Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 28 de abril de 2005
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El PP, enfangado
Juan Luis Aróstegui
La dignificación de la vida política de Ceuta se antoja como una quimera inalcanzable. La sórdida historia de corrupción que ha mancillado persistentemente nuestra institución más representativa, hasta el desprestigio absoluto y la vergüenza colectiva, ha escrito un nuevo capítulo.El asesor del grupo municipal del PP, además de otros cargos de confianza, ha sido encarcelado por un delito de narcotráfico.

Un partido que presume de su extensa militancia y que dispone de una amplísima mayoría absoluta de diecinueve concejales, ha elegido para recibir asesoramiento sobre sus decisiones políticas a un individuo que trafica con drogas, según dicta una sentencia judicial. El PP ha demolido sin apelación posible el principio de moralidad ejemplar que debe inspirar el comportamiento de quienes tienen el honor de representar a los ciudadanos en el ejercicio del poder. Este es el método más eficaz para socavar los cimientos del sistema democrático, dinamitar los valores constitucionales, devaluar el sistema educativo, y alterar las referencias de la promoción social. Para mayor escarnio, los responsables de este insulto a la ciudadanía son los que habitualmente aparecen impartiendo lecciones de buenas costumbres, en actos religiosos con modales de recogimiento, y exhibiendo altaneros su cualidad de personas de orden, adornadas de una ficticia superioridad moral. Los militantes del PP que se sientan honrados no pueden permanecer impasibles. O exigen expulsiones inmediatas, o abandonan el partido. Cualquier otra alternativa los convierte en cómplices y en consecuencia corruptos.

La posición del Presidente de la Ciudad requiere un tratamiento diferenciado. En su doble condición de líder fáctico del Partido y de máxima autoridad de la institución humillada, es inadmisible que se mantenga al margen. No se puede esconder tras la hipocresía, alegando ignorancia, porque ese camino conduce inexorablemente al ridículo y la pérdida de credibilidad. La buena imagen de la que disfrutaba el Presidente como persona honrada, ha comenzado a resquebrajarse, porque consentir la corrupción es un modo de practicarla. Hace algún tiempo que se detectan demasiadas operaciones extrañas en el entorno del Gobierno que son obviadas por el Presidente. Las conoce con detalle, pero sus autores gozan de impunidad, cuando no de aliento y hasta pleitesía. Este nuevo caso, por la gravedad que reviste, supone para el Presidente de la Ciudad una prueba definitiva sobre su carácter como gobernante. Se ha agotado la fórmula de "dar la razón a todo el mundo" y considerar que "todo el mundo es bueno". Porque ser tolerante con los corruptos es ser injusto con los honrados. No es bueno quien se muestra indiferente ante la maldad.

Por otro lado, una situación tan sorprendente obliga a profundizar en sus causas. ¿Por qué el PP toma una decisión de este calibre, auténtica bomba de relojería activada, conociendo previamente la existencia de la sentencia? (lo que se ha producido ahora ha sido la ratificación). La respuesta a esta pregunta nos lleva a las turbulencias que se produjeron en el Congreso del PP. Todavía recordamos las acusaciones espeluznantes del candidato derrotado. Todo pareció esfumarse. Pero no era verdad. El resultado del Congreso no fue la conclusión de un debate ideológico saldado a favor de las tesis asumidas mayoritariamente; si no el desenlace de una despiadada lucha por el poder interno fundamentada en alianzas de intereses, compra de voluntades y tráfico de expectativas futuras. El pago de las deudas contraídas para ganar aquella batalla está teniendo un coste excesivamente elevado. El PP es un partido podrido porque nadie ha querido afrontar las consecuencias de amputar las malformaciones cuando comenzaron a producirse. Prevaleció la idea de conservar la imagen ante el electorado a toda costa. Pero el fango ocultado ha ido creciendo hasta la inmensidad, y ha estallado la erupción.

Otra cuestión destacable. El tratamiento informativo que se ha dispensado al acontecimiento ha sido una demostración nítida y determinante del feroz control que ejerce el poder del PP sobre los medios de comunicación locales más potentes. Todas las presunciones de imparcialidad y transparencia se han derrumbado bochornosamente ante el reto de informar con rigor sobre un hecho de indiscutible importancia de la actualidad política. En muchas ocasiones el silencio es estruendoso. Quien pretende, inútilmente, callar una noticia de este calado en una ciudad como Ceuta, sólo consigue labrar su propio descrédito. Recortar el derecho a la información de los ciudadanos es mutilar la democracia. Un atentado de extrema gravedad. Financiado, además, con los impuestos de las víctimas.
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