemplo es la nómina de cargos públicos. El GIL, cuya única razón de ser era la obtención de prebendas de todos sus integrantes, elevó el número de responsables políticos hasta límites insoportables. El PP, asumió el compromiso de devolver la racionalidad a la institución, y por tanto, dimensionar adecuadamente el equipo de Gobierno. No lo ha cumplido. Es probable que en relación con sus predecesores, de infausta memoria, se haya producido algún recorte; pero en relación con los parámetros equiparables a las administraciones públicas de nuestra país; el disparate sigue siendo de considerables proporciones. La debilidad de carácter del Presidente, y la tremenda presión interna ejercida por centenares de militantes del PP, ávidos de rascar privilegios desde el poder, han ido estirando paulatinamente la relación de gobernantes, hasta el dislate. Designar más de cincuenta cargos políticos para gobernar un municipio como el de Ceuta es una auténtica barbaridad. Lo que a menudo se omite, interesada y corporativamente, es que todos esos sueldos, muy elevados, se distraen de atender las necesidades de los ciudadanos.
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